El «abogado» charlatán de la podrida línea china; Enver Hoxha, 1977


Kazimierz Mijal y Mao Zedong

El «abogado» charlatán de la podrida línea china
Un nuevo peón disciplinado se ha adherido a la línea revisionista del Partido Comunista de China. Se trata de Kazimierz Mijal, Secretario General del Partido Comunista de Polonia. Después del australiano Edward Hill y del francés Jacques Jurquet, apareció otro renegado del marxismo-leninismo que se pone a atacar las tesis marxista-leninistas del VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1976. Nos envió estas críticas por escrito, haciéndolas pasar por decisiones del Comité Central del Partido Comunista de Polonia, con el cual hace siete u ocho meses que no tiene ningún contacto. La carta viene aparentemente de Varsovia, pero Mijal tampoco tiene contacto alguno con la capital polaca. Toda esta falsa escenificación para dar importancia a sus «tesis» revisionistas, para mostrar que es un «hombre de principios» y que se atiene al principio de la dirección colectiva, tiene por objeto demostrarnos que las críticas dirigidas al Partido del Trabajo de Albania provienen del Comité Central del Partido Comunista de Polonia y en absoluto de los chinos, cuando de hecho le han sido sopladas al oído en Pekín y más tarde, después del VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1976, por el embajador chino en Tirana.
El revisionista polaco Mijal se ha convertido en lacayo de los chinos. En los problemas acerca de los cuales nos ataca, y en muchos otros, ha estado a favor de nuestras tesis y se ha pronunciado por ellas y en contra del Partido Comunista de China. Todo esto está documentado en las actas de las conversaciones que hemos tenido con él. Ahora ha cambiado de bandera. ¿Y por qué? Porque no sólo era un revisionista disfrazado, sino que posiblemente también fuese un agente enviado a nuestro país en las dramáticas condiciones que sabemos. Le acogimos, y no escatimamos nada para que se sintiese, durante su estancia aquí, como en su propio país.
En las opiniones políticas e ideológicas no teníamos ninguna divergencia con él, sólo le aconsejábamos que estableciese contacto fuera de Polonia, con algún camarada enviado por el Comité Central del Partido Comunista de Polonia, porque este contacto no podía llevarse a cabo por medio de nuestra embajada.
Al principio Mijal no hablaba de China con simpatía, pero tampoco se pronunciaba en su contra. Poco a poco fue profundizando su crítica y terminó por estar en contra de una serie de tesis chinas, que condenaba. Cuando una vez visitó China no le hicieron el menor caso, por eso regresó de Pekín hecho una furia y se pronunció contra los chinos. Bien, hasta aquí todo era normal, no teníamos ninguna razón para sospechar de él.
Pero, después de algunos gestos dudosos, Mijal comenzó a criticar, utilizando tesis revisionistas, las decisiones y los actos de nuestro partido. Esto nos obligó a mostrarnos más vigilantes. Respondimos a sus críticas, y parece ser que se turbó. A continuación fue más lejos, y ha llegado al punto de enviarnos la carta en cuestión pronunciándose contra nuestro VIIº Congreso y a favor de la línea revisionista china. Es decir, que Mijal, cuando vio que teníamos contradicciones con los chinos, cambió de camisa.
¿Es posible que Mijal esté –y ésta es una suposición– al servicio de los soviéticos, que le enviaron a Albania con determinados fines? En la situación que se ha creado entre nosotros y los dirigentes chinos, ¿es posible que, al servicio de otros intereses, se le haya encomendado la tarea de ganarse la confianza de estos últimos? Se trataría de una «misión importante» que el espionaje polaco y soviético podrían haber confiado a Mijal, que, después de nuestro Congreso, comenzó a atacarnos abiertamente. Los chinos están contentos de que esta oveja sarnosa haya entrado en su redil.
Pero veamos ahora la carta que este servidor de los revisionistas chinos ha enviado a nuestro partido.
Kazimierz Mijal nos critica por dos cuestiones, que él califica de «errores políticos e ideológicos», de «errores funestos, antileninistas y antistalinianos», porque en ellas nuestras actitudes no coinciden con el «pensamiento Mao Zedong». Tergiversando las ideas y la actuación de Lenin y Stalin, ataca a ambos, ataca al Partido del Trabajo de Albania, ensalza a Mao Zedong y sus ideas revisionistas, valiéndose de fórmulas supuestamente teóricas, pero que en realidad son razonamientos triviales de la propaganda capitalista y de la propaganda alambicada, enteramente ajena a la ideología marxista-leninista, que los chinos han inventado para «apuntalar» sus ideas revisionistas.
¿En qué consisten las divergencias de Kazimierz Mijal con nosotros? Giran en torno a dos cuestiones:
1) en torno al «tercer mundo»;
2) en torno a la cuestión que él sostiene, de que los pueblos del mundo no tienen dos enemigos, sino única y exclusivamente uno.
Las tesis de nuestro Congreso son conocidas y por eso no me extenderé acerca de ellas, pero comentaré un poco las «perlas» revisionistas de este renegado, de este «abogado» charlatán de la podrida línea china.
1) No puede ocultar que el «tercer mundo» es una «tesis de Mao Zedong», aunque diga que «fue Deng Xiao-ping quien la anunció abiertamente en la ONU». Pero esta tesis debe ser argumentada ideológicamente. Ni Mao ni Deng, por lo menos públicamente, jamás han dado una argumentación en este sentido. Entonces interviene el «abogado» Mijal para defender esta tesis y desarrolla dicha defensa «basándose en Lenin». Ahora bien, Lenin no ha dividido el mundo ni en tres ni en cuatro. Lenin sólo ha hablado de grupos de Estados y, cuando ha hablado de mundos, sólo ha mencionado dos: el mundo capitalista y el nuestro, el del socialismo. Esta es la tesis marxista que nuestro partido ha sostenido en sus congresos, y ahora, recientemente, en su VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1976 volvió a defenderla.
Pero, ¿cómo defiende el «abogado» Mijal la tesis «infalible» de Mao Zedong sobre los «tres mundos»? Hace la interpretación «marxista-leninista» de la teoría de los «tres mundos» de Mao Zedong, diciendo que, si se la analiza, significa «grupos, tipos de Estados». Por lo tanto los «mundos» vendrían a ser «tipos de Estados»; el «tercer mundo» sería «un grupo, un tipo de Estados», y todo, según el «abogado», se explicaría así política e ideológicamente desde el punto de vista de clase y desde cualquier otro punto de vista, «por eso en esta división todo tiene un carácter de clase». Así, según él, «el Partido del Trabajo de Albania ha cometido un error en su Congreso».
Para ilustrar la tesis revisionista y contrarrevolucionaria de Mao Zedong, el «abogado» dice que «el nivel de desarrollo del capitalismo en los diversos Estados del mundo, su interdependencia económica, etc., a escala mundial, se opone a la hegemonía de las superpotencias», etc. Pero eso no prueba la justeza de la tesis de los «tres mundos».
Estos «grupos de Estados» capitalistas con diferentes niveles de desarrollo, siguen siendo Estados capitalistas y reservas de uno u otro imperialismo. Estos «grupos de Estados» capitalistas tienen contradicciones con las potencias imperialistas y también entre ellos, y hay que trabajar para profundizarlas con el objetivo de que se beneficie la revolución y la causa de la liberación de los pueblos del capital interior y exterior. Esta es la tesis marxista-leninista del Partido del Trabajo de Albania, mientras que el «abogado» Mijal intenta explicar la tesis maoísta de los «tres mundos». Después de hacer este «juego de manos», el «abogado», para estar al cubierto, arguye que estos «tipos de Estados» que Mao Zedong llama «mundos», están encabezados por reyes, feudales, etc. En estos Estados existen elementos progresistas, etc., y la situación en ellos es complicada, dice el «abogado». Al parecer, para hacerla menos complicada, existe la posibilidad de que el «gran timonel» haya creado ese «tercer mundo», en el que se ha integrado él junto con China. Por consiguiente Mao Zedong, el Sha de Irán, el rey de Arabia Saudita, el fascista chileno Pinochet, la junta fascista de Brasil, etc., se dan la mano y danzan el corro del «tercer mundo». Más abajo en su carta, el «abogado» afirma que «estos Estados del tercer mundo están ligados al sistema neocolonial», etc.
A propósito de la formulación que hacemos de nuestra tesis, que el informe ante el Congreso esclarece sobradamente, así como acerca de los problemas relacionados con los Estados, las contradicciones, etc., el «abogado» pretende «demostrar» que se trata de «una formulación general si se dice que estos Estados son burgueses, capitalistas». Pero, ¿qué otra cosa podían ser? El «abogado» no nos lo dice, lo único que busca es meter también a Albania en el «tercer mundo» –porque China, evidentemente, está dentro–. Así pues, según él, «debemos meternos en el tercer mundo, puesto que somos países en vías de desarrollo». ¡Esta es la definición «teórica» y «de clase» que hacen del «tercer mundo» el «gran timonel» y su «abogado» polaco! ¡Esto, según ellos, sería un juicio de clase, una forma de ver las cosas con un ojo de clase, de enfocarlas a través del prisma de los intereses de clase y de la revolución proletaria! Se trata de una visión propia de renegados revisionistas, de agentes de la burguesía capitalista mundial y nacional.
Se llega al colmo cuando estos traidores dicen que la división de los Estados en «mundos» no fue motivo de preocupación ni para el Komintern ni para Stalin. ¿Y por qué habría de serlo? Tanto para Lenin como para el Komintern, había Estados y grupos de Estados, sin embargo para ellos sólo había dos mundos y no tres.
El «abogado» dice que Lenin ha dividido los Estados burgués-capitalistas en cinco grupos. El análisis de Lenin es justo, pero no calificaba estos grupos de Estados de «cinco mundos» y no metía a la Unión Soviética en estos grupos; continuaba afirmando que hay dos mundos, que son el mundo capitalista y el mundo socialista.
¡Cuánta sucia tergiversación! Después de hacer estas deformaciones, el «abogado», para enmascararlas y tratar de justificarse, dice que «Lenin, al hablar de la necesidad de que el movimiento comunista internacional apoye al movimiento revolucionario de los países de Asia, África y América Latina, que Mao Zedong llama «tercer mundo» ¡¡¡–y así pone a Mao Zedong al lado de Lenin para convencernos de que Mao Zedong piensa como Lenin!!–, no lo hizo para respaldar a estos Estados, sino a los movimientos revolucionarios existentes en el interior de esos Estados», etc. ¿Qué prueba con esto el «abogado»? Lo contrario de lo que sostiene, porque lo que dice confirma que Mao Zedong no defiende, ni en la teoría ni en la práctica, los movimientos revolucionarios existentes, en el interior de estos Estados, sino que defiende a los Estados que oprimen al proletariado y la revolución.
Otro de los colmos revisionistas del fracasado «abogado» Kazimierz Mijal es cuando dice que «no se debe confundir las relaciones del movimiento obrero internacional, incluyendo en ellas las de los Estados socialistas, con el movimiento revolucionario que se desarrolla en los Estados capitalistas con distintos grados de desarrollo» etc. ¿Y Mao Zedong qué hace?
Según él, estos dos movimientos no deben aliarse ni confundirse, ni guiarse el uno por el otro. En otras palabras, que cada uno tire de su lado, basta con que se fundan en el «tercer mundo», basta con que defiendan las tesis maoístas, la alianza con el capital y el imperialismo estadounidense, contra la Unión Soviética socialimperialista.
Por último, el «abogado», para estar al cubierto, lima las aristas y afirma que «las relaciones con estos diversos movimientos no deben ser confundidas con las relaciones internacionales entre los Estados». Para convencernos de que el «tercer mundo» de Mao Zedong se basa en «concepciones de clase», dice que el «tercer mundo» no es una abstracción, porque está constituido por cien Estados. Así ha fijado su número, pero en realidad ha hecho abstracción de todas las contradicciones de clase y de la lucha que se desarrolla en el interior de estos Estados del «tercer mundo» contra la clase capitalista local y el capital monopolista mundial.
La cabeza del «abogado» Mijal, que se esfuerza por presentarse como un «teórico leninista», está llena de concepciones contrarrevolucionarias. Tergiversa y trunca las formulaciones y las citas de Lenin, Stalin y la Komintern, sin hacer referencia de las fuentes. A pesar de todo, aún estando deformadas, estas citas no confirman sus tesis y las de Mao Zedong, que son revisionistas. Mao Zedong es consecuente con sus puntos de vista revisionistas, mientras que el polaco parece un revisionista que se ha quedado desnudo en medio de la calle y busca un refugio donde meter su cabeza llena de basuras.
En su propósito de defender las tesis revisionistas de Mao Zedong sobre la división del mundo en «tres», vacila, e, invocando la versión de los «Estados tipos», trata de refutar nuestras tesis tergiversando las formulaciones de Lenin, que, al analizar la situación internacional existente en su tiempo, ha dividido a los Estados burgués-capitalistas en cinco grupos, pero Kazimierz Mijal se esfuerza en vano, porque no llega a ninguna conclusión y porque no está en condiciones de echar abajo ni tan siquiera una coma de las tesis leninistas de nuestro Congreso.
Al igual que un abogado que, después de haber interrogado al acusado del que asumirá su defensa, formula las tesis del alegato que pronunciará ante el tribunal, el «abogado» Mijal fue a preguntar al embajador chino en Tirana cuáles eran las cuestiones que Hua Kuo-feng deseaba sostener ante el Partido del Trabajo de Albania y el movimiento comunista internacional. Y después de esto, defendió al moderno revisionismo maoísta, atacó al Partido del Trabajo de Albania y al movimiento comunista internacional, sostuvo las tesis del capital, del imperialismo estadounidense y de la Unión Soviética revisionista. Grandes renegados como Tito, Jruschov y Mao Zedong, y después también pequeños como Mijal, Edward Hill y Jacques Jurquet, surgirán inevitablemente en cada viraje del movimiento revolucionario marxista-leninista, pero todos estos renegados, cualquiera que sea su catadura, serán desenmascarados, desacreditados, y terminarán, como han terminado sus antecesores, en el basurero de la historia.
Esta es la esencia y la argumentación de la primera crítica que el polaco Mijal hace a una de las tesis de nuestro VIIº Congreso.
2) Su segunda crítica va dirigida a nuestra tesis: «tas dos superpotencias son igualmente peligrosas». Según él, «ésta es una verdad de carácter abstracto» y, para concretarla, no deja de recurrir a las tesis de nuestro VIIº Congreso que explican la situación internacional y las diversas fuerzas en lucha en esta gran realidad y con conclusiones teóricas marxista-leninistas.
El «abogado» de los revisionistas chinos, el revisionista Mijal, utiliza las mismas maneras, la misma táctica, las mismas tergiversaciones y los mismos juegos de manos que utilizó en el primer punto y da muestras de la misma «seguridad de teórico». Pero aquí «el bocado es grande» y más difícil de tragar. Mijal quiere encontrar razones para confirmar esta tesis revisionista que ni los propios chinos se atreven a sostener abiertamente, como él hace, ante el temor de ser desenmascarados.
Los chinos dicen que «el enemigo principal es la Unión Soviética, mientras que los Estados Unidos están en segundo lugar». Se trata de una tesis antimarxista. Basan toda su ideología y su política en esta definición, y cada uno de sus actos en la arena internacional sigue esta corriente. Pero para enmascararse frente a nuestra línea marxista-leninista, frente al movimiento comunista internacional y la opinión mundial, los chinos no se olvidan de decir de vez en cuando que «tenemos dos enemigos principales: la Unión Soviética y los Estados Unidos».
El polaco Mijal se vuelve «más papista que el papa». Semeja la rana de la fábula que, queriendo ser más grande que el buey, reventó. También el polaco Mijal, para defender una tesis revisionista reaccionaria, se ha hinchado hasta reventar y ha puesto al descubierto no sólo sus propias ignominias, sino también las de los chinos.
¿Cómo intenta Mijal refutar nuestra tesis? Muy simplemente: ¡«Un país no puede tener dos enemigos, sino uno solo, uno interior y uno exterior. Incluso a escala continental hay un enemigo principal y no dos»!
El polaco ha planteado así el problema a fin de sostener la tesis china de que «el enemigo principal es el socialimperialismo soviético», porque ¡«es más rico económicamente, está mejor armado, es más dinámico, está menos desenmascarado»! –se trata de razonamientos preparados y enviados por Keng Piao–.
Ahora bien, Mijal tiene en cuenta que la estrategia china cambia en cada congreso. El VIIIº Congreso del Partido Comunista de China de 1956 ponía de relieve que «el enemigo principal eran los Estados Unidos, y que por lo tanto debíamos unirnos a la Unión Soviética contra los estadounidenses»; en cambio ahora, ¡los Estados Unidos se han vuelto menos peligrosos! No sería extraño que el XIº Congreso del Partido Comunista de China, decida que el enemigo principal no es la Unión Soviética, sino los Estados Unidos o declare que ¡las dos superpotencias son inofensivas!
Así el polaco explica estas volte-face  con el «argumento» de que «la vida no permanece estancada», es decir, que según él, los partidos comunistas deben cambiar de estrategia cada siete años, porque «hoy la Unión Soviética es el enemigo principal y los demás son sus perros falderos», mañana «los Estados Unidos se convertirán en el enemigo principal y los demás en sus perros falderos». Y para ilustrar su idea, que es revisionista Mijal ha tomado supuestamente este «argumento» de Lenin.
Partiendo de estas tesis revisionistas, Mijal razona como un nacionalista polaco y en absoluto como un internacionalista. Dice: «Para el Partido Comunista de Polonia hay un enemigo exterior, la Unión Soviética, y un enemigo interior, Edward Gierek. Para combatirlos, el Partido Comunista de Polonia debe unirse incluso con la reacción más negra» –tesis enviada por Keng Piao–. De modo que, si Mijal está dispuesto a unirse con la reacción más negra –el Vaticano–, ¿por qué no se une con Gierek, que tampoco quiere a los soviéticos? ¡Pero llegará el momento en que también se unirá con Gierek!
Y, según Mijal, ¿cuál es el enemigo principal del Partido Comunista de Alemania (marxista-leninista)? No lo dice, pero lo piensa: «La Unión Soviética». Mas el que Alemania Occidental sufra al mismo tiempo a causa de los revanchistas de Bonn y la dominación estadounidense, y el que Alemania Oriental sufra al mismo tiempo a causa de la banda revisionista de Erich Honecker y la Unión Soviética, le importa un ápice a este «dialéctico» maoísta.
Y el Partido Comunista de Italia (marxista-leninista) que, además de los Estados Unidos, tiene dos enemigos internos ¿contra quién debe combatir según Mijal? Tampoco lo dice, pero lo piensa: «Contra la Unión Soviética».
¡¡Así pues, de esta manera tan clara, tan simple, tan «teórica», resuelve este renegado todas estas cuestiones!!
A partir de aquí quiere llegar a otro punto: al error que nosotros, los albaneses, cometemos cuando decimos que «no debemos apoyarnos en un imperialismo para combatir a otro». Según este lacayo de los estadounidenses, podemos apoyarnos en los Estados Unidos y en sus perros guardianes para combatir al enemigo principal, la Unión Soviética.
Mijal afirma que la tesis de nuestro Congreso cierra las puertas a los «compromisos», a las «alianzas», tanto en el interior como en el exterior. Y para demostrar esta absurdidad, ¡tergiversa a Lenin y Stalin, falsifica la historia! Toma como ejemplo la paz de Brest-Litovsk de 1918 y la califica de «un compromiso de Lenin con Alemania». La paz de Brest-Litovsk no fue un compromiso sin principios, como la interpreta Mijal, sino una paz que le vino impuesta a Lenin ante la necesidad de salvar a la República Soviética. Gracias a ella, Lenin, que creó el primer Estado de los proletarios, sacó a este Estado de una guerra de rapiña, imperialista, y defendió la revolución. Fue un acto justo que se opuso a los designios de los nobles y de los Kerenski, que, hombro a hombro con los imperialistas anglo-franceses querían proseguir la guerra de la Rusia zarista derrocada y sofocar la revolución. Este renegado va aún más allá, evocando la «historia del vagón sellado» para demostrar hasta qué punto había llegado el compromiso de Lenin con la Alemania del Kaiser. Con ello, este renegado intenta echar barro sobre Lenin y la Revolución de Octubre de 1917, pretendiendo que ambos fueron ayudados por el imperio alemán.
Asimismo Mijal no deja sin mencionar el «pacto de no agresión soviético-alemán» concluido por Stalin, y la alianza entre la Unión Soviética y los Estados Unidos e Inglaterra contra el nazismo. Stalin actuó correctamente y no hizo ningún compromiso sin principios, ni con Hitler, ni con el imperialismo anglo-estadounidense. Cuando la guerra estaba a las puertas de la Unión Soviética, cuando Hitler se había anexado Austria y Checoslovaquia, cuando Chamberlain firmaba el tratado de Munich de 1938 para empujar a Hitler contra la Unión Soviética, Stalin llamó a las «democracias» occidentales a una alianza antifascista, pero hicieron oídos sordos. Entonces, para ganar tiempo, firmó el pacto de no agresión, y no una alianza con la Alemania nazi.
Después de dar estos «argumentos» y de haber evocado los compromisos», el renegado polaco plantea una pregunta a la que él mismo responde: «¿Acaso con ello Lenin y Stalin traicionaron el marxismo-leninismo y la revolución? No, de ningún modo». Este género de «argumentación» es una provocación trotskista.
Por lo tanto, el renegado polaco dice que en cualquier momento y situación, los marxista-leninistas pueden concluir alianzas y compromisos ¡«con el mismo diablo» para vencer a «satanás»! Se vale de todo esto para defender la amistad de los maoístas con los estadounidenses, ya que «no puede haber al mismo tiempo dos enemigos, sino que sólo hay uno principal, y por consiguiente es posible apoyarse en uno para combatir al otro». Si esta tesis de este renegado revisionista fuese justa, para ser consecuente consigo mismo, debería admitir que la unidad de Edward Gierek con la Unión Soviética es normal, correcta. Este «gran teórico» pretende estar en contra de los estereotipos, pero, de hecho, para demostrar sus tesis revisionistas, no hace otra cosa que deformar la historia y tratar estas deformaciones como estereotipos para intentar sacar a Mao Zedong y a China del lodazal.
El polaco Mijal, encerrado en sí mismo y completamente aislado de la vida revolucionaria, mira el mundo y la política con los ojos de una persona que, deslumbrada por el sol, se guía por la «Voz de Europa Libre», Radio Varsovia y Radio Moscú. Atracado con el forraje de la agencia Hsinhua, hilvana supuestos pensamientos teóricos marxista-leninistas para refutar estas dos tesis de nuestro VIIº Congreso, porque dice que «está de acuerdo con todas las demás tesis del VIIº Congreso del Partido del Trabajo de Albania de 1976». Como buen demagogo que es, hace demagogia y encubre estas críticas con elogios ditirámbicos al Partido del Trabajo de Albania, a mí, etc.
¿Qué crédito se puede dar a sus afirmaciones de que las otras tesis del Partido del Trabajo de Albania son justas, cuando las que critica ahora las estuvo defendiendo hasta ayer como muy justas? No hemos cambiado nada en la estrategia de nuestro partido, por eso ha ido alcanzando, éxitos. Los maoístas han metido a China en la charca del oportunismo, y por eso allí ocurre lo que ocurre. El revisionista Mijal desea que también nosotros nos metamos como él en esta charca. No, esto jamás ocurrirá si aplicamos escrupulosamente el marxismo-leninismo, las normas marxista-leninistas, la lucha de clases, al igual que lo hemos hecho hasta el presente. El Partido del Trabajo de Albania no se mueve de este camino.
Los análisis que ha hecho nuestro partido de la situación interna y externa son marxista-leninistas, por eso sus conclusiones son justas, por eso lucha como es debido para profundizar las contradicciones existentes entre los enemigos de la revolución y de la liberación de los pueblos, por eso nuestro partido juzga las situaciones y los enemigos no sólo estrechamente partiendo de posiciones nacionales, sino también como un partido que se guía por el interés general de la revolución proletaria y por el internacionalismo proletario. A la hora de atacarnos, ni Mao Zedong, ni el Partido Comunista de China, ni sus abogados, mencionan la revolución proletaria, el internacionalismo proletario, la lucha de los partidos comunistas marxista-leninistas del mundo. Si se meten en estos problemas vitales de la revolución, es seguro que perderán las pocas plumas que les han quedado.
Los maoístas y sus abogados revisionistas desean evitar la polémica y luchan por conseguirlo. La polémica marxista-leninista siempre ha atemorizado a los revisionistas, tanto a los jruschovistas como a los maoístas. Precisamente en su última carta, en la que nos atacan, los revisionistas maoístas dicen que «no les responderemos, porque no queremos polemizar».
No hemos polemizado, lo único que hemos hecho ha sido decir abiertamente lo que pensábamos. Los chinos y sus abogados hubieran querido que no expresásemos nuestros puntos de vista, esto es, que los maoístas expresaran, los suyos y nosotros los .aprobáramos si chistar como verdades universales. ¡¡Muy sutiles!!
«¿Por qué plantearon públicamente estas cuestiones?», nos reprocha el «abogado» Mijal, simulando no saber nada. Ahora bien, él sabe perfectamente que nosotros hemos puesto de relieve estas divergencias de principio al Partido Comunista de China por medio de una serie de cartas, que durante tres años consecutivos hemos solicitado enviar una delegación de partido para discutirlas, pero Mao Zedong y Chou En-lai rechazaron la solicitud. Ahora, este «abogado» de una causa perdida, nos propone que «organicemos una reunión de varios partidos para allanar estas divergencias», sabiendo de sobra que China es contraria a tales reuniones, que también está en contra de las reuniones bilaterales con nosotros, mientras que con otros partidos, como los de Mijal, Jurquet y Hill, que son sus lacayos y a quienes sopla al oído toda suerte de absurdidades, lleva a cabo reuniones de este tipo.
En otras palabras, la China maoísta hace lo imposible para conservar su inmerecido prestigio en el movimiento comunista internacional, sin hacer nada en interés de este movimiento, o haciendo lo contrario. Quiere imponerse como dirigente de la lucha de liberación de los pueblos, y por consiguiente del «tercer mundo», y combate por conseguirlo; se esfuerza por hacer creer que Mao Zedong y sus sucesores han hecho un análisis realista de la situación del mundo «en movimiento, en revolución» y han dado las recetas más apropiadas para que todos, pueblos, revolucionarios, comunistas, partidos comunistas marxista-leninistas, «Estados tipos» del «segundo y tercer mundo», junto con los Estados Unidos del «primer mundo», sigan a China para combatir contra el socialimperialismo soviético, el «principal enemigo de la humanidad».
Todos estos renegados han asumido la tarea de escindir de nuevo la revolución y el movimiento marxista-leninista, que ha sido puesto en pie y se refuerza. Los Kazimierz Mijal, los Jacques Jurquet, los Edward Hill y compañía son los Edward Gierek, los Todor Zhivkov, los Władysław Gomułka, los Lance Sharkey y los Georges Marchais de una nueva variante revisionista, que deben ser puestos bajo los tiros de la artillería pesada, para desenmascararlos, derrotarlos y liquidarlos.
El Partido del Trabajo de Albania debe dar y dará pruebas de una gran paciencia para esclarecer a los que no ven claramente las cosas, porque no debemos subestimar la importancia del mito y del culto de Mao Zedong como «gran marxista-leninista» en el mundo. Pero abogados como Kazimierz Mijal no forman parte de los que no tienen las cosas claras, se trata de renegados lúcidos y peligrosos, así pues, ¡fuego sobre ellos para exterminarlos como ratas!

14 de febrero de 1977

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