El mecanismo capitalista de la maquinaria económica soviética

10 febrero, 2014

Hekuran Mara

(Noviembre de 1980)

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Cuando se plantea la cuestión de sacar a relucir la esencia de clase del mecanismo en funcionamiento de un sistema económico dado, debe analizarse en primer lugar su rasgo fundamental, porque esto es lo que distingue a un mecanismo de otro; luego sigue el análisis de las categorías económicas de este sistema, y finalmente de sus consecuencias socioeconómicas.

Siguiendo esta línea de análisis, resulta que el rasgo fundamental, sobre el cual el presente mecanismo en funcionamiento de la economía soviética se erige, es su desarrollo y dirección, no sobre la base de un plan estatal general unificado, sino sobre la base de las leyes del mercado. Este mecanismo de regulación es aplicado empleando categorías económicas tales como la mercancía, fuerza de trabajo, capital, ganancia, precio de producción, competencia, oferta y demanda, libre juego de precios en el mercado, porcentaje sobre el capital, etc. También se encuentra inevitablemente acompañado por fenómenos sociales y económicos tales como la anarquía, espontaneidad, paro, inflación, subidas de precios, aumento del costo de vida, crisis económicas, etc. Éstas son también las directrices más importantes que caracterizan actualmente el mecanismo en funcionamiento de la economía capitalista de cada país burgués.

En conformidad con el mecanismo capitalista en funcionamiento de la economía de la Unión Soviética, las empresas soviéticas han pasado a la llamada completa autosuficiencia financiera, es decir, a la completa independencia económica. Una consecuencia inevitable de esto es que su actividad económica y financiera ya no se encuentra sujeta a la planificación centralizada. Ahora son completamente libres para decidir producir aquellos bienes, en la cantidad y variedad que, en las condiciones del libre juego del mercado, les proporcionarán las ganancias más altas y les permitirán resistir la feroz competencia. La independencia de las empresas soviéticas ha alcanzado un grado tal que la especulación y el mercado negro se han convertido en fenómenos normales de su actividad económica y financiera. Si a este marco general, en el que las empresas soviéticas operan, añadimos la creación de ramas e inter-ramas combinadas de tipo monopolio que cuentan también con una completa independencia económica, podemos observar el mecanismo en funcionamiento de la economía soviética en su conjunto, que es un mecanismo típicamente capitalista que los revisionistas soviéticos tratan de disfrazar con frases socialistas.

Los revisionistas soviéticos todavía afirman que su economía es dirigida por un plan estatal, que existe la planificación y, por consiguiente, el centralismo en su economía. Pero el plan estatal, como lo conciben los revisionistas soviéticos, no es de ninguna manera un plan socialista; no contiene objetivos específicos para cada empresa económica, y por consiguiente, las empresas ya no están obligadas a aplicarlo. Como productoras mercantiles independientes, las empresas soviéticas reconocen y se sometan a un sólo un poder económico – el poder de la ganancia, del mercado y sus leyes espontáneas. Por lo tanto, incluso ese centralismo que existe en la economía soviética es un centralismo burocrático de tipo monopolio.

La ausencia de un plan auténticamente socialista en la economía soviética, sale a relucir y es confirmada también por otros hechos. El llamado plan de las empresas soviéticas contiene sólo índices de valor tales como la ganancia, la norma de rentabilidad, el porcentaje sobre el capital y la distribución de las ganancias entre el estado y los respectivos grupos de la burguesía revisionista. Este llamado plan no contiene ningún índice de la cantidad y variedad de productos concretos a ser producidos, sobre los fondos fundamentales o los fondos de circulación, ni ningún índice relacionado con el tamaño de la fuerza de trabajo y los salarios, la distribución de los productos, las inversiones fundamentales, etc. Es evidente que semejantes índices no pueden ser establecidos por las empresas soviéticas, puesto que el objetivo de su producción es la ganancia, puesto que la fuerza de trabajo y los medios de producción son mercancías, puesto que todo lo que estas empresas producen pasa por el “molino del diablo”, es decir, a través de la competencia y el mercado. En estas condiciones, hablar de centralismo, planes y planificación es igual que tratar de convencer a la gente de que, incluso cuando todos los ojos están puestos sobre la ganancia, el mercado y el mecanismo capitalista de funcionamiento de la economía, esta economía todavía puede ser llamada y ser realmente una economía socialista. Esta afirmación escandalosa es una clara prueba de la lógica antimarxista de los revisionistas soviéticos.

El pensamiento teórico marxista-leninista y nuestra experiencia en la edificación del socialismo han demostrado que una auténtica economía socialista debe ser una economía que funciona, es regulada y manejada de una manera planificada; es una economía en la cual los principales problemas –aquellos que representan las necesidades fundamentales de la sociedad y aquellos que representan las principales proporciones de la reproducción ampliada, se deciden y se salvaguardan de un modo consciente, centralizado, por un único centro –el estado socialista. Este es el único mecanismo de regulación de una auténtica economía socialista, un mecanismo basado en las leyes económicas del socialismo y la verdadera oposición al mecanismo de regulación del mercado y la ley del valor, característico de la economía capitalista. Incluso el mercado de bienes de consumo masivo en la economía socialista es regulado dentro del contexto del plan, se encuentra sujeto y sirve a este plan. En este mercado los trabajadores de la ciudad y el campo pueden gastar el dinero ganado por su trabajo, eligiendo entre los bienes que encuentran en el mercado según sus gustos y necesidades. Por otra parte, en la economía socialista no existen ni el mercado laboral ni el mercado para el capital y los medios de producción.

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A fin de dar a las prácticas capitalistas del funcionamiento de la economía que se han establecido en la Unión Soviética el aspecto teórico más atractivo, creíble y según se afirma marxista-leninista, los revisionistas soviéticos se aferran a la cuestión de la utilización de las relaciones mercantiles y monetarias en la economía socialista.

Es un hecho conocido que Marx y Engels no previeron la producción mercantil en el socialismo, por tanto no expusieron para la solución la cuestión de la producción mercantil, o la utilización de las relaciones mercantiles y monetarias en la economía socialista. Sobre esta base, antes del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre se generalizó la opinión de que el socialismo era incompatible con la producción mercantil, que eran mutuamente exclusivos. Entonces se aceptó como un axioma que la producción mercantil no existía en el socialismo. Es un hecho histórico también que en el período del comunismo de guerra en la Unión Soviética se hicieron tentativas para abolir las relaciones mercantiles y monetarias. tass_411319_type1

Sin embargo, el mecanismo en funcionamiento en la economía soviética de ese periodo, probó de forma convincente que era imposible construir el socialismo sin utilizar la producción mercantil y las categorías económicas que se derivan de ella. Basándose en la experiencia adquirida durante el período del comunismo de guerra, Lenin desechó resuelta y definitivamente el dogma de la incompatibilidad del socialismo y la economía socialista con la producción mercantil. Lenin unió la abolición de la producción mercantil y las relaciones monetarias con el triunfo del comunismo a escala mundial.

Mientras tanto, se ha probado, tanto en la teoría como en la práctica de la edificación socialista en nuestro país, que la producción mercantil y las relaciones mercantiles y monetarias no se presentan en la economía socialista con las mismas características y la misma naturaleza que en las condiciones donde prevalece la propiedad capitalista sobre los medios de producción, sino que son sometidas a una modificación. Reflejando esta diferencia, Stalin demostró que en el socialismo existe una producción mercantil de un tipo especial. Es precisamente esta tesis de Stalin la que los revisionistas soviéticos atacan y rechazan furiosamente, con el objetivo de lograr que se acepte su tesis burguesa de que la economía socialista también es, según se afirma, una economía de producción mercantil, una economía de mercado.

Escondiéndose detrás del “argumento” de que la economía socialista es también, según se afirma, una economía de producción mercantil, una economía de mercado, los revisionistas soviéticos amplían las relaciones mercantiles y monetarias a todo el producto social, incluidos los medios de producción y la fuerza de trabajo. Así, la combinación de los medios de producción con la fuerza de trabajo, como la relación económica fundamental de la que depende el objetivo de la producción, no se realiza directamente, a través del mecanismo de la planificación centralizada de la economía, sino a través del acto de compra y venta, en interés de la burguesía revisionista que, como la dueña de los medios de producción, se apropia de la plusvalía producida por los obreros y campesinos soviéticos. Es sobre esta base que el mecanismo en funcionamiento de la economía soviética opera en las esferas de la producción, distribución y cambio.

Puesto que el objetivo directo en el que se basa la producción social [soviética] es asegurar la ganancia y no la satisfacción de las necesidades de las masas trabajadoras, puesto que se basa en la producción mercantil y no en el producto social directo, el mecanismo en funcionamiento de esta producción no puede ser otro que el del mercado con sus leyes inherentes. Ningún sistema económico, incluido el sistema económico que actualmente opera en la economía soviética, puede escapar a esta combinación, este condicionamiento objetivo.

 

Fragmento de “Soviet revisionism and the struggle of the PLA to unmask it”.

Fuente: Tiempos Rojos


El internacionalismo proletario de la URSS y Stalin.

1 febrero, 2014

“El internacionalismo de José Stalin aparece claramente también en las relaciones que fueron establecidas entre los países de democracia popular a los cuales consideraba, libres, independientes y soberanos, aliados cercanos de la Unión Soviética. Él nunca planteo que la Unión Soviética dominara esos estados ni política ni económicamente. Esta fue una correcta política marxista-leninista que siguió consecuentemente.

En mis memorias he escrito acerca de la petición que yo hice a José Stalin en 1947 con respecto a la creación de algunas compañías mixtas albano-soviéticas, que iban a explotar las riquezas de nuestro subsuelo. Me dijo que ellos no iban a instalar compañías mixtas con los países amigos de las democracias populares, y me explicó que algún paso que se había dado en ese sentido, se había considerado erróneo y se había renunciado a él. Es nuestro deber, proveer a los países de democracia
popular con la tecnología que poseemos y con la ayuda económica que podamos darles, y siempre estaremos prestos a ayudarles. Así pensaba Stalin y así actuó.

Los Jruschovistas, por lo contrarío, no siguieron ese camino. Se embarcaron en el camino de la astuta colaboración capitalista, creando una “unidad” militar, política y económica con los antiguos países de democracia popular en su propio interés y en detrimento de los otros.

Ellos transformaron el Tratado de Varsovia en un instrumento, para conservar en la esclavitud sus nuevas colonias, bajo formas supuestamente socialistas. Ellos transformaron a la Comecon de ser la organización para la ayuda económica, que era en tiempos de Stalin, a ser un medio de control y explotación de los países miembros.”

“Con Stalin”; pág. 10; Enver Hoxha.


Los CJC también rechazan la resistencia popular en Gamonal.

30 enero, 2014

Por si no había suficiente con IU, que luego corrigió demostrando su oportunismo extremo, los CJC también se suman a rechazar toda acción que cruzara la legalidad empleada por los vecinos de Gamonal. Aquí su artículo:

Recientemente hemos vivido un episodio de verdadera lucha obrera y popular en el barrio burgalés de Gamonal. Por todos es sabido que esta lucha ha revestido, en determinadas ocasiones, un carácter violento que la ha catapultado a la portada de los medios de comunicación y ha suscitado el interés de muchos grupos políticos.

(bla bla bla parecemos super formados bla bla bla)

Pero también tenemos a otro tipo de personas, que estos días han salido a la calle a raíz de los hechos de Gamonal. Aquellos que, erigiéndose de palabra en defensores de la clase obrera, salen a la palestra, con la cara tapada y su identidad completamente desconocida por los trabajadores a los que dicen apoyar. Son los herederos de Blanqui, célebre francés que pasó media vida detrás de los barrotes por su lucha revolucionaria, absolutamente ignorada por la clase obrera; y del Bakunin que murió urdiendo planes de conspiración que no serían conocidos más que por él y que nunca llegarían a realizarse.

En la cabeza de estas personas, la violencia pasa de ser un medio a un fin; incluso un indicador que determina el grado de combatividad de cada grupo. A menudo renuncian a participar en sindicatos o a tener contacto con las masas poniendo las excusas más inverosímiles. La violencia se ejerce contra personas o bienes con la esperanza de que la clase trabajadora, desorganizada, desarmada ideológicamente y sin ningún contacto con ellos se levantará al observar sus proezas en las pantallas de televisión. En fin, sus actuaciones se basan en el culto al espontaneísmo, a la individualidad y a la “propaganda por el hecho”, según la cual la revolución no se prepara acumulando fuerzas sino actuando diariamente contra todas las “manifestaciones” del sistema imperante.

1- Cuando absolutamente TODO el mundo menos el PP, TODOS reconocen que esa violencia fue practicada colectivamente por los vecinos del barrio, que absolutamente todos los entrevistados del barrio o la justificaban o lanzaban balones fuera cuando les preguntaban por la violencia en la tele, que incluso Izquierda Unida tuvo que modificar su opinión respecto a la violencia en Gamonal porque vio como fue legítima y de masas y no les interesaba de cara al barrio condenar dichas acciones como en un principio hicieron, después de ver todo lo que pasó y como la radicalización de las protestas consiguió en pocos días lo que no había conseguida antes, aparecen los CJC a rechazar la violencia en su publicación oficial  y a sostener la teoría del antisistema que sólo fue defendida por el PP, ni siquiera el PSOE se atrevió a insistir en esa teoría, más bien rechazaban la violencia fugazmente y en abstracto y se centraban en pedir un referéndum para el barrio, culpando más al alcalde que a los propios “violentos” . ¿Qué esconde, en realidad, dicha opinión? ¿Un simple error de análisis? No, esconde una visión de partido de tipo socialdemócrata, para quien la violencia siempre será individual por mucho que sea un barrio entero el que la practique, pues su interés principal es crear una base electoral. Por el contrario, un Partido Comunista de nuevo tipo debería tener un aparato clandestino que haga trabajo sumergido entre la gente de este barrio, que en combatividad ha demostrado estar muy avanzada, para organizar y extender su lucha y su capacidad de combate, y dirigirla hacia el objetivo de la revolución, sobrepasando la estrecha visión del economicismo o la simple lucha por conseguir derechos dentro del capitalismo. Sobra decir que a los CJC eso de partido de nuevo tipo les suena a klingon y que ellos prefieren atar los vecinos a la legalidad burguesa.

Una de las líneas maestras que nos ha separado siempre de estos grupos, y que lo seguirá haciendo, es nuestra vocación de masas. En efecto: aunque a menudo los comunistas seamos acusados de autoritarios, quienes lanzan tales proclamas son los apologetas de la individualidad y de la cara tapada, los héroes anónimos. Nosotros somos gente con vocación de ser conocidos y de convertirnos en referentes entre nuestros compañeros. La dictadura del proletariado se construye bajo la dirección del Partido de vanguardia, pero con la participación de toda la clase obrera y los sectores populares. Es su dictadura y en consecuencia sólo la clase puede construirla.

Para nosotros, la violencia es una cuestión táctica sometida a la estrategia de la revolución socialista y la acumulación de fuerzas. Jamás lo entenderán quienes la elevan a la categoría de principio. No tenemos reparos en recurrir a la violencia cuando esta táctica contribuye al fortalecimiento de nuestra estrategia; por eso estamos al lado del obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para resistir a las cargas de la Policía Nacional y criticamos al anarquista que quema un contenedor en una manifestación. No hay contradicción alguna entre una postura y otra.

2- Osea, decenas y decenas de detenidos cada noche, y el sujeto que ha escrito esto sigue hablando de que eran 4 gatos los que montaban barricadas.  De palabra empleáis la violencia cuando os favorezca, en los hechos no tenéis ningún interés en organizar un Partido Comunista que se dedique a formar a la gente en la toma del poder y la auto-defensa.

A riesgo de despertar críticas airadas de los fetichistas de la violencia, diremos que para nosotros es preferible una manifestación pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado exclusivamente por gente politizada. No vacilaremos en defender violentamente y a cara descubierta, con nuestros compañeros de fábrica, esa manifestación obrera multitudinaria si es atacada por la policía, y tampoco dudaremos en dar la espalda a los encapuchados cuya identidad es desconocida por todos y que bien podrían ser policías.

Aún seguimos preguntándonos cómo logran algunos de estos izquierdistas, aquellos que no se casan con la tradición libertaria pero sí actúan como si fuesen parte de ella, reivindicar la revolución de octubre de 1917 si ésta se logró prácticamente sin muertos. Para nosotros, que subordinamos la violencia al cumplimiento de nuestros objetivos políticos a corto y largo plazo (y que por lo tanto no lloramos si éstos se logran en algún momento sin ella, pues sólo es un medio), no es ningún problema; para ellos, que es un modo de vida, debe ser sin duda una contradicción espinosa.

En historia… ¿Un diez, no? Lo que se logró con prácticamente sin muertos fue la toma del 25 de Ocubre del palacio dónde se escondía los mayores dirigentes del gobierno, entre otros motivos porque los soldados estaban de parte de los bolcheviques, pero basta tener una mirada histórica para ver como, desde 1905, los enfrentamientos y los choques entre la población organizada por una parte y el poder por otro lado se sucedían frecuentemente. Por algo Lenin sacó un libro analizando la guerra de guerrillas y animando a extenderla.

Típica concepción mecanicista de la revolución: Mañana nos levantamos revolucionarios todos y asaltamos el palacio de invierno. No hay un proceso, no hay un trabajo consciente, no hay un recorrido previo a la insurrección final.  La revolución bolchevique vista en su recorrido y totalidad, hubiese sido imposible con partidos legalistas como el PCE o el PCPE.

Como decía el camarada Lenin:

“Una revolución no tiene por qué ser violenta. La violencia depende de la resistencia que ofrezca la burguesía”. Por supuesto, sabemos que la burguesía ofrece resistencia y estamos prestos a organizar a nuestros compañeros en los centros de trabajo, de estudios y en los barrios populares para que se lancen a la tarea de tomar en sus manos las riendas de su destino, con los medios que sea.

Primero, procederemos a partirnos el culo con eso de que vosotros organizáis a los obreros en eso de tomar las riendas de sus destinos “por los medios que sea”.  Además, como mucho organizaréis a vuestros familiares que os votan. Sobre la frase de Lenin, estaría bien que contextualizara la frase, no sólo en su texto, sino también en la concreción histórica en la que Lenin dice esa frase, además de señalar la fecha. Porque jugar a poner frases sabemos todos:

Ya hemos dicho más arriba, y mostraremos con mayor detalle en nuestra ulterior exposición, que la doctrina de Marx y Engels sobre el carácter inevitable de la revolución violenta se refiere al Estado burgués. Este no puede sustituirse por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la “extinción”, sino sólo, por regla general, mediante la revolución violenta. El panegírico que dedica Engels a ésta, y que coincide plenamente con reiteradas manifestaciones de Marx (recordaremos el final de “Miseria de la Filosofía” y del “Manifiesto Comunista” con la declaración orgullosa y franca sobre el carácter inevitable de la revolución violenta; recordaremos la crítica del Programa de

pág. 26

Gotha, en 1875, cuando ya habían pasado casi treinta años, y en la que Marx fustiga implacablemente el oportunismo de este programa[3]), este panegírico no tiene nada de “apasionamiento”, nada de declamatorio, nada de arranque polémico. La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels. La traición cometida contra su doctrina por las corrientes socialchovinista y kautskiana hoy imperantes se manifiesta con singular relieve en el olvido por unos y otros de esta propaganda, de esta agitación.

La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible por medio de un proceso de “extinción”.

Y eso es todo por hoy, hamijos.

Domènec Merino es miembro del Comité de Redacción de Tinta Roja y del Comité Central de los Colectivos de Jóvenes Comunistas (CJC). —> A TOPE CON EL NIVEL DEL COMITÉ CENTRAL DE LOS CJC.


(clásicos) Las ley de la transformación de la cantidad en cualidad; Engels.

28 enero, 2014

DIALECTICA1

(Desarrollar la naturaleza general de la dialéctica, como ciencia de las concatenaciones, por oposición a la metafísica.)

Las leyes de la dialéctica se abstraen, por tanto, de la historia de la naturaleza y de la historia de la sociedad humana. Dichas leyes no son, en efecto, otra cosa que las leyes más generales de estas dos fases del desarrollo histórico y del mismo pensamiento. Y se reducen, en lo fundamental, a tres:
ley del trueque de la cantidad en cualidad, y viceversa;
ley de la penetración de los contrarios;
ley de la negación de la negación.

Las tres han sido desarrolladas por Hegel, en su manera idealista, como simples leyes del pensamiento: la primera, en la primera parte de la Lógica, en la teoría del Ser; la segunda ocupa toda la segunda parte, con mucho la más importante de todas, de su Lógica, la teoría de la Esencia; la tercera, finalmente, figura como la ley fundamental que preside la estructura de todo el sistema. El error reside en que estas leyes son impuestas, como leyes del pensamiento, a la naturaleza y a la historia, en vez de derivarlas de ellas. De ahí proviene toda la construcción forzada y que, no pocas veces, pone los pelos de punta: el mundo, quiéralo o no, tiene que organizarse con arreglo a un sistema discursivo, que sólo es, a su vez, producto de una determinada fase de desarrollo del pensamiento humano. Pero, si invertimos los términos, todo resulta sencillo y las leyes dialécticas, que en la filosofía idealista parecían algo extraordinariamente misterioso, resultan inmediatamente sencillas y claras como la luz del sol.

Por lo demás, quien conozca un poco a Hegel sabe que éste aduce también, en cientos de pasajes, los ejemplos concretos más palpables tomados de la naturaleza y de la historia para ilustrar las leyes dialécticas.

No nos proponemos escribir aquí un tratado de dialéctica, sino simplemente demostrar que las leyes dialécticas son otras tantas leyes reales que rigen el desarrollo de la naturaleza y cuya vigencia es también aplicable, por tanto, a la investigación teórica natural. No podemos, por consiguiente, entrar a estudiar la conexión interna de estas leyes entre sí.
I. Ley del trueque de la cantidad en cualidad, y viceversa. Podemos expresar esta ley, para nuestro propósito, diciendo que, en la naturaleza, y de un modo claramente establecido para cada caso singular, los cambios cualitativos sólo pueden producirse mediante la adición o sustracción cuantitativas de materia o de movimiento (de lo que se llama energía).
Todas las diferencias cualitativas que se dan en la naturaleza responden, bien a la diferente composición química, bien a las diferentes cantidades o formas de movimiento (energía), o bien, como casi siempre ocurre, a ambas cosas a la vez. Por consiguiente, es imposible cambiar la cualidad de un cuerpo sin añadir o sustraer materia o movimiento, es decir, sin un cambio cuantitativo del cuerpo de que se trata. Bajo esta forma, la misteriosa tesis hegeliana, no sólo resulta perfectamente racional, sino que se revela, además, con bastante evidencia.

No creemos que haga falta pararse a señalar que los diferentes estados alotrópicos y conglomerados de los cuerpos, al descansar sobre una distinta agrupación molecular, responden también a cantidades mayores o menores de movimiento añadidas al cuerpo correspondiente.
Pero, ¿y los cambios de forma del movimiento o de la llamada energía? Cuando transformamos el calor en movimiento mecánico, o a la inversa, cambia la cualidad, mas ¿la cantidad permanece igual? Exactamente. Ahora bien, los cambios de forma del movimiento son como los vicios de Heine: cualquiera por separado puede ser virtuoso; en cambio, para el vicio tienen que juntarse dos.2 Los cambios de forma del movimiento son siempre un fenómeno que se efectúa entre dos cuerpos por lo menos, uno de los cuales pierde una determinada cantidad de movimiento de esta cualidad (por ejemplo, calor), mientras que el otro recibe la cantidad correspondiente de movimiento de aquella otra cualidad (movimiento mecánico, electricidad, descomposición química). Por tanto, cantidad y cualidad se corresponden, aquí, mutuamente. Hasta ahora, no se ha logrado convertir una forma de movimiento en otra dentro de un solo cuerpo aislado.
Aquí, por el momento, sólo hablamos de cuerpos inanimados; para los cuerpos vivos rige la misma ley, pero ésta actúa bajo condiciones muy complejas, y, hasta hoy, resulta todavía imposible, con frecuencia, establecer la medida cuantitativa.

Si nos representamos un cuerpo inanimado cualquiera dividido en partes cada vez más pequeñas, vemos que no se opera, por el momento, ningún cambio cualitativo. Pero esto tiene sus límites: si logramos, como en la evaporación, liberar las distintas moléculas sueltas, podremos, en la mayor parte de los casos, seguir dividiéndolas, aunque solamente mediante un cambio total de la  cualidad. La molécula se descompone ahora en los átomos, los cuales presentan cualidades completamente distintas de aquélla. En moléculas formadas por distintos elementos químicos, vemos que la molécula compuesta deja el puesto a los átomos o a la molécula de estos elementos mismos; y en las moléculas elementales, aparecen los átomos libres, que producen resultados cualitativos completamente distintos: los átomos libres del oxígeno en estado naciente consiguen como jugando lo que jamás serían capaces de lograr los átomos del oxígeno atmosférico vinculados en la molécula.

Pero ya la misma molécula es algo cualitativamente distinto de la masa corpórea de que forma parte. Puede llevar a cabo movimientos independientemente de ésta y mientras ésta permanece en aparente quietud, como ocurre, p.e., en las vibraciones del calor; puede, por medio del cambio de situación y de la trabazón con las moléculas vecinas, colocar al cuerpo en un estado alotrópico o de conglomerado, etc.
Vemos, pues, que la operación puramente cuantitativa de la división tiene un límite, a partir del cual se trueca en una diferencia cualitativa: la masa está formada toda ella por moléculas, pero es algo esencialmente distinto de la molécula, lo mismo que ésta es, a su vez, algo esencialmente distinto del átomo. Sobre esta diferencia descansa precisamente la separación entre la mecánica, como ciencia de las masas celestes y terrestres, de la física, que es la mecánica de la molécula, y de la química, que es la física de los átomos.

En la mecánica no se dan cualidades, sino, a lo sumo, estados como los de equilibrio, movimiento y energía potencial, todos los cuales se basan en la transferencia mensurable de movimiento y pueden expresarse de por sí de un modo cuantitativo. Por tanto, en la medida en que se produce aquí un cambio cualitativo, este cambio se halla condicionado por el cambio cuantitativo correspondiente.

La física considera los cuerpos como químicamente inmutables o indiferentes; estudia solamente los cambios de sus estados moleculares y las alteraciones de forma del movimiento, que la molécula pone en acción en todos los casos, por lo menos en uno de los dos lados. Todo cambio es aquí un trueque de cantidad en cualidad, una sucesión de modificaciones cuantitativas de la cantidad de movimiento de cualquier forma inherente al cuerpo o comunicado a él. “Así, por ejemplo, vemos que el grado de temperatura del agua es, al principio, indiferente por lo que se refiere a su fluidez líquida; pero, al aumentar o disminuir la temperatura del agua fluida, se llega a un punto en el que este estado de cohesión cambia y el agua se convierte, de una parte, en vapor y de otra parte en hielo” (Hegel, Enzyklopädie, Obras completas, tomo VI, pág. 217).3 Del mismo modo, hace falta una determinada intensidad mínima de corriente para que el alambre de platino de la lámpara eléctrica se encienda; asimismo, vemos que todo metal tiene su punto térmico de combustión y de fusión y todo líquido su punto de congelación y de ebullición, bajo una presión determinada, en la medida en que los medios de que disponemos nos permitan producir la temperatura necesaria; y, finalmente, que todo gas llega a un punto crítico, en el que la presión y el enfriamiento lo licuan. En una palabra, las llamadas constantes de la física no son, en la mayoría de los casos, otra cosa que indicaciones de puntos nodulares en que el «cambio»,4 la adición o sustracción cuantitativa de movimiento, provoca un cambio cualitativo en el estado del cuerpo de que se trata; en que, por tanto, la cantidad se trueca en cualidad.

Pero el campo en que alcanza sus triunfos más imponentes la ley natural descubierta por Hegel es la química. Podríamos decir que la química es la ciencia de los cambios cualitativos de los cuerpos como consecuencia de los cambios operados en su composición cuantitativa. Esto lo sabía ya el propio Hegel (Logik, Obras completas, III, pág. 433).5 Basta fijarse en el oxígeno: si se combinan tres átomos para formar una molécula, en vez de los dos de la combinación usual, tenemos el ozono, un cuerpo que se distingue claramente del oxígeno corriente, tanto por el olor como por los efectos. Y no hablemos ya de las diferentes proporciones en que el oxígeno se combina con el nitrógeno o el azufre y cada una de las cuales forma un cuerpo cualitativamente distinto de los otros. El gas hilarante (monóxido de nitrogeno N2O) es muy distinto del anhídrido ácido-nítrico (pentóxido nítrico N2O5). El primero es un gas; el segundo, bajo temperatura corriente, un cuerpo sólido cristalino. Y, sin embargo, toda la diferencia de composición entre ambos cuerpos se reduce a que el segundo contiene cinco veces más oxígeno que el primero, y entre uno y otro se hallan, además, otros tres óxidos del nitrógeno (NO, N2O3, NO2), todos ellos cualitativamente distintos de aquellos dos y entre sí.

Y esto resalta todavía de un modo más palmario en las series homólogas de las combinaciones de carbono, de los hidrógenos carburados más simples. La más baja de las parafinas normales es el metano, CH4; las cuatro unidades combinadas del átomo del carbono se saturan aquí con cuatro átomos de hidrógeno. La segunda, el etano, C2H6, combina entre sí dos átomos de carbono y satura las seis unidades libres combinadas con seis átomos de hidrógeno. Y así sucesivamente, pasando por C3H8, C4H10, etc., con arreglo a la fórmula algebraica CnHn2 + 2, de tal modo que, al aumentar cada vez un CH2, va produciéndose, una vez tras otra, un cuerpo cualitativamente distinto de los anteriores. Los tres miembros más bajos de la serie son gases; el más alto que se conoce, el hexadecano, C16H34, un cuerpo sólido, cuyo punto de ebullición son los 270 grados C. Y exactamente lo mismo se comporta la serie de los alcoholes primarios derivados (teóricamente) de las parafinas, con la fórmula CnH2n+2O, con respecto a los ácidos grasos, monobásicos (fórmula: CnH2nO2). Qué diferencia cualitativa puede producir la adición cuantitativa de C3H6 nos lo enseña la experiencia, cuando ingerimos alcohol etílico C2H6O, bajo cualquiera de sus formas potables, sin mezcla de otros alcoholes y cuando ingerimos el mismo alcohol etílico, pero añadiéndole alcohol amílico C5H12O, que forma el elemento principal integrante del infame aguardiente amílico. Nuestra cabeza se da clara cuenta de ello, sin duda alguna, a la otra mañana, bien a su pesar, hasta el punto de que bien puede decirse que la borrachera y el consiguiente malestar del día siguiente vienen a ser como la cantidad transformada en cualidad, por una parte del alcohol etílico y, por otra, de la adición de este C3H6.

En estas series químicas, la ley hegeliana se nos presenta, además, sin embargo, bajo otra forma. Los miembros inferiores sólo admiten una única estratificación mutua de los átomos. Pero, una vez que el número de átomos combinados en una molécula alcanza la magnitud determinada para cada serie, la agrupación de los átomos en la molécula puede efectuarse de múltiples modos; pueden presentarse, por tanto, dos o más cuerpos isómeros que, aun conteniendo el mismo número de átomos de C, H u O en una sola molécula, sean, no obstante, cualitativamente distintos. Podemos, incluso, calcular cuantas de estas isomerías pueden darse en cada miembro de la serie. Así, tenemos que en la serie de la parafina, para la fórmula C4H16 pueden darse dos, y para la fórmula C5H12 tres; en los miembros superiores de la serie, el número de posibles isomerías va aumentando muy rápidamente. Es, por tanto, una vez más, el número cuantitativo de átomos contenidos en la molécula el que sienta la posibilidad y, una vez comprobada ésta, el que condiciona, además, la existencia real de estos cuerpos isómeros cualitativamente distintos.

Más aún. Partiendo de la analogía de los cuerpos que conocemos en cada una de estas series, podemos sacar conclusiones con respecto a las propiedades físicas de los miembros de la serie que aún no conocemos y predecir con bastante seguridad estas cualidades, el punto de ebullición, etc., en cuanto a los miembros que vienen inmediatamente después de los conocidos.

Finalmente, la ley de Hegel no rige solamente para los cuerpos compuestos, sino también para los mismos elementos químicos. Ahora, sabemos que “las propiedades químicas de los elementos son una función periódica de los pesos atómicos” (Roscoe-Schorlemmer, Ausführliches Lehrbuch der Chemie [“Tratado detallado de química”], tomo II, pág. 823),6 es decir, que su cualidad se halla condicionada por la cantidad de su peso atómico. Y la prueba de esto se ha llevado a cabo de un modo brillante. Mendeleiev ha demostrado que en las series de elementos afines, ordenadas por sus pesos atómicos, aparecen diferentes lagunas, indicio de que quedan nuevos elementos por descubrir. Uno de estos elementos desconocidos, a que Mendeleiev dio el nombre de ekaaluminio,7 porque en la serie que comienza con el aluminio sigue a éste, fue descrito de antemano por él con arreglo a sus propiedades químicas generales, prediciendo aproximadamente tanto su peso atómico y específico como su volumen atómico. Unos cuantos años después, descubría realmente Lecoq de Boisbaudran este elemento, y las predicciones de Mendeleiev se confirmaban, salvo muy pequeñas variantes. El ekaaluminio se hacía realidad en el galio (obra cit., pág. 828). Mediante la aplicación -no consciente- de la ley hegeliana del trueque de la cantidad en cualidad, había logrado Mendeleiev llevar a cabo una hazaña científica que puede audazmente parangonarse con la de Leverrier al calcular la órbita de Neptuno, cuando todavía este planeta era desconocido. En la biología, al igual que en la historia de la sociedad humana, se comprueba a cada paso la misma ley, pero aquí no queremos apartarnos de los ejemplos tomados de las ciencias exactas, donde las cantidades son exactamente mensurables e investigables.

Es probable que esos mismos señores que hasta el presente han venido denostando el trueque de la cantidad en cualidad como misticismo e incomprensible transcendentalismo, digan ahora que es algo evidente por sí mismo, consabido y trivial, algo que ellos aplican desde hace mucho tiempo y que, por consiguiente, no les enseña absolutamente nada nuevo. No cabe duda de que constituye siempre un hecho histórico-universal el proclamar por vez primera bajo la forma de su vigencia general una ley universal que rige para el desarrollo de la naturaleza, de la sociedad y del pensamiento. Y si esos señores se han pasado la vida viendo cómo la cantidal se trocaba en cualidad, pero sin saberlo, tendrán que consolarse con aquel monsieur Jourdain de Molière,8 que se pasó también la vida hablando en prosa sin tener ni la más remota idea de ello.

Pág. 41-46 de “La dialéctica de la naturaleza”; F. Engels


Sobre la reforma económica de Kosygin y sus consecuencias para la economía soviética

23 enero, 2014

Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción.” | Enver Hoxha, Informe ante el VI Congreso del PTA, (1971)

El comienzo de la implementación de la llamada “reforma económica” de Liberman-Kosygin a mediados de 1965 conforma un momento crucial en la historia de la Unión Soviética. Gracias a ésta, la planificación centralizada dejó de existir en la economía soviética, se instituyó la propiedad privada de los directores (capitalistas) de las empresas independientes sobre los medios de producción, la ganancia (el mercado) se convirtió nuevamente en el regulador de la producción. En pocas palabras, cuando los revisionistas soviéticos terminaron de implementar la “reforma económica” -a comienzos de la década de 1970- la economía soviética se convirtió en una economía completa y definitivamente capitalista.

Para colaborar al estudio de esta “reforma” contrarrevolucionaria ofrecemos a continuación un fragmento de un folleto albanés escrito a fines de 1965 -meses después de que el CC del PCUS aprobara la implementación de la reforma- que trata sobre las formas y objetivos de ésta y que predica acertadamente cuáles serían sus consecuencias: la restauración del capitalismo.

Los revisionistas jruschovistas dan un paso peligroso hacia la degeneración capitalista de la economía socialista

Editorial de «Zëri i Popullit»

(Noviembre de 1965)

«La nueva reforma económica» — Un paso crucial hacia la descentralización de la economía soviética

Tratando de camuflar por todos los métodos y medios la verdadera naturaleza de su nueva reforma económica, los líderes revisionistas soviéticos tratan de describirla como una necesaria reforma supuestamente destinada a aumentar la eficiencia económica de la producción socialista. No hay nada nuevo u original en esto. Jruschov también afirmó que todas las medidas que tomó en el campo económico fueron dictadas por el mismo objetivo.

¿Qué entendemos por la eficiencia económica de la producción social? A primera vista esto podría parecer muy simple. Pero no vamos a saltar a las conclusiones. En realidad, es precisamente la deformación de este asunto la que los líderes revisionistas soviéticos utilizan para justificar su nueva reforma económica.

El problema de la eficiencia económica de la producción es un problema dominante para todos los órdenes sociales. Como tal, los clásicos de marxismo-leninismo y la práctica histórica han demostrado que sólo se puede resolver correctamente desde las posiciones y los requisitos de la ley económica básica de cada orden social dado, a través de una combinación justa del rendimiento de la economía del pueblo en su conjunto y el rendimiento de una rama individual o empresa.

En el orden socialista de las cosas en el que el objetivo de la producción es satisfacer las necesidades materiales y culturales de la sociedad en su conjunto, este propósito sirve también como criterio básico y universal para determinar la eficiencia económica de la producción en todas las fases de su desarrollo. Consecuentemente, el único motivo al cual la producción socialista debería servir y someterse es satisfacer las necesidades de los trabajadores, elevando su bienestar material y cultural. El principal índice con el que medir, en última instancia, la eficiencia económica de la producción es el grado en el cual ésta producción satisface y responde a las necesidades de la sociedad.

Por lo que al rendimiento, la expresión concreta de la eficiencia económica, se refiere, éste otra vez debe ser visto como estrechamente relacionado a las exigencias de la ley económica básica y al grado [de desarrollo.- TR] de la economía del pueblo en su conjunto. Esto significa que la capacidad de rendimiento de una rama individual o empresa debe ser evaluada, antes que nada, desde posiciones de las necesidades y perspectivas del desarrollo de la economía nacional, y luego, por supuesto, desde posiciones de la ventaja urgente. Cualquier otra estrecha interpretación de la rentabilidad de la economía socialista está en disconformidad con las enseñanzas del marxismo-leninismo y con la experiencia histórica de la edificación socialista. Poner la rentabilidad de una rama o empresa por encima de la rentabilidad de la economía del pueblo, poner la rentabilidad inmediata por encima de los intereses del futuro desarrollo de la economía nacional, significarían actuar de la misma manera que en el orden capitalista de las cosas. Finalmente, en materia de evaluación de la eficiencia económica y de la rentabilidad el marxismo-leninismo nos enseña que debemos tener en cuenta el factor político interno y el externo, las obligaciones políticas de la edificación del socialismo y el comunismo.

Los líderes revisionistas soviéticos, sin embargo, no se detuvieron mucho antes de revisar incluso este asunto vital del orden socialista y sustituirlo con concepciones capitalistas. Según ellos, la producción socialista no debería someterse a la ley económica fundamental, la cobertura de las necesidades materiales y culturales de las masas, sino a asegurar los máximos resultados con los mínimos esfuerzos. Declaran abiertamente que lograr los máximos resultados con los mínimos esfuerzos es la ley más universal del socialismo. Esta ley también debería servir como el único criterio con el cual se debe juzgar la eficiencia económica de la producción socialista y de cada empresa o rama individual.

¿Pero por qué los líderes revisionistas encontraron la necesidad de sustituir la ley fundamental del socialismo con la ley de la eficiencia económica? ¿Qué hay detrás de este «nuevo descubrimiento teórico»?

Por supuesto, no hay nada de malo en el objetivo de alcanzar los máximos resultados con los mínimos esfuerzos en la producción como tal. Tampoco se puede decir que este es un objetivo desconocido, extraño a la sociedad socialista. Lo malo y todas las estratagemas de los líderes revisionistas soviéticos se encuentran en el hecho de que deliberadamente distorsionan el sentido marxista-leninista de este objetivo, lo convibrezkosyerten en un objetivo similar al de la producción capitalista, y, como consecuencia, abogan por los mismos caminos, métodos y formas organizativas que son empleados en la economía capitalista para alcanzarlo. Según ellos, en la economía socialista como en la economía capitalista, la ganancia debería ser el único criterio que debe servir de incentivo y medida de la eficiencia económica de la producción social. «La orientación para aumentar la eficiencia en la producción», declaró Kosigin en su informe leído al pleno, «es mejor servida por el índice de ganancia, de rentabilidad». Así, los líderes revisionistas soviéticos cambiaron el justo principio socialista de producir tanto como sea posible con el menor gasto posible (es decir a los gastos más bajos) al principio capitalista: las mayores ganancias del menor capital.

Como se puede ver, los líderes revisionistas soviéticos encontraron la necesidad de distorsionar el asunto de la eficiencia económica a fin de allanar el terreno para la ganancia, para situarla como la fuerza motriz principal de la producción también en el orden socialista.

Siempre bajo el pretexto y la consigna de aumentar la eficiencia económica de la producción, los líderes soviéticos impulsaron la necesidad de cambiar radicalmente el método de la dirección económica. Según ellos, es hora de pasar de los métodos de dirección «administrativa» de la economía del pueblo a los llamados métodos de dirección económica. ¿Pero qué consideran por métodos «administrativos» de dirección de la economía los líderes revisionistas? Basta con plantear esta pregunta para ver que por esto entienden la dirección de la economía socialista de un modo planificado y centralizado por el estado. Según ellos, la dirección de la economía socialista de un modo planificado y centralizado por el estado no tiene nada en común con los métodos económicos de dirección; como si éstas no fueran dos cosas que se complementan, que se presuponen la una a la otra en la economía socialista, sino alternativas la una de la otra. En resumen cuando los líderes revisionistas alzan su voz contra la dirección «administrativa» de la economía que está basada en las leyes económicas del socialismo, levantan su voz contra la dirección planificada y centralizada de la economía por el estado, contra el principio leninista de la centralización democrática en la economía. Según ellos, la centralización planificada y la dirección de la economía por parte del estado son consecuencias del culto a la personalidad de J. V. Stalin por lo que, se deben abandonar cuanto antes y se debería discontinuar de una vez y para siempre el «culto a la planificación».

Para los líderes revisionistas soviéticos los únicos métodos económicos de dirección de la economía socialista están basados en el libre juego del mecanismo de la ley del valor y de los mercados y en la acción no obstaculizada de todas las categorías relacionadas con ellos, como la ganancia, los créditos, porcentajes, precios, etc. El lema francamente capitalista del renegado Jruschov era «debemos actuar de la misma manera que los capitalistas en este caso», esta es la esencia de esos métodos de dirección de la economía socialista que los líderes revisionistas inescrupulosamente proclaman como los únicos métodos económicos correctos. Es por esta razón que en la realización de sus propios métodos económicos los líderes revisionistas posan sus ojos sobre los métodos capitalistas, sobre la experiencia de los países capitalistas respecto al uso de los mecanismos del mercado.

Antes de que el orden socialista haya sido establecido los clásicos del marxismo-leninismo habían previsto la preservación y la existencia de bienes de producción, de la ley del valor, los mercados y de otras categorías relacionadas con ellos en el socialismo. Pero al mismo tiempo indicaron claramente que su papel económico y social cambiaría radicalmente. La experiencia histórica de la edificación socialista muestra que la sociedad socialista debería usar estas categorías de manera planificada y consciente en beneficio de la sociedad, en beneficio del socialismo, reduciendo y limitando la esfera de su acción espontánea, sus consecuencias devastadoras. En este sentido y sólo en este sentido estas categorías sirven en el socialismo tanto como palancas económicas en la dirección de la economía, en la regulación de la producción social, distribución, cambio y consumo, así como en la dirección de la actividad económica de las empresas y en la organización de las relaciones entre ellas. Sólo de esta manera puede establecerse una conexión justa entre los planes y la ley del valor y la mercadotecnia y la ley de valor y los mercados pueden ser despojados de su función como reguladores espontáneos de la producción.

A juzgar por las masas previstas en la reforma económica resulta que, según los líderes revisionistas soviéticos, cuanto más desarrollada esté la producción socialista, mayor es la necesidad de regular la producción sobre la base de la ley del valor y el mercado, más necesario es limitar el papel de la planificación centralizada. En estas condiciones la actividad económica de las empresas y las relaciones entre ellas también debería ser liberada de cualquier intervención del estado y sólo deberían ser reguladas por la acción de la ley del valor y el mercado. Tal interpretación de la acción de la ley de valor y el mercado tiene por objeto el abandono de la economía socialista a merced de la espontaneidad. Defender el libre juego del mercado en la economía socialista significa minar la planificación socialista, minar la dirección centralizada de la economía y preparar el terreno para el desarrollo espontáneo y descentralizado. Esto significa poner el signo de igualdad entre la producción mercantil capitalista y la producción mercantil socialista. Procediendo de esta manera, los líderes revisionistas de la actualidad no hacen más que revivir las viejas opiniones de Bujarin y de otros oportunistas que el Partido Comunista de la Unión Soviética bajo el liderazgo de J. V. Stalin expuso y desechó en su tiempo.

Como se puede ver, «los métodos de la dirección económica» sobre los cuales los líderes revisionistas soviéticos hablan con tanto celo, y que constituyen una de las directrices principales de la nueva reforma económica, no son más que métodos prestados de la práctica de la dirección de la economía capitalista. Los líderes revisionistas necesitan de estos llamados métodos económicos a fin de pasar de la dirección centralizada y planificada de la economía a su dirección descentralizada y a su regulación espontánea, a fin de preparar el terreno para el libre juego, no obstaculizado de las leyes económicas capitalistas en la economía soviética. Detrás de las habladurías pseudomarxistas de pasar a los «métodos económicos de la dirección» se encuentra la inserción de la economía soviética en el camino de su degeneración.

Introducción de métodos y formas de organización capitalistas en la economía soviética

Las medidas previstas en la nueva reforma económica afectan y transforman todos los aspectos más importantes del sistema de la dirección planificada y centralizada de la economía socialista. Sobre la base de la reforma económica, se establecen relaciones de acuerdo al modelo de la economía capitalista entre las empresas individuales y la economía del pueblo en su conjunto, entre las propias empresas, así como entre las empresas y el mercado. Todas estas relaciones están impregnadas con un espíritu de liberalismo y descentralización, con la idea de que la ganancia debería ser la fuerza motriz de la producción socialista y el mercado el regulador principal. En cuanto a la planificación integrada, universal para gobernar toda la economía del pueblo, mientras los líderes revisionistas mantienen ’pro forma’ y hablan mucho sobre ella, es realmente desmantelada y sustituida por la planificación pronostico.

Tratemos ahora algunas de las principales medidas de esta reforma, en su verdadero significado y propósito.

La primera medida prevista por la reforma es la de la ampliación de la libre actividad de las empresas económicas, eximiendo a esta actividad de la dirección centralizada y planificada, de dar plena libertad a las empresas para que sigan la iniciativa de y actúen de acuerdo con las demandas del mercado a fin de obtener las máximas ganancias posibles.

Para lograr esto la empresa está autorizada a fijar de una manera completamente libre el volumen de producción, su nomenclatura, el rendimiento del trabajo, el tamaño de la fuerza de trabajo, los salarios, el coste de la producción, las inversiones de capital, etc. La empresa debería centrar toda su atención sólo a dos índices: a las ganancias y a las ventas (la cantidad realizada). La ganancia representará todo el objetivo de la actividad económica de la empresa, mientras que las ventas (el mercado) servirán como un medio en el cual la empresa inspirará su actividad para conseguir este objetivo. En resumen, la empresa producirá no para satisfacer de una mejor manera las demandas materiales y culturales de las masas trabajadoras, sino para vender en el mercado y así asegurarse una ganancia lo más alta posible. De ahí la pregunta: ¿Qué distingue la producción de esta empresa «socialista» de la de una capitalista? Nada. Esta es una producción de una categoría capitalista.

La reforma económica prevé una amplia descentralización en la política de acumulación e inversiones de capital. Autoriza a las empresas a utilizar una gran parte de sus ganancias para ampliar su producción, fijando las inversiones de capital independientemente. Las inversiones descentralizadas aumentarán considerablemente. Basta indicar aquí que en 1967 las inversiones de esta naturaleza aumentarán un 33% sobre las de 1964 llegando a casi 4 mil millones de rublos. Además, los créditos presupuestarios centralizados para las inversiones de capital serán sustituidos por créditos descentralizados, que es una clara copia de los patrones de las prácticas capitalistas. Los créditos y los porcentajes serán usados como un medio para someter a las inversiones de capital a la carrera por las ganancias y la demanda del mercado. La descentralización de las inversiones apunta a regular de un modo espontáneo también las proporciones de las diversas ramas de la industria por las ganancias de cada empresa y por las demandas del mercado.

Las relaciones entre las empresas de producción y las organizaciones comerciales al por menor también se organizan conforme al espíritu de la dirección descentralizada de la producción y se planifican con criterios completamente capitalistas. A partir de ahora las empresas de producción son libres de mantener relaciones directas con las empresas comerciales, venderles bienes y producir en función de sus órdenes de compra. Esta reorganización apunta a someter a la producción al libre juego de las fuerzas del mercado, a las ventas, a través de las cuales las ganancias después de todo están aseguradas. Existe una tendencia a substituir el suministro centralizado y planificado de materiales y técnica a las empresas por las ventas libres de los medios de producción entre las empresas de producción y consumo. En este caso, la producción de los medios de producción (su cantidad y estructura) también será regulada de manera directa por la coyuntura del mercado.

La nueva reforma económica también cambia tanto en forma como en sustancia la naturaleza de las relaciones financieras entre una empresa y el presupuesto estatal. Se prevé abolir los impuestos sobre el volumen de ventas, como una de las formas de los ingresos netos de la sociedad, y sustituirlos por un nuevo impuesto, como lo han hecho recientemente los revisionistas yugoslavos. Los nuevos impuestos que las empresas pagarán serán un porcentaje de los fondos productivos (básico del volumen de ventas), que son idénticos a la familiar categoría capitalista — porcentaje sobre el capital. Como consecuencia, se ha introducido otra categoría de la economía capitalista para que actúe libremente en la economía soviética. Implementando los porcentajes de fondos productivos, los impuestos sobre el volumen de ventas se reducirán en última instancia a impuestos indirectos sobre los bienes de amplio consumo, que serán idénticos a los impuestos especiales que son gravados en los países capitalistas y que recaen enteramente sobre los hombros de las masas trabajadoras.

En el marco de las medidas arriba mencionadas y en conexión orgánica con ellas, se llevarán cambios radicales también en el sistema de precios. Se prevé para el próximo año, por ello, una reforma relacionada con los precios. urlSin tener en cuenta las medidas concretas que se adoptarán en este sentido, está claro que los líderes revisionistas soviéticos se convencen de que en este asunto también es necesario seguir el ejemplo de la economía capitalista, tomando el esquema capitalista de producción de precios como la base para fijar los precios. Se estima, además, que los precios de la mayor parte de los bienes deben ser fijados directamente por las empresas, de una manera descentralizada, cumpliendo con la ley de la oferta y la demanda. Al principio habrá ‘pro forma’, se fijarán los precios de manera centralizada, pero con el tiempo, éstos también serán fijados libremente por las propias empresas de producción.

Las medidas establecidas en la nueva reforma económica en la Unión Soviética son, en esencia, como dos gotas de agua con las medidas hace mucho tiempo implementadas en la economía yugoslava. Todos estamos familiarizados con los resultados que estas medidas han producido en la economía yugoslava. La economía yugoslava se caracteriza actualmente por el caos, la espontaneidad y la competencia, por un ascenso de los elementos capitalistas y de los especuladores, por un desarrollo desproporcionado de las ramas de la economía, por la subida constante de los precios y por el declive del nivel de vida de las masas trabajadoras y por otras manifestaciones típicas de la economía capitalista. Ante la caótica situación en la que la política revisionista ha sumergido a Yugoslavia, el propio Tito se vio obligado a afirmar nuevamente en su reciente discurso en Varashdin: «Al principio pareció como si la nueva reforma no afectaría nuestro nivel, ya que era imposible evaluar todos los elementos. Las nuevas medidas que hemos adoptado han afectado hasta cierto punto a nuestros trabajadores, sobre todo a los empleados de empresas de bajo rendimiento». Las reformas titoistas han conducido y están constantemente conduciendo a la economía yugoslava al desarrollo capitalista. A través de la nueva reforma económica la economía soviética también sufrirá, más tarde o más temprano, el mismo destino. Los llamados métodos económicos de la dirección de empresas que los líderes revisionistas practican causarán en la economía soviética los mismos fenómenos y consecuencias que prevalecen hoy en la economía yugoslava.

En su nueva reforma económica los líderes revisionistas soviéticos han dejado de lado el principio socialista de la distribución según el trabajo y lo han sustituido por los métodos capitalistas de remuneración por el trabajo realizado [for work done]. Tratan de ocultar este giro directo hacia los métodos capitalistas de distribución especulando de un modo demagógico con el principio socialista de los intereses materiales de los trabajadores.

El marxismo-leninismo nos enseña que el uso de los intereses materiales de los trabajadores como un factor estimulante en el desarrollo de la eficiencia productiva y el aumento de la productividad del trabajo, es correcto y fundamental. Por otra parte, se ha probado, tanto en la teoría como en la práctica, que el principio del interés material puede ser utilizado con eficiencia en beneficio del socialismo y de las propias masas trabajadoras sólo cuando se combina correctamente con la actitud comunista de los trabajadores hacia el trabajo y sus resultados, con la formación y el fortalecimiento de su conciencia socialista, con la utilización de los estímulos morales, con la educación de los trabajadores en el espíritu de situar los intereses sociales por encima de los intereses personales.

En fragrante contradicción con esto, la nueva reforma económica proclama el interés material como el único factor para el cual los trabajadores de las empresas socialistas deberían trabajar y producir y sobre la base del que su trabajo debe ser remunerado. La empresa por esta razón está autorizada a establecer de sus ganancias un fondo para la remuneración cuyo tamaño es ilimitado. De aquí en adelante los trabajadores serán remunerados según el sistema de «su participación en las pérdidas y ganancias de la empresa». Este es un sistema típicamente capitalista que es ampliamente empleado en las empresas de los países capitalistas. Este sistema crea innumerables oportunidades para que los gerentes de empresas especulen arbitrariamente en perjuicio de los trabajadores, se apropien una parte considerable del trabajo de los trabajadores y, de esta manera, aumenten sus ingresos y se enriquezcan más fácilmente. Esto ya ha sido probado a gran escala en las empresas yugoslavas donde también se les paga a los trabajadores sobre la base de las ganancias que realizan.

¿Qué traerá este sistema de remuneración a las masas trabajadoras? Su primer resultado será la diferente remuneración por la misma cantidad de trabajo realizado en empresas de la misma rama. El tamaño de la diferencia de ingresos dependerá de la eficiencia comercial de la empresa, del tamaño de sus ganancias, de las especulaciones y combinaciones que hacen para aumentar por todos los medios su «rentabilidad» y sus ganancias. Esto causará en los trabajadores una necesidad incontrolable por pasar de las empresas de ingresos inferiores a aquellas de ingresos superiores. Finalmente, los gerentes de empresas, desde el punto de vista del tamaño de sus ingresos, se convertirán en verdaderos capitalistas, como en Yugoslavia, donde reciben «ingresos» decenas de veces más grandes que los trabajadores, o reciben recompensas por un valor de hasta o casi tanto como la totalidad del fondo de pago de los trabajadores de la empresa.

A través de su nueva manera de remunerar el trabajo los líderes revisionistas soviéticos nos dan otro ejemplo del «uso creativo» de las leyes del socialismo. En este caso la pregunta surge automáticamente: ¿Se puede decir que este modo de distribuir los ingresos entre los trabajadores está en concordancia con la ley socialista de distribución según la cantidad de trabajo realizado [to the amount of work done]? No hay siquiera una sombra de la distribución según el trabajo realizado [to work done] en tal distribución. Una distribución de esta clase sólo se ajusta al principio capitalista de «hacerse rico a costa del trabajo de otros».

El nuevo método de remunerar el trabajo crea condiciones y educa a los trabajadores en el espíritu de mirar todos sus esfuerzos en la producción bajo la luz de sus intereses materiales y monetarios, en el espíritu de perseguir el dinero y convertirse en su esclavo. Propaga y cultiva las concepciones burguesas de enriquecerse, de colocar el interés personal por encima del social; reprime la ideología socialista de las masas trabajadoras y envenena su conciencia.

La política perseguida por los líderes revisionistas soviéticos de crear privilegios y enriquecer a ciertas clases de la población a expensas de las masas trabajadoras tiene un objetivo específico en mente. Este objetivo es: incrementar el número de personas que sirven como base social para llevar a cabo la línea política y las concepciones revisionistas de los traidores líderes del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Fragmento de “Khrushchevite Revisionists Take One Further Dangerous Step Towards Capitalist Degeneration of Socialist Economy“, November 18, 1965. págs. 18-31

Fuente: El más que recomendable Tiempos Rojos


Sobre algunos aspectos de la restauración capitalista en la URSS

2 enero, 2014

Sacado del blog de Tiempos Rojos (pinchad aquí)

El cambio de carácter del partido y del Estado, la transformación contrarrevolucionaria en el terreno de la superestructura política e ideológica no podía dejar de conducir al cambio de la base económica del socialismo. Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción.” | Enver Hoxha, Informe ante el VI Congreso del PTA (1971)

Con motivo de continuar aclarando el proceso contrarrevolucionario más o menos pacífico que ocurrió en la Unión Soviética de manera abierta a partir de la muerte de Stalin hasta la “reforma” de Kosygin y que resultó en la completa restauración del capitalismo y, por otro lado, para indicar cómo operaba el capitalismo de Estado en la URSS en las décadas de los ’60 y ’70 del siglo pasado -décadas que, según los brezhnevianos y demás revisionistas, todavía operaba el socialismo en la URSS- ofrecemos a continuación el resumen del capítulo III del interesante folleto How Capitalism Has been Restored in the Soviet Union, que no dejamos de recomendar a los que quieran leer más sobre el tema.

La economía soviética como una economía estatal-capitalista

Revolutionary Union

(Octubre de 1974)

[…]

La restauración del capitalismo en la Unión Soviética tuvo sus raíces en la lucha de clases desarrollada entre el proletariado y la burguesía bajo el socialismo. Con el ascenso al poder de Jruschov, la burguesía logró tomar el control del Partido Comunista, la vanguardia política de la clase obrera, y desde esa posición convertir el estado en un instrumento de la dictadura burguesa y comenzar la restauración del capitalismo. Este fue el punto decisivo en el proceso de restauración.

Bajo el liderazgo de Jruschov, la burguesía soviética procedió primero a negar los logros del socialismo rompiendo el mando centralizado de la clase obrera y desmantelando las instituciones socialistas. La dirección centralizada de la agricultura colectiva fue saboteada cuando Jruschov vendió las Estaciones de Máquinas y Tractores a las granjas colectivas. En el sector industrial la administración planificada se dividió en una serie de Consejos Económicos Regionales. La discusión centrada en torno a la reintroducción del afán de lucro y a la reorganización de la economía según la ley fundamental de la producción mercantil, la ley del valor, comenzó con el franco estímulo de la dirección del Partido Comunista. De esta misma manera se iniciaron también los experimentos.

Políticamente, Jruschov también trabajó para destruir el poder centralizado del estado proletario. Lanzó un ataque sistemático contra los principios más fundamentales del marxismo-leninismo y sus injurias contra Stalin sólo funcionaron como una cortina de humo para atacar la dictadura del proletariado. Bajo su liderazgo, en todos los campos de la vida social surgieron fuerzas burguesas-liberales.

Al expulsar a un gran número de probados combatientes proletarios del Partido Comunista, Jruschov debilitó aún más a la clase trabajadora. Estos combatientes fueron sustituidos por elementos burgueses y pequeñoburgueses en todos los niveles. Jruschov finalmente llegó al extremo de dividir al partido en “industrial” y “agrícola”, inmovilizando y desmoralizando a los cuadros honestos del Partido, limitando efectivamente su papel político ensillándolos con tareas administrativas.

El objetivo de Jruschov fue lanzar el ataque contra el proletariado, llevar a cabo la demolición del socialismo, y de ese modo dar rienda suelta a las fuerzas espontáneas del capitalismo.

Pero la negación del socialismo de Jruschov provocó su contraparte dialéctica —la negación de la negación. Esto se puede ver en el profundo reordenamiento de la economía a lo largo de líneas estatal-capitalistas realizado bajo la dirección de Brezhnev y Kosygin.

Esta dirección tuvo también sus características políticas y económicas. En la esfera política, Brezhnev y Kosygin se movieron para reafirmar el control estatal y el Partido centralizado —pero esta vez sobre una nueva base: sobre la base de la consolidación del poder político de una nueva burguesía estatal-financiera integrada por los altos funcionarios del Partido y el Estado. Aquí, el supuesto “retorno al leninismo” proporcionó una beneficiosa cubierta. El partido fue reconstruido e incluso se reforzó como el representante organizado de la nueva clase dominante.

Con respecto a la economía, la descentralización pareció continuar, ya que la “reforma” económica concedió una amplia libertad de acción para las empresas individuales. Sin embargo, el verdadero objetivo de la “reforma” fue sistematizar el control de la camarilla monopolista-estatal a lo largo de bien ordenadas líneas capitalistas. En la práctica, sólo fortaleció la mano de los capitalistas del estado central. Esto se puede ver muy claramente en el hecho de que después de permanecer en número esencialmente estable durante el período de Jruschov, el empleo en la administración estatal creció cada año durante 1964 a 1970, con un incremento total de 516.000, o 38,3 %. [97] La descentralización desde ese entonces se ha reforzado aún más con la introducción de las Asociaciones de Producción en 1973.

Donde la negación del socialismo de Jruschov trajo sólo el caos a la economía, Brezhnev y la “reforma” sistemática de Kosygin tuvieron éxito —tanto como es posible bajo el sistema capitalista— en la estabilización y reestructuración de la economía según los principios consecuentes del capitalismo monopolista.

Esta negación de la negación debe ser firmemente aferrada. Bajo el mando de Jruschov la burguesía ataca el marxismo-leninismo, comienza la demolición del socialismo. El caos reina en la economía y el liberalismo es dominante en la política. Pero entonces ocurre una segunda negación, en cierto modo simbolizada por el ascenso al poder de Brezhnev y Kosygin (aunque no existe una muralla que divide políticamente su régimen del de Jruschov). Jruschov y el jruschovismo son atacados. La “disciplina” y el “control” resurgen como consignas del día. La economía vuelve sistemáticamente a operar en el orden capitalista.

Pero todo esto ocurre completamente sobre una nueva base, en condiciones completamente transformadas. La negación de la negación del socialismo no nos devuelve al socialismo una vez más, sino que marca en cambio la reestructuración sistemática de una sociedad capitalista en funcionamiento, una sociedad capitalista basada en un fundamento histórico hasta el momento sin precedentes.

La combinación de “dos en uno” y el no reconocimiento de las dos etapas del proceso de restauración, el no ver este proceso no sólo como la negación del socialismo sino como la negación de la negación, puede conducir a al menos dos errores graves. Uno error sería confundir a Brezhnev y el espectáculo de Kosygin sobre el centralismo como un retorno a los principios socialistas. Esta línea se extendió entre los burgueses y los voceros de la pequeña burguesía que etiquetan a los actuales gobernantes soviéticos de “estalinistas”.

Un segundo error es ver al jruschovismo como todo lo que hay en el proceso de restauración capitalista. Desde este punto de vista, la restauración capitalista se ve tan sólo como una ruptura con la sociedad socialista y no también como la reconstrucción del capitalismo. Este análisis considera al mercado como el factor clave en la restauración capitalista y no reconoce que el capitalismo también puede existir junto con el centralismo (como se muestra en el pasado por el ejemplo de la Alemania nazi).

Esta concepción implica que un país como Yugoslavia es más capitalista que la Unión Soviética. También implica que bajo el “Socialismo de Mercado” de Dubcek, Checoslovaquia estaba tratando de desprenderse de la dominación soviética, a fin de avanzar más rápidamente por el camino capitalista. Llevado a su conclusión lógica, tal concepción considera el desarrollo del capitalismo en la Unión Soviética como una simple inversión del movimiento histórico. Uno podría sostener también que la Unión Soviética se ha volteado simplemente en la historia, dirigiéndose ahora desde el socialismo a través del capitalismo monopolista de regreso al capitalismo competitivo y de ahí, tal vez, al feudalismo. Si bien esto puede ser lo que desean ciertos “disidentes” intelectuales idealistas soviéticos, lo absurdo de tal razonamiento es ciertamente evidente.

¿Cómo vamos a explicar la restauración del capitalismo en la Unión Soviética?

Cualquier sociedad es básicamente un modo organizado en el que sus miembros producen y distribuyen los requisitos materiales de existencia. Para llevar a cabo esta tarea, en cada nivel de desarrollo social las personas contraen determinadas relaciones entre sí y con las fuerzas productivas.

En todas las sociedades un excedente, por encima y más allá de lo que las personas necesitan para vivir y reproducirse, debe ser y es producido, acumulado y utilizado para ampliar la producción futura, así como para atender las necesidades sociales, educativas, culturales y de otro tipo. Para que esto ocurra debe funcionar alguna especie de “palanca” en la sociedad, alguna fuerza o ley deben regular el proceso por el cual este excedente es apropiado, distribuido e invertido de nuevo en la sociedad.

Bajo la esclavitud esta “palanca” era el látigo que obligaba al esclavo a producir un excedente que luego era apropiado por el esclavista. Bajo el feudalismo el control del propietario sobre la tierra le permitía extraer un excedente del campesino, generalmente en forma de una parte de la cosecha. En ambas sociedades los verdaderos productores —los esclavos y los campesinos— no participaban en el intercambio de mercancías de ninguna manera. Sus necesidades mínimas eran suministradas principalmente a través de la producción natural.

Sin embargo, bajo el capitalismo la “palanca” que regula la apropiación y la distribución del excedente es el sistema de producción y circulación mercantil, regulado por la ley del valor. En este sistema los trabajadores deben enajenar su fuerza de trabajo Sin título-3—se la dan a otro, al capitalista, a cambio de otra mercancía, el salario— porque bajo el capitalismo la fuerza de trabajo es una mercancía y los medios de producción son monopolizados por la clase capitalista. Sólo vendiendo su fuerza de trabajo los trabajadores pueden ganar incluso los medios de subsistencia más elementales. En pocas palabras, en el capitalismo la forma en que el pueblo es movilizado para producir más es expresada sucintamente por el lema “trabaja para mí o muere de hambre”, que bien podría ser el lema de la burguesía.

Bajo el capitalismo la distribución de bienes y servicios sólo puede ocurrir de igual manera con la “palanca” del intercambio mercantil y la ley del valor. Los capitalistas, que apropian para sí los productos de la producción, sólo enajenarán estos productos si pueden recibir algo de igual valor a cambio. El excedente (en forma de plusvalía —valor extraído del trabajo no remunerado a otros) que se crea en el proceso de producción, es realizado por el capitalista en la venta de mercancías. Vendiendo mercancías producidas por los trabajadores, el capitalista termina con más dinero del que gastó en su inversión original, reflejando su control del excedente creado por los trabajadores y apropiado por él en el proceso de producción mercantil. De esta manera cada capitalista acumula el excedente y decide, sobre la base de cómo repetir el proceso en una escala ampliada, cómo reinvertir esta nueva suma de dinero para terminar con aún más —cómo y dónde se distribuirá y se utilizará el excedente.

Así, bajo el capitalismo, la suma total de los excedentes de la sociedad es acumulada “en piezas” por varios capitalistas, que no sólo se encuentran por encima de la clase obrera, sino que se aíslan de y compiten entre sí. Como consecuencia, es imposible para la sociedad capitalista en su conjunto apropiar y utilizar colectivamente el excedente, y es imposible para la sociedad emprender conscientemente la lucha para producir y distribuir los requisitos materiales de existencia. Como dijo Marx, bajo el capitalismo las relaciones entre hombre y hombre, y entre hombre y naturaleza, revisten la apariencia de las relaciones entre las cosas, entre las diversas mercancías que los diferentes individuos y grupos sociales poseen.

Más aún, no hay ninguna manera de que bajo el capitalismo los capitalistas se reúnan, se sientan y dividan racional y pacíficamente el botín. La lógica interna de este sistema obliga a cada capitalista a reinvertir su propia parte del excedente a fin de que esta parte aumente con relación a las partes de todos los otros capitalistas. Si el capitalista no hace esto perecerá como tal.

Todo el desarrollo de la producción mercantil se lleva a cabo de forma espontánea, independientemente de la conciencia y voluntad del hombre. Pero a medida que el sistema mercantil se desarrolla sus leyes se revelan. En la etapa superior de la producción mercantil —bajo el capitalismo— se pueden comprender plenamente las leyes que gobiernan el sistema. Con este conocimiento, el proletariado puede —por primera vez en la historia de la sociedad de clases— conscientemente modificar y transformar el mundo. Esto es precisamente lo que Marx quiso decir en su famosa tesis: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” [98]

La lucha por el socialismo debe ser y es una lucha por el control consciente de la sociedad por la clase obrera. Es por esto que el socialismo nunca puede crecer espontáneamente dentro del capitalismo como lo hizo el capitalismo en las entrañas de la sociedad feudal. Es por esto que la revolución socialista es radicalmente diferente de todas las insurrecciones previas, que simplemente establecieron un nuevo sistema de explotación.

Para construir el socialismo y avanzar al comunismo, la “palanca” que hace posible la producción, acumulación y utilización del excedente no puede ser la producción mercantil y la ley del valor; sólo puede ser la línea ideológica y política. Es decir, el socialismo, y más aún el comunismo pleno, sólo pueden construirse por los trabajadores en sociedad, determinando de manera consciente y colectiva un plan para producir y distribuir los requisitos materiales de existencia (en el socialismo la clase obrera lo hará a través de su poder estatal; bajo el comunismo, toda la población, ya no dividida en clases, cumpliendo el rol de trabajadores y administradores).

Esto, por su parte, sólo puede ser realizado basándose primero en la experiencia y sabiduría colectiva de las masas populares, y aplicando los principios científicos del marxismo-leninismo que las resume. Bajo el socialismo esta labor es llevada a cabo por el Partido, a través de la aplicación de la línea de masas. Bajo el comunismo es realizada por toda la sociedad, ya que para ese entonces todos habrán alcanzado una etapa en la que se esforzará conscientemente por aplicar los principios comunistas a todas las fases de la vida.

Incluso bajo el socialismo, bajo la dictadura del proletariado, la producción mercantil continúa y existe un cierto margen para la ley del valor. Como lo indicó Lenin, esto proporciona la base material para las relaciones capitalistas, incluso en el socialismo, y proporciona la base material para la restauración capitalista. La lucha de clases en el socialismo continúa entre los que quieren regular la producción con la ley del valor y las fuerzas ciegas del mercado, y los que quieren someter la producción al control consciente del proletariado. Aumentar el poder de la conciencia subjetiva de las fuerzas clasistas sobre la producción, limitar y finalmente eliminar la esfera de acción de la ley del valor, son tareas del socialismo como etapa de transición del capitalismo al comunismo.

Es por eso que no es idealista hacer hincapié en la importancia de la ideología proletaria como el golpe principal contra el capitalismo, y por eso fue esencial destruir primero la línea proletaria de Stalin y Lenin, para desarmar a la clase obrera y hacer posible la ampliación de la esfera de acción de la ley del valor en vez de su constricción. Es por eso que subrayamos que la lucha de la clase obrera debe basarse en la movilización de las masas y la educación de los trabajadores. Para arrebatarle el control de la sociedad a las fuerzas espontáneas de la producción mercantil, son necesarios los esfuerzos colectivos detoda la clase. Como dijo Marx “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera”. [99] Esta no es simplemente una consideración moral, sino que es una ley fundamental del socialismo. Sin la creciente participación y movilización de las masas trabajadoras no puede haber socialismo.

Una vez que la dirección de la lucha de la clase obrera abandona la línea de masas y no logra movilizar y apoyarse en ellas en la lucha consciente para consolidar la dictadura del proletariado y construir el socialismo; es decir, una vez que la dirección del Partido Comunista abandona el marxismo-leninismo y se consolida el revisionismo, no importa cuáles sean sus intenciones o deseos subjetivos, la restauración capitalista es entonces inevitable. Como lo indicaron los camaradas chinos: ‘‘El ascenso del revisionismo al poder significa el ascenso de la burguesía al poder”. [100]

Si bajo el socialismo el plan de producción no está basado en la experiencia y necesidades de las masas —en lo que colectiva y cada vez más conscientemente ven como necesario y posible producir, no en sus intereses individuales, sino en los intereses de la sociedad en su conjunto (y en última instancia la lucha del mundo por el comunismo)— y si, a su vez, este plan no es devuelto a las masas, como una expresión concentrada de su sabiduría colectiva (a través de la aplicación del marxismo-leninismo); y si ellas no son, sobre esta base, movilizadas para realizar este plan, tomando la iniciativa en sus propias manos, para cumplir y sobrecumplir este plan; entonces se debe encontrar otra manera de inducir, y en última instancia forzar, a las masas para que produzcan este excedente.

Es imposible que algún grupo de “burócratas’’ situado por encima de las clases gobierne la sociedad en nombre del proletariado, porque a fin de mantener tal dominio estos “burócratas’’ deben organizar la producción y distribución de los bienes y servicios. Si los métodos burocráticos de hacerlo prevalecen y caracterizan políticamente el proceso de planificación bajo el socialismo; y si un grupo de burócratas, divorciados y recelados de las masas, toma las decisiones sobre cómo realizar este proceso; entonces esto inevitablemente será realizado a lo largo de líneas capitalistas.

En última instancia, los revisionistas sólo pueden recurrir a la ley del valor como la “palanca’’ organizadora de la producción. Deben reducir a los trabajadores a proletarios sin propiedad, que compiten por la venta de su única mercancía —la fuerza de trabajo— para vivir. Deben apelar al mezquino interés del trabajador en esta competencia, respaldándose en el poder del estado, como una fuerza que se halla por encima de y que oprime a los trabajadores, un arma en las manos de los dueños de los medios de producción. Deben hacer esto porque tienen que encontrar alguna manera de organizar la producción. Como no lo pueden hacer de una manera consciente, planificada, por su propia cuenta, no tienen otra opción que convertirse en una nueva burguesía. (La ley del valor es modificada por el monopolio en el sentido que los monopolios pueden elevar los precios de sus mercancías por encima de su valor real. Pero esto no elimina el papel regulador de la ley del valor; de hecho, agudiza las contradicciones del capitalismo.)

Una vez que se toma este camino, la relación planificada entre los diferentes sectores de la economía, según el principio socialista de subordinar la rentabilidad —en el ámbito empresarial, y en la sociedad en general— al objetivo de completar y constantemente elevar el desarrollo también debe caer bajo la regulación de la ley del valor. Y esto significa que la ganancia debe ponerse al mando. La ganancia debe actuar como reguladora de las relaciones entre las diferentes empresas y ramas de la economía y determinar la base sobre la cual intercambiarán sus productos y mercancías, las unas con las otras. Además, la ganancia, para los diferentes capitalistas individuales o grupos de capitalistas, debe regular la manera en la que el excedente de la sociedad es apropiado y utilizado (reinvertido).

Una vez que la producción ya no es regulada por un auténtico plan socialista basado en la suma de las necesidades y deseos de las masas trabajadoras, determinado por un partido revolucionario marxista-leninista que posee estrechos vínculos con las masas, entonces sólo puede ser regulado por un mercado capitalista —por aquello que generará la mayor ganancia. Aún cuando exista un “plan” capitalista para el desarrollo, incluso un “plan” estatal diseñado para garantizar la rentabilidad de las industrias monopolizadas clave, las leyes de la producción y el cambio mercantil, sobre todo la ley de valor —la fuerza ciega del mercado—, seguirán siendo dominantes. Esto significa que, a su vez, se desarrollará inevitablemente la competencia entre los diferentes capitalistas, que controlan distintos sectores de la economía y distintas “piezas” del excedente.

Esto es lo que ocurre actualmente en la Unión Soviética. La competencia ocurre principalmente, no entre los capitalistas industriales —directores de empresas y de granjas, gerentes, etc. (aunque es probable que también ocurra a este nivel)—, sino sobre todo entre los diferentes altos funcionarios del Partido y el Estado, que controlan distintos ministerios, regiones, industrias, etc.

Como hemos señalado, la economía soviética se puede comparar en muchos aspectos con la de la Alemania nazi. Bajo el régimen nazi los distintos sectores de la economía —el del acero, carbón, etc.— estaban organizados en trusts o sindicatos bajo el control del Estado que utilizaba el crédito como un regulador clave. No obstante, existía una feroz competencia entre los capitalistas dentro de estos trusts y sindicatos, y entre los capitalistas cuya riqueza y poder se concentraban en uno o en varios de estos distintos trusts y sindicatos. También existía una feroz competencia dentro de los ministerios que controlaban el crédito entre los capitalistas estando más estrechamente involucrados o alineados con estos diferentes trusts, sindicatos, etc.

Algo básicamente parecido está ocurriendo en el interior de la Unión Soviética, aunque las formas particulares en las que esto ocurre, y los individuos específicos y empresas involucradas, no hayan sido aún debidamente expuestos. Pero una vez que la ganancia viene a regular la relación entre las diferentes ramas de la economía, y entre ellas y las instituciones estatales de crédito, es inevitable que, por ejemplo, aquellos cuya ganancia proviene principalmente de la producción de acero luchen contra aquellos que les suministran los medios de producción —carbón, petróleo, mineral de hierro— para la producción del acero; así como contra aquellos que compran productos de acero.

La creación de las Asociaciones de Producción a gran escala revela que esto se está desarrollando rápidamente en la Unión Soviética. Estas Asociaciones de Producción competirán inevitablemente las unas con las otras en busca de la ganancia. Una asociación centrada en la producción de acero, por ejemplo, intentará ramificarse en la explotación hullera. Pronto las Asociaciones de Producción no sólo se establecerán de acuerdo a la industria sino que —y hasta cierto punto, sin duda, ya lo hacen— representarán a grupos de capitalistas competidores cuyos intereses son muy variados; equivalentes, digamos, a los grupos de Rockefeller o Morgan en los Estados Unidos. Estos grupos competidores lucharán, a su vez, por la influencia política y el control en el Partido comunista.

Será imposible para estos capitalistas en competencia dividir pacíficamente la riqueza. Lo intentarán, pero su eterna búsqueda de mayores beneficios siempre creará nuevas contradicciones entre ellos. Cualquier alianza siempre se hará añicos independientemente de los acuerdos que logren establecer entre sí. Esto se debe directamente a la contradicción fundamental del capitalismo y el imperialismo que se observa en todas partes —la contradicción entre la apropiación privada y la producción social de la riqueza.

Es esta contradicción la que ya está causando estragos en la economía soviética. Con la ganancia al mando, la burguesía soviética, como la burguesía de todas partes, no es capaz de desarrollar la economía soviética con eficiencia, rapidez y de un modo equilibrado, completo. Un ejemplo de esto es revelador. En 1972, cuando la mala planificación y el mal tiempo se combinaron para crear uno de los peores desastres agrícolas en la historia soviética, la Unión Soviética necesitó con urgencia un gran número de cosechadoras, camiones y secadoras para una cosecha de emergencia. Sin embargo, muchas de ellas estaban fuera de servicio debido a la escasez de piezas de repuesto. Esto se debió a que la producción de piezas de repuesto no es tan rentable como la producción de máquinas.

El mismo problema reapareció en 1973 cuando las autoridades soviéticas se jactaron de una “excelente cosecha sin precedentes” que ascendió a 222,5 millones de toneladas del grano. En el pleno del Comité Central celebrado en diciembre de 1973 Brezhnev confesó que la escasez de maquinaria agrícola causó que grandes cantidades de esta “excelente cosecha” se pudriera en los campos. Algunos observadores Occidentales estiman que la cosecha utilizable ascendió solamente a cerca de 165 millones de toneladas. [101]

Debido a que en el capitalismo no hay manera de que se tengan plenamente en cuenta las necesidades globales de la economía, tal anarquía es inevitable. Por otra parte, el capitalismo no puede tener éxito —en particular ya que se desarrolla en la etapa de imperialismo— en el desarrollo de las fuerzas productivas al máximo. La anárquica, competitiva y desorganizada apropiación del excedente y su reinversión de acuerdo al afán de lucro, no sólo distorsionan lo que se produce, sino que afecta también cuánto se produce. Esto es lo que los marxistas quieren decir cuando decimos que el capital se convierte en una traba para el desarrollo de la producción.

Desde 1928, la Unión Soviética ha realizado nueve Planes Quinquenales para el desarrollo económico, incluido el actual Plan (1971-75). Hasta, el Quinto Plan Quinquenal (1951-55), el valor bruto de producción industrial creció a una tasa anual media de más del 13%, la tasa de crecimiento más alta en el mundo. [102] Sin embargo, en el período 1966-70, la producción creció en sólo 8,4%, lo que significó un ligero descenso del 8,6% de crecimiento en 1961-65. [103] Además, según estimaciones del gobierno estadounidense, hubo un descenso más pronunciado en el crecimiento de la producción no-militar —durante 1966-69 ésta creció en una tasa estimada de 6,2% en comparación con el 6,8% en 1961-65 y casi el 10% en la década de 1950. [104] Según estadísticas facilitadas por el Departamento Central de Estadística soviético, el crecimiento de la producción industrial total en los tres primeros años del Noveno Plan Quinquenal llego a sólo el 7,8% en 1971, 6,5% en 1972 y 7,4% en 1973. [105]

Como la Unión Soviética es una sociedad estatal-capitalista, los efectos de la anarquía capitalista pueden ser atenuados hasta cierto punto a través del funcionamiento del plan central estatal. Este plan está diseñado para equilibrar las necesidades de las diferentes industrias, garantizando una ganancia “justa” a cada una. Pero el plan no puede resolver las contradicciones del sistema, y de hecho estas contradicciones se expresan sin duda alguna en una feroz lucha cuando se prepara el plan. Como consecuencia, el propio plan se encuentra cada vez más divorciado de la realidad de la vida económica.

Mientras que bajo el socialismo, las previsiones del plan soviético casi siempre se cumplían y hasta se sobrecumplían, hoy éstos son a menudo revisados y rebajados a mediados del plan. Aún así, muchos departamentos económicos importantes ni siquiera cumplen las cuotas revisadas. Este lamentable estado de crisis de la actual economía soviética se ilustra más claramente en las siguientes estadísticas que describen los resultados del Octavo Plan Quinquenal que concluyó en 1970.

resultados-del-8vo-plan-quinquenal (se puede ver la imagen completa mediante click derecho y “abrir imagen en una pestaña nueva”)

Esta economía estancada refleja la naturaleza en descomposición, agonizante del socialimperialismo soviético y de todo el imperialismo. El imperialismo no puede desarrollar totalmente las fuerzas productivas porque cuánta más plusvalía se le arranca a la clase obrera y se transforma en capital, sojuzgando y oprimiendo a los trabajadores, más difícil se vuelve para los imperialistas asegurarse el beneficio máximo en su propio mercado. El beneficio se debe asegurar en la venta de las mercancías producidas, y el principal mercado para todas las mercancías es la clase obrera, que constituye la mayoría de la población. Por otra parte, el desarrollo anárquico de la producción bajo el capitalismo significa que determinados productos son siempre, en efecto, sobreproducidos mientras que otros no se producen suficientemente. Estos factores no sólo producen las crisis periódicas del capitalismo, también tienden a reducir permanentemente la tasa de ganancia, estancando el desarrollo económico. De esta manera, todos los países imperialistas son impulsados por la lógica interna —las leyes fundamentales de su sistema— a buscar nuevos mercados para sus mercancías y, lo que es más importante, para invertir su capital.

La unidad para la mayor ganancia obliga a los capitalistas soviéticos en competencia a invertir cantidades crecientes del excedente dondequiera que la mayor tasa de ganancia esté asegurada. En otras palabras, los socialimperialistas, al igual que los imperialistas de todo el mundo, deben exportar capital a otros países —y junto con esto deben colocar ejércitos en el extranjero y hacer otras cosas para “garantizar” el retorno provechoso de estas inversiones. Se ven obligados a entrar en competencia con sus rivales imperialistas, en la lucha por un nuevo reparto del mundo y de los mercados para el capital.

De esta manera, las contradicciones de imperialismo “se desbordan” y se vuelven contradicciones mundiales en un sentido muy real y profundo. Esto es por qué la Unión Soviética es efectivamente un país imperialista, que opera bajo la cobertura del socialismo, pero que está regida por las mismas leyes objetivas que el resto de los países imperialistas.

Notas

[97] Schroeder, “Soviet Economic Reform at an Impasse”.

[98] Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach”.

[99] Karl Marx, “Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores”.

[100] Una conversación del Presidente Mao en agosto de 1964.

[101] Wen Hsun, “Truth About Fast and Steady Development of Soviet Economy”, The Afro-Asian Journalist, July 1974.

[102] Wen Hsun.

[103] Schroeder. “Soviet Economic Reform at an Impasse”.

[104] Joint Economic Committee. Economic Performance and the Military Burden in the Soviet Union. U.S. Govt. Printing Office. 1970. p. 18.

[105] Schroeder.

La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos.


Acerca de un artículo anarquista sobre el golpe derechista húngaro del 56

29 diciembre, 2013

Nos han pasado un enlace al foro libertario alasbarricadas.org en el que un usuario cuelga un artículo (http://freirespublica.blogspot.com.es/2013/12/memoria-de-la-revolucion-hungara-de-1956.html) sobre los hechos que acaecieron en Hungría en 1956. Nos parece  absurdo pretender darle contenidos “revolucionarios” y hasta “anarquistas” a ese episodio. Así que expondremos brevemente nuestra opinión para no dejar lugar a dudas.

Seleccionamos los párrafos más significativos:

“Situemos en su contexto los hechos: en estos momentos Hungría está sometida a una de las dictaduras estalinistas más rígidas bajo el liderazgo de Mátyás Rákosy y el “Partido de los Trabajadores Húngaros”. Dicha dictadura había sido establecida gracias a las tropas soviéticas de ‘liberación’ que tuteló el ascenso al poder de dicho partido y envió al exilio, encarceló o eliminó a todos los dirigentes políticos hostiles. Irónicamente las primeras elecciones pluripartidistas celebradas en 1945 habían dado la mayoría absoluta al ‘Partido de los Pequeños Propietarios’, si bien las autoridades soviéticas forzaron un gobierno de coalición en que el Partido Comunista de Hungría (PCH) (con un 17 % de los sufragios) se hacía con el ministerio del interior.”

Queremos ir más allá de las estupideces que suelen soltar algunos libertarios sobre el poder soviético o las democracias populares, ya sabéis, eso de regímenes terroríficos que asesinan a cualquiera que disienta con ellos; porque, como todos sabemos, si alguien es ejecutado por un comunista automáticamente es buena persona e inocente, y por supuesto los anarquistas NUNCA han ejecutado a nadie. Más allá de las palabras de gran calibre simbólico, el texto no explica que, si era un régimen impuesto por la URSS, para qué se tomaron tantas molestias en competir con partidos como el de los Pequeños Propietarios en elecciones, en lugar de prohibirlos y perseguirlos desde el principio. ¿Será que no pasó tal como relatan?

Vamos a citar a Ludo Martens para recordar datos “olvidados” por el autor del texto:

A partir de 1947, James McCargar, secretario de la delegación estadounidense en Budapest, y el capitán McClemens, utilizaron a varios dirigentes del ala derecha de la socialdemocracia –entre ellos Kuroly Peyer y Frigyes Pisky-Schmith– para constituir redes de espionaje.

Obsérvese que se trataba de actividades –más tarde reconocidas públicamente– que los servicios secretos norteamericanos realizaban en esa época entre los dirigentes socialdemocratas de Suecia, Italia y Bélgica. El 8 de febrero de 1948 el secretario general del Partido Socialdemócrata, Szakasits, anunció la decisión de excluir del partido su ala derecha. En junio de 1949, este partido se fusionó con el Partido Comunista y se formó el Partido de los Trabajadores Húngaros. En las elecciones de 1947, el Partido Comunista había obtenido el 22% de los votos, que lo convertía en la primera fuerza política del país, y el Partido Socialdemócrata de Szakasits, el 14%.

El nuevo poder reprimió a reaccionarios, recalcitantes fascistas de la ocupación y demás conspiradores, pero contra todos aquellos que trabajaban dentro de la democracia popular, incluidos los partidos no-comunistas, no hubo persecuciones. Los comunistas vencieron con trabajo político, trabajo que algunos apodaron la “táctica del salami” mediante la cuál los comunistas extendían su hegemonía a las bases y los cuadros de otros partidos y aislaban sus sectores derechistas o las quintas columnas infiltradas. La mayoría de veces no hizo falta ni utilizar la coacción, fueron los mismos partidos quienes desechaban de sus filas a estos sujetos. Gracias a su duro trabajo, el Partido de los Trabajadores atrajo a una base social suficiente para llevar adelante y liderar el proceso revolucionario.

Eran sin embargo tiempos de cierto deshielo: Stalin había muerto en 1953 y en febrero de 1956 Kruschev había dado su famoso informe secreto en el que había reconocido los peores crímenes del estalinismo. Por otra parte en Polonia se estaba produciendo un periodo de protestas reconducido por el comunista aperturista Gomulka. Pero Rákosi seguía representando una de las líneas más duras del estalinismo: no había dudado en expulsar 200 000 militantes del partido e incluso purgar a Janos Kadar, el que posteriormente y como ironía se convertiría en el hombre de Moscú.

El detonante de los hechos fue, como tantas veces en la historia, una rebelión estudiantil. Los estudiantes de la Universidad Politécnica de Budapest y la Organización Unificada de Estudiantes Universitarios de Hungría elaboran una plataforma común de 16 puntos que exigía entre otras la retirada de las tropas soviéticas y de solidaridad con el pueblo polaco. Esta manifestación estudiantil se convierte en pocas horas en una rebelión general de más de 200.000 personas, que comenzaron a exigir “libertad” y “independencia”.

Nótese que para el autor del texto, la contrarevolución jruschovista, mediante la cual el revisionismo desmantelaba la dictadura del proletariado, depuraba a los oponentes marxistas-leninistas y reconstituía el capitalismo en la URSS, es un cierto “deshielo”. Tal vez es que él es un amante de la propiedad privada y hubiese pedido más “deshielo” a Jruschov. Bueno, al menos no ha dicho que Rákosi fusiló o encarceló a esos supuestos 200.000 militantes purgados del Partido, como se supone que Rákosi mataba a todo dios…  Por cierto Rakosi, abandonó el liderazgo del país destituido por el “deshielo” de Moscú, así como el diregente polaco Bolesław Bierut, asesinado a traición por los revisionistas cuando acudió al XX congreso del PCUS.

Centrémonos, pero, en las protestas en Hungría. Así relata el comunista húngaro, Mihály János, los hechos:

Mientras los estudiantes se manifiestan pacíficamente en la capital y en provincias, a sus espaldas, las fuerzas contrarrevolucionarias inician un ataque armado contra el aeropuerto de Budapest, las estaciones de tren, de radio, los centros de teléfono y los arsenales militares. Por la noche grupos armados y bien organizados asedian el edificio de la radio. Los estudiantes no tienen todavía idea de lo que está pasando.
(…)

Durante el transcurso de los acontecimientos, la composición de las masas que están en la calle se transforma radicalmente. Se abrieron las puertas de las cárceles y fascistas, criminales de guerra, delincuentes comunes, quedan liberados y esperando una definitiva libertad, se unen a los enfrentamientos sangrientos. Pero además consiguen atraer con su demagogia social y nacionalista, a centenares de jóvenes ansiosos de romanticismo y de aventuras (…).

El 30 de octubre asedian la sede del partido en Budapest. Para aumentar el odio y la determinación de las masas extienden rumores de que hay presos en los sótanos de la sede. Después de varias horas de asedio los contrarrevolucionarios irrumpen en el edificio y se comporta de manera vándala con los que están dentro, incluyendo las mujeres. Éva Kállai no quiere caer en manos de los contrarrevolucionarios así que se tira por la ventana, morirá por las heridas al caer. Tenía 40 años y dejó huérfanos 3 niños. Imre Mező, János Asztalos y József Papp fueron asesinados por la multitud, a pesar de ir con una bandera blanca en la mano; habían salido para parlamentar y evitar más derramamiento de sangre. János Asztalos dejó cuatro huérfanos. Durante la defensa del edificio murieron también Péter Lakatos, de treinta y dos años y Lajos Szabó.

(…)

La defensa de la Radio Húngara merece una especial atención. En tiempos de paz el control del edificio se realizaba sin ningún tipo de guardia armada. Tras los trágicos acontecimientos se reforzó la defensa, pero no se les entregó armas. László Kovács, comandante, se presentó voluntario para la defensa. Tampoco disponía de armas. (…) Irrumpieron en el edificio y respondieron a los intentos pacíficos de negociar del comandante, con una ráfaga de disparos. Tenía treinta años. Murió desarmado, víctima de los asesinos. (…)

Lo mismo sucedió con László Magyar, que también salió desarmado del edificio para convencer a las masas. La única respuesta a sus palabras fue un tiro. Tenía treinta y un años. Estos episodios que se sucedieron en numerosas ocasiones durante el 23 de octubre, dejan bien claro de qué lado estaban los asesinos y de cual las víctimas.

(…)

Kálmán Turner participó en la defensa armada de la sede del partido en Pesterzsébet. A finales de octubre junto con algunos camaradas comenzó la reorganización del partido. Un grupo armado irrumpió en su casa y lo asesinaron brutalmente ante la mirada de su esposa y sus hijos.

(…)

Sándor Szalai comandante del Instituto de Historia Militar, luchó también contra los contrarrevolucionarios. Fue asesinado brutalmente junto con su suegro. József Kalmár era presidente del consejo de Csepel. Contra él organizaron una auténtica cacería. Finalmente dieron con él en Királyerdő. Allí acabaron con su vida. Károly Jakab había sido encargado de vigilar el almacen de alimentación de la avenida Gorki, para que no lo robaran los delincuentes. El 29 de octubre, nada más salir de su casa recibió un disparo en el corazón. Tenía 32 años. El 12 de enero de 1957 Imre Bojti pidió en la calle la documentación a un sospechoso, que sacó una pistola y lo disparó a quemarropa. Su esposa sufrió tanto por su muerte que falleció ella también al poco tiempo, dejando tres niños huérfanos.

Están falsificando la historia en relacción a 1956, y no solo lo hace la derecha, también la izquierda-liberal. Por eso debemos sacar los materiales de los archivos para demostrar nuestro punto de vista, y quitar a los grandes “revolucionarios” su careta de héroes. Dejemos claro qué matanza tuvo lugar en el pasaje Korvin o en la plaza del Heno. (…) Mostremos las fotos de los archivos donde es bien visible cómo cuelgan a los comunistas, a los miembros del ÁVH, a cualquiera que fuera sospechoso para esos criminales, o a cualquiera al que llamaran comunista. Pero mostremos también esas fotos en las que se ven sus cuerpos atados a los coches y cómo los arrastran por las calles los verdurgos sadistas, que tras los acontecimientos fueron juzgados con toda justicia, pero que la caída del comunismo ha convertido en héroes. (…)

Vemos las imágenes de comunistas asesinados en la plaza por los grupos fascistas:

     Se nota las pintas de estudiantes de los dos hombres de delante, sí, sí.

comunistasesinado

 El escritor  Alexandr Bobrov, en un artículo que se puede encontrar en Kaosenlared.net dice:

Las tropas fueron extremadamente moderadas. En unas condiciones de zozobra e indecisión de los dirigentes de la URSS, por orden del 30 de octubre, los soldados soviéticos, tenían prohibido repeler los disparos, “caer en provocaciones” y salir de su ubicación. Todas las tropas fueron conducidas a sus emplazamientos. Las calles quedaron sin gobierno. Comenzó el derramamiento de sangre. Los guardias de Béla Király y Dudás ejecutaban a comunistas, miembros del AVH, y militares húngaros que se negaban a subordinarse.

En eso primeros momentos los rebeldes animados por el éxito, se radicalizaron rápidamente, abriendo fuego contra las tropas soviéticas. Fueron numerosos los casos en que asesinaron a soldados soviéticos de permiso, o que estaban de guardia, en numerosas ciudades húngaras. Que probasen hoy en cualquier país a matar tan impunemente a un soldado usamericano y escuchar un tan condescendiente “no abrir fuego, no responder”. Imposible imaginar, pero entonces a nuestros muchachos, los dejaron expuestos.

Los insurrectos tomaron al asalto la sede local del Partido del Trabajo, y más de 20 comunistas fueron ahorcados por la multitud. Las fotos de los comunistas ahorcados con signos de tortura, con los rostros desfigurados por el ácido, dieron la vuelta al mundo. Los rebeldes correteaban por las calles a la caza de miembros de la seguridad de estado. Los reconocían por sus famosas botas amarillas, los descuartizaban o los colgaban por los pies; a veces los castraban.

A los dirigentes del partido que capturaron les clavaban al suelo con enormes clavos mientras les hacían sujetar los retratos de Lenin en las manos. Hay fotos terribles, bien conocidas: el cadáver desfigurado de un miembro de la seguridad del estado, colgado cabeza abajo, el asesinato de un comunista con un disparo a quemarropa, un tanque soviético destruido.

Hay más. Para el autor, este levantamiento se traba una revolución de estudiantes y obreros organizados en consejos revolucionarios:

Debido al giro radical de los acontecimientos, el régimen opta por llamar como primer ministro a Imre Nagy, un “reformista” que ya había gobernado el país de 1953 a 1955. Al mismo tiempo, el régimen llama a las tropas rusas “para restaurar el orden” produciéndose en los barrios periféricos de la periferia una resistencia armada de jóvenes obreros y estudiantes, frente a los tanques soviéticos. Esta resistencia armada provoca el colapso de las instituciones oficiales. En unos cuantos días y horas las masas se organizan para la resistencia y se declara la huelga general, declarada por comités obreros y revolucionarios que se forman en la mayoría de las empresas en estrecha conexión con los estudiantes.

Toda esta autoorganización, al margen del “parlamento” estaliniano, junto con la lucha armada que se está produciendo contra el ocupante ruso, provoca una crisis del régimen. El 25 de octubre cayó el líder del “Partido de los Trabajadores Húngaros” (PTH) (irónico nombre para el partido único que oprimía a los obreros y el pueblo) y lo sustituyó Janos Kadar. El 27 de octubre Imre Nagy forma un gobierno de coalición en el que integra partidos “de la oposición”. El 28 de octubre se decretó el “alto el fuego” y las tropas rusas salían de Budapest. Pese a ello los consejos obreros se mantienen vigilantes y mantienen la huelga general.

Algo no cuadra ahí. Son obreros y estudiantes que, de un día para otro, se arman y derrocan al poder existente. Vaya, mira que es raro que en un régimen ultra-represivo donde se ejecuta por nada, el gobierno permita a los opositores ir armados como si nada. Y, más sorprendente aún, es todo espontáneo, no había organización previa ni nadie detrás de esto, pero en un abrir y cerrar de ojos los rebeldes organizan casi casi un nuevo poder.

Sigamos con Bobrov:

Hablemos ahora de la correlación de fuerzas y de las pérdidas. En aquel entonces la guarnición de Budapest contaba con 30 000 soldados; se sabe que alrededor de 12 mil se pasaron al lado rebelde, pero ni mucho menos todos ellos tomaron parte en los combates. Con Maléter arrestado, la mayoría se fue a sus casas. En los distintos destacamentos armados combatieron en total unas 35 mil personas, de las que más de la mitad eran antiguos soldados y oficiales horthystas, que formaban la columna vertebral de los golpistas.

Pocos son hoy los que se aventuran a cargar las tintas sobre el tema de la composición social de los “sediciosos”. Lo habitual es que pongan de relieve que se trataba de “estudiantes y obreros”, pero a juzgar por las listas, tampoco es que hubiese muchos estudiantes entre ellos. Incluso los historiados húngaros se ven obligados a reconocer, a regañadientes, que la mayoría eran horthystas.

Los golpistas contaban con 50 mil fusiles, hasta 100 tanques, y cerca de 200 piezas de artillería y morteros. Una fuerza considerable.

Las tropas soviéticas en apenas cuatro días pudieron derrotar y dispersar a un ejército de 15 000 insurgentes, y tomar bajo control los puntos estratégicos de la ciudad. Según los datos con los que contamos, entre el 23 de octubre y el 31 de diciembre d 1956, a raíz del levantamiento y los enfrentamientos que le sucedieron, cayeron de ambos bandos 2652 ciudadanos húngaros y 19226 resultaron heridos. Las pérdidas del lado soviético ascendieron a 720 soldados muertos, 1540 heridos, y 51 desaparecidos.

El Partido de los Trabajadores de Albania se pronunció ante este episodio. Aquí unas palabras de Enver Hoxha:

La injerencia de los imperialistas en Hungría ha sido el factor principal de la contrarrevolución. Desde hacía tiempo venían organizando bandas de criminales, de horthystas y de fascistas inveterados, que fueron introducidos en el territorio de la República Popular de Hungría durante la preparación de la contrarrevolución y que montaron una propaganda desenfrenada contra la Unión Soviética y el campo socialista, contra el Partido de los Trabajadores Húngaros y el poder popular en Hungría. Numerosos hechos confirman con pruebas fehacientes su abierta intervención en los asuntos de Hungría.

La actividad de los imperialistas encontró apoyo en los enemigos internos, en los enemigos del poder popular y en el enemigo de clase.

Imágenes de los soldados soviéticos requisando armas que los imperialistas enviaban a Hungría escondidas en coches de la Cruz Roja:

 La verdad es que del lado de los “rebeldes” no se encontraban figuras destacadas que se pudiesen catalogar de revolucionarios, sino gente como el cardenal  József Mindszenty, quien guardaba un rencor absoluto a los “infieles” comunistas, personaje acusado por la comunidad judía en Hungría de haber colaborado pasivamente con las deportaciones y los crímenes nazis en Hungría. Suponemos que los anarquistas no le habrían metido una bala en la cabeza, que va.