Brevemente sobre las discrepancias en el Partido. De I.Stalin


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“La socialdemocracia es la fusión del movimiento obrero con el socialismo”

Carlos Kautsky

La “mayoría” y la “minoría” surgieron por primera vez en el II Congreso del Partido (1903). Fue el Congreso en el que nuestras fuerzas dispersas debían agruparse en un partido único y poderoso. Nosotros, los activistas del Partido, ciframos grandes esperanzas en este Congreso. ¡Por fin –exclamamos con alegría- llegaremos a la unificación en un solo partido y podremos actuar con arreglo a un solo plan!… Naturalmente que ya actuábamos antes, pero nuestras actividades eran dispersas y carecían de organización. Ya antes habíamos intentado unificarnos, precisamente para ello convocamos el I Congreso del Partido (1898), y hasta llegamos a “unificarnos” en apariencia, pero esta unidad existía solo de palabras: el Partido continuaba fraccionado en diferentes grupos, sus fuerzas todavía hallábanse dispersas y necesitaban la unificación. Y el II Congreso del Partido debía agrupar las fuerzas diseminadas y fundirlas en un todo. Debíamos crear un partido único.

Pero de hecho resultó que nuestras esperanzas eran, hasta cierto punto, prematuras. El Congreso no pudo darnos un partido único e indiviso, tan sólo sentó los cimientos de tal partido. En cambio, el Congreso nos mostró claramente que en el Partido existen dos tendencias: la tendencia de “Iskra” (se trata de la vieja “Iskra”) y la tendencia de sus adversarios. De acuerdo con esto, el Congreso se dividió en dos partes: “mayoría” y “minoría”. La primera se adhirió a la tendencia de “Iskra” y se agrupó en torno a ella, en cuento a la segunda, como adversaria de “Iskra”, ocupó la posición opuesta.

Así, pues, “Iskra” se convirtió en la bandera de la “mayoría” del Partido y la posición de “Iskra” pasó a ser la posición de la “mayoría”.

¿Qué camino seguía “Iskra”, qué defendía?

Para comprenderlo, es necesario conocer las condiciones en que “Iskra” entró en la palestra de la historia.

“Iskra” comenzó a salir en diciembre de 1900. Era la época en que se iniciaba la crisis en la industria rusa. El florecimiento industrial, acompañado de diversas huelgas económicas (1896-1898), se vio sustituido paulatinamente por la crisis. La crisis se fue agravando de día en día y vino a obstaculizar las huelgas económicas. A pesar de ello, el movimiento obrero se abría paso y avanzaba: los diferentes arroyuelos fundíanse en un torrente, el movimiento adquiría un matiz de clase y poco a poco emprendía el camino de la lucha política. El movimiento obrero crecía con sorprendente rapidez… Lo único que no se veía era el destacamento de vanguardia, la socialdemocracia1, que introdujera en este movimiento la conciencia socialista, lo uniese con el socialismo y, de tal modo, imprimiera a la lucha del proletariado un carácter socialdemócrata.

¿Qué hacían, pues, los “socialdemócratas” de entonces (se les llamaba “economistas”)? Incensaban el movimiento espontáneo y repetían con toda despreocupación: la conciencia socialista no es tan necesaria para el movimiento obrero, también sin ella éste alcanzará felizmente su meta, lo esencia es el propio movimiento. El movimiento lo es todo, y la conciencia, una nimiedad. Un movimiento sin socialismo: a eso tendían.

¿En qué consiste, pues, en tal caso la misión de la socialdemocracia de Rusia? Debe ser un instrumento dócil del movimiento espontáneo –afirmaban-. No es asunto nuestro introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero, no es asunto nuestro ponernos al frente de este movimiento: sería ejercer una violencia infructuosa; nuestro deber consiste tan solo en seguir con atención el movimiento y señalar exactamente lo que ocurre en la vida social: nosotros debemos ir a la zaga del movimiento espontáneo2. En una palabra, la socialdemocracia era presentada como un lastre superfluo en el movimiento.

Quien no admite la socialdemocracia, no debe admitir tampoco el Partido Socialdemócrata. Precisamente por eso, los “economistas” afirmaban con tanta obstinación que la existencia de un partido político del proletariado en Rusia es imposible. Que se ocupen de la lucha política los liberales –decían-, esto es más propio de ellos. ¿Y qué haremos nosotros, los socialdemócratas? Nosotros debemos seguir existiendo como hasta ahora, en forma de círculos dispersos y actuar aisladamente, cada uno en su rincón.

¡No el Partido, sino el círculo!, decían ellos.

Así, pues, de un lado, el movimiento obrero crecía y necesitaba un destacamento dirigente de vanguardia, y de otro laso, la “socialdemocracia”, representada por los “economistas”, en lugar de encabezar el movimiento, se negaba a sí misma e iba a la zaga del movimiento.

Había que exponer públicamente la idea de que el movimiento obrero espontáneo sin socialismo equivale a un vagar en las tinieblas, que si conduce algún día al objetivo, nadie sabe cuándo será ni a costa de qué sufrimientos, y que, por consiguiente, la conciencia socialista tiene una importancia muy grande para el movimiento obrero.

Había que decir también que la portadora de esta conciencia, la socialdemocracia, está obligada a introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero, a marchar siempre a la cabeza del movimiento y no contemplar el movimiento obrero espontáneo al margen de él, no ir a la zaga.

Había que expresar asimismo la idea de que la obligación directa de la socialdemocracia de Rusia es reunir los diferentes destacamentos avanzados del proletariado, agruparlos en un partido único y poner fin así de una vez para siempre a la dispersión del Partido.

Y fue “Iskra” la que emprendió precisamente el cumplimiento de estas tareas.

He aquí lo que dice en su artículo programático (v. “Iskra”, núm. 1): “La socialdemocracia es la fusión del movimiento obrero con el socialismo”, es decir, el movimiento sin socialismo o el socialismo al margen del movimiento es un fenómeno indeseable contra el que debe luchar la socialdemocracia. Y como los “economistas” y los partidarios de “Rabócheie Dielo” se prosternaban ante el movimiento espontáneo, como rebajaban la importancia del socialismo, “Iskra” señalaba: “Separado de la socialdemocracia, el movimiento obrero se empequeñece y necesariamente se aburguesa”. De acuerdo con ello, es obligación de la socialdemocracia “señalar a este movimiento su objetivo final, sus tarea políticas, salvaguardar su independencia política e ideológica”.

¿Qué obligaciones recaen sobre la socialdemocracia de Rusia? “De aquí se desprende por sí misma –continúa “Iskra”- la tarea que está llamada a realizar la socialdemocracia rusa: introducir en la masa del proletariado las ideas socialistas y la conciencia política de sí mismo y organizar un partido revolucionario, indisolublemente ligado al movimiento obrero espontáneo”, es decir, debe estar siempre a la cabeza del movimiento y su obligación primordial es fundir en un solo partido las fuerzas socialdemócratas del movimiento obrero.

Así fundamenta su programa la redacción de “Iskra”3.

¿Realizó “Iskra” este excelente programa?

De todos es sabida la abnegación con que llevó a la práctica estas importantísimas ideas. Nos lo demostró claramente el II Congreso que por 35 votos reconoció a “Iskra” como el órgano central del Partido.

¿Después de esto, no resulta acaso ridículo que ciertos marxistas de pacotilla se pongan a cubrir de improperios a la vieja “Iskra”?

He aquí lo que escribe sobre “Iskra” el menchevique “Sotsial-Demokrat”:

“Ella (“Iskra”) debía haber un hecho un análisis de las ideas del “economismo”, impugnar las falsas concepciones, aceptar la verdaderas y llevarlo a un nuevo cauce… Pero no ocurrió así. La lucha contra el “economismo” originó otro extremismo: el menoscabo de la lucha económica, una actitud despectiva hacia ella y el reconocimiento de la importancia predominante a favor de la lucha política. Una política sin economía: he aquí la nueva tendencia” (v. “Sotsial-Demokrat”, núm. 1, “¿Mayoría o minoría?”)

Pero, ¿dónde, cuándo y en qué país ha ocurrido todo esto, honorable “crítico”? ¿Qué hicieron Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Mártov, Starovier?, ¿por qué no encauzaron la “Iskra” por el camino de la “verdad”, ya que constituían la mayoría en la redacción? ¿Y dónde se hallaba usted mismo hasta ahora, respetabilísimo señor?, ¿por qué no puso en guardia al II Congreso del Partido, que en tal caso no habría reconocido a “Iskra” como órgano central?

Mas dejemos al “crítico”.

El caso es que “Iskra” señaló con justeza las “cuestiones palpitantes”, siguió precisamente el camino de que yo hablaba antes y aplicó de un modo abnegado su programa.

De manera aún más precisa y convincente ha expresado la posición de “Iskra” Lenin en su admirable libro “¿Qué hacer?”.

Detengámonos en este libro.

Los “economistas” se prosternaban ante el movimiento obrero espontáneo, pero, ¿quién no sabe que el movimiento espontáneo es un movimiento sin socialismo, “es tradeunionismo”4 que no quiere ver nada más allá de los límites del capitalismo? ¿Quién no sabe que el movimiento obrero sin socialismo significa estancamiento en el marco del capitalismo, un errar en torno a la propiedad privada, que si conduce algún día a la revolución social, nadie sabe cuándo será ni a costa de qué sufrimientos? ¿Acaso para los obreros es indiferente llegar a la “tierra de promisión” en un plazo próximo o después de largo tiempo, por una vía fácil o por una vía difícil? Está claro que todo el que exalte el movimiento espontáneo y se prosterne ante él, independientemente de su voluntad abre un abismo entre el socialismo y el movimiento obrero, rebaja la importancia de la ideología socialista, la proscribe de la vida e independientemente de su voluntad somete a los obreros a la ideología burguesa, pues no comprende que la “socialdemocracia es la fusión del movimiento obrero con el socialismo”5, que “todo lo que sea prosternarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del elementos consciente”, el papel de la socialdemocracia, equivale –en absoluto independientemente de la voluntad de quien lo hace –a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros”.6

Expliquémonos más detenidamente. En nuestro tiempo pueden existir sólo dos ideologías: la burguesa y la socialista. La diferencia entre ellas consiste, entre otras cosas, en que la primera, es decir, la ideología burguesa, es mucho más antigua, está más difundida y ha arraigado más profundamente en la vida que la segunda; con las concepciones burguesas tropezamos en todas partes y en todos los terrenos, en nuestro propio ambiente y en el extraño, mientras que la ideología socialista empieza a dar los primeros pasos, no hace sino empezar a abrirse camino. Huelga señalar que si se trata de la difusión de las ideas, la ideología burguesa, es decir, la conciencia tradeunionista, se difunde con mucha más facilidad y abarca mucho más ampliamente el movimiento obrero espontáneo que la ideología socialista, que está dando tan sólo sus primeros pasos. Esto es tanto más cierto cuanto que el movimiento espontáneo –el movimiento sin socialismo- de todos modos “marcha precisamente hacia su subordinación a la ideología burguesa”7.Y la subordinación a la ideología burguesa significa el desplazamiento de la ideología socialista, por cuanto ambas se niegan recíprocamente.

¿Cómo -se nos preguntará-, acaso la clase obrera no tiende al socialismo? Sí, tiende al socialismo. De no ser así, la actividad de la socialdemocracia sería infructuosa. Pero también es cierto que a esta tendencia se opone, obstaculizándola, otra tendencia: la tendencia a la ideología burguesa

Acabo de decir que nuestra vida social está impregnada de ideas burguesas, por lo que es mucho más fácil difundir la ideología burguesa que la socialista. No debe olvidarse que, al mismo tiempo, los ideólogos burgueses no se duermen, se presentan a su manera bajo la cobertura socialista y, sin cesar tratan de subordinar a la clase obrera a la ideología burguesa. Y si además los socialdemócratas, a ejemplo de los “economistas”, se tumban a la bartola y van a la zaga del movimiento espontáneo (y el movimiento obrero es precisamente espontáneo cuando la socialdemocracia se conduce así), cae por su peso que el movimiento obrero espontáneo seguirá ese camino trillado y se subordinará a la ideología burguesa, por supuesto hasta que largas búsquedas y sufrimientos le obliguen a romper los vínculos que le unen a la ideología burguesa y a emprender la senda de la revolución social.

Esto es precisamente lo que se llama tendencia a la ideología burguesa.

He aquí lo que dice Lenin: “La clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo, pero la ideología burguesa, la más difundida (y resucitada sin cesar en las formas más diversas), se impone, sin embargo, espontáneamente más que nada al obrero”8. Precisamente por eso el movimiento obrero espontáneo, mientras es espontáneo, mientras no se ha unido a la conciencia socialista, se subordina a la ideología burguesa y tiende a esa subordinación9Si esto no fuese así  sería superflua la crítica socialdemócrata, la propaganda socialdemócrata, seria superflua también la “fusión del movimiento obrero con el socialismo”.

La socialdemocracia está obligada a luchar contra esta tendencia a la ideología burguesa y prestar su concurso a la otra tendencia: la tendencia al socialismo. Naturalmente, algún día, tras largas búsquedas y penalidades el movimiento espontáneo también alcanzará el objetivo sin ayuda de la socialdemocracia, llegará al umbral de la revolución social, ya que “la clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo”10. Pero ¿y hasta entonces, qué debemos hacer? ¿Cruzarnos de brazos, como los “economistas”, y ceder el terreno a los Struve y a los Zubátov? ¿Dar de lado a la socialdemocracia y contribuir así al dominio de la ideología burguesa, de la ideología tradeunionista? ¿Echar al olvido el marxismo y no “fundir el socialismo con el movimiento obrero”?

¡No! La socialdemocracia es el destacamento de vanguardia del proletariado11, y su deber consiste en ir siempre al frente del proletariado, su deber es “hacer que el movimiento obrero abandone esta tendencia espontánea del tradeunionismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía y atraerlo hacia el ala de la socialdemocracia revolucionaria”12. El deber de la socialdemocracia es introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero espontáneo, fundir el movimiento obrero con el socialismo y dar así a la lucha del proletariado un carácter socialdemócrata.

Dicen que en algunos países la clase obrera ha elaborado ella sola la ideología socialista (el socialismo científico) y que ella sola la elaborará también en los países restantes, por lo que es completamente superfluo introducir la conciencia socialista en el movimiento obrero desde fuera. Pero esto es un profundo error. Para elaborar el socialismo científico, hay que ir a la vanguardia de la ciencia, hay que estar pertrechado con los conocimientos científicos y saber investigar profundamente las leyes del desarrollo histórico. Pero la clase obrera, mientras siga siendo clase obrera, no está en condiciones de ponerse al frente de la ciencia, de hacerla avanzar y de investigar científicamente las leyes históricas: carece de tiempo y de medios para ello. El socialismo científico “puede surgir únicamente sobre la base de profundos conocimientos científicos…” -dice C. Kautsky-. “…Pero el portador de la ciencia no es el proletariado, sino la intelectualidad burguesa (subrayado por C.Kautsky). Es del cerebro de algunos miembros de esta capa de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo han transmitido  a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual…”13

En relación con ello, Lenin dice: todo el que se prosterna ante el movimiento obrero espontáneo y, cruzándose de brazos, lo contempla desde el margen, el que disminuye constantemente la importancia de la socialdemocracia y cede el terreno a los Struve y a los Zulátov, se imagina que este movimiento elaborará por sí solo el socialismo científico. “Pero esto es un profundo error”14. Algunos piensan que los obreros de Petersburgo, en las huelgas de los años del 90, poseían una conciencia socialdemócrata, pero eso también es un error. No tenían tal conciencia, “ni podían tenerla. Esta (la conciencia socialdemócrata) sólo podía ser introducida desde fuera. La historia de todos los países atestiguan quela clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas, elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales. Los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían por su posición social a los “intelectuales burgueses”15. Esto no significa, naturalmente, continúa Lenin, “que los obreros no participen en esta elaboración. Pero no participan en calidad de obreros, sino en calidad de teóricos del socialismo, como los Proudhon y los Weitling (ambos eran obreros); en otros términos, sólo participan en el momento y en la medida en que logran, en mayor o menor grado, dominar la ciencia de su siglo y hacerla avanzar”16

Todo esto podemos representárnoslo, más o menos, de la manera siguiente. Existe el régimen capitalista. Hay obreros y hay patronos. Entre ellos se entabla la lucha. Todavía no se ve en parte alguna el socialismo científico. No existía en parte alguna el socialismo científico ni siquiera en la imaginación, cuando los obreros luchaban ya…Si, los obreros luchan, pero luchan dispersos contra sus patronos, chocan con sus autoridades locales: allí organizan huelgas, aquí van a mítines y manifestaciones, en unos sitios exigen derechos a las autoridades, en otros declaran el boicot, unos hablan de la lucha política, otros de la lucha económica, etc. Pero esto por sí solo no quiere decir que los obreros tengan conciencia socialdemócrata, esto por sí solo no quiere decir que el objetivo de su movimiento sea la demolición del régimen capitalista, que estén tan seguros del derrocamiento del capitalismo y de la implantación del régimen socialista como están seguros de la inevitabilidad de la salida del sol, que estiman la conquista de su dominio político (dictadura del proletariado) como el instrumento indispensable para la victoria del socialismo, etc.

Mientras tanto, se desarrolla la ciencia. El movimiento obrero atrae paulatinamente su atención. La mayor parte de los hombres de ciencia llegan a la idea de que el movimiento obrero es un motín de revoltosos a los que no estaría mal hacer entrar en razón a fustazo limpio. Otros, en cambio, consideran que la obligación de los ricos es dar a los pobres unas migajas, es decir, que el movimiento obrero es un movimiento de mendigos, cuya finalidad estriba en recibir una limosna. Y entre mil hombres de ciencia como éstos puede aparecer quizá uno que aborde científicamente el movimiento obrero, investigue científicamente toda la vida social, siga de cerca la colisión de las clases, preste oído atento a las sordas protestas de la clase obrera y, en fin, demuestre científicamente que el régimen capitalista no es de ningún modo algo eterno, que es tan pasajero como el feudalismo, que tras él debe llegar con toda inevitabilidad el régimen socialista, que es su negación y que sólo puede ser implantado por el proletariado mediante la revolución social. En una palabra, se elabora el socialismo científico.

Naturalmente, si no hubiera capitalismo ni lucha de clases, tampoco habría socialismo científico. Pero asimismo es cierto que esos pocos hombres, por ejemplo, Marx y Engels, no habrían elaborado el socialismo científico sino hubiesen poseído conocimientos científicos.

¿Qué es el socialismo científico sin movimiento obrero? Una brújula que, al no ser utilizada, puede únicamente cubrirse de herrumbre, y entonces habrá que arrojarla por la borda.

¿Qué es el movimiento obrero sin socialismo? Un barco sin brújula, que aun así llegará a la otra costa, pero que de tener brújula alcanzaría la costa mucho antes y tropezaría con menos peligros.

Unid lo uno y lo otro y tendréis un excelente barco, que a toda marcha se dirigirá derecho a la otra costa y llegará incólume al puerto. Unid el movimiento obrero con el socialismo y tendréis un movimiento socialdemócrata que se dirigirá veloz por el camino recto a la “tierra de promisión”.

Así, pues, el deber de la socialdemocracia (y no sólo de los intelectuales socialdemócratas) es unir el socialismo con el movimiento obrero, introducir en el movimiento la conciencia socialista y dar así al movimiento obrero espontáneo un carácter socialdemócrata.

Esto es lo que dice Lenin.

Algunos afirman que, en opinión de Lenin y de la “mayoría”, el movimiento obrero, si no está unido a la ideología socialista, fracasará, no llegará a la revolución social. Pero eso es una invención, una invención de hombres ociosos, que en todo caso sólo podía ocurrírseles a marxistas de pacotilla como An (v. “¿Qué es el Partido?”, núm. 6 de “Mogzauri”).

Lenin afirma terminantemente que “la clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo”17, y si no se detiene más en ello es sólo porque considera superfluo demostrar lo que ya está demostrado. Además, Lenin no se había planteado en modo alguno investigar el movimiento espontáneo; sólo ha querido demostrar a los militantes dedicados al trabajo práctico qué deben hacer conscientemente.

He aquí lo que dice Lenin en otro lugar, donde polemiza con Mártov:

“Nuestro Partido es el intérprete consciente de un proceso inconsciente”. Exacto. Y precisamente por eso es un error pretender que “todo huelguista” pueda adjudicarse el título de miembro del Partido, porque si “toda huelga” no fuera sólo la expresión espontánea de un poderoso instinto de clase y de una lucha de clases que conduce inevitablemente a la revolución social, sino una expresión consciente de eso proceso…, entonces nuestro Partido… acabaría de golpe con toda la sociedad burguesa”18.

Como veis, en opinión de Lenin, también la lucha de clases y los choques de las clases que no pueden ser denominados socialdemócratas, conducen, sin embargo, inevitablemente a la clase obrera a la revolución social.

Si os interesa igualmente la opinión de otros representantes de la “mayoría”, escuchad. He aquí lo que dice en el II Congreso del Partido uno de ellos, el camarada Gorin:

“¿Cuál sería la situación si el proletariado fuera abandonado a su propia suerte? La situación sería análoga a lo que ocurrió en vísperas de la revolución burguesa. Los revolucionarios burgueses carecían de toda ideología científica. Y, no obstante, surgió el régimen burgués. El proletariado sin ideólogos, naturalmente, al fin y al cabo, actuaría en el sentido de la revolución social, pero por instinto… El proletariado llevaría a la práctica el socialismo también por instinto, pero no poseería la teoría socialista. Ahora bien, el proceso sería lento y más doloroso”19.

Las aclaraciones están de más.

Así, pues, el movimiento obrero espontáneo, el movimiento obrero sin socialismo, inevitablemente se empequeñece y adquiere un carácter tradeunionista; se somete a la ideología burguesa. ¿Puede deducirse de aquí que el socialismo lo es todo y el movimiento obrero nada? ¡Naturalmente que no! Así hablan tan sólo los idealistas. Algún día, al cabo de mucho tiempo, el desarrollo económico llevará inevitablemente a la clase obrera a la revolución social y, por lo tanto, la obligará a romper toda clase de vínculos con la ideología burguesa. La cosa estriba únicamente en que este camino será muy largo y doloroso.

Por otra parte, el socialismo sin movimiento obrero, cualquiera que sea la base científica sobre laque haya surgido, no pasará, sin embargo, de ser una frase huera y perderá su importancia. ¿Se puede deducir de aquí que el movimiento lo es todo y el socialismo nada? ¡Naturalmente que no! Así piensan tan sólo los marxistas de pacotilla, para quienes la conciencia no tiene importancia alguna, ya que es engendrada por la propia vida social. El socialismo puede ser unido al movimiento obrero, y convertido, por tanto, de frase huera en un arma afilada.

¿Conclusión?

La conclusión es la siguiente: el movimiento obrero debe ser unido al socialismo, la actividad práctica y el pensamiento teórico deben fundirse en un todo y dar así al movimiento obrero espontáneo un carácter socialdemócrata, pues “la socialdemocracia es la fusión del movimiento obrero con el socialismo”20. Entonces el socialismo, unido con el movimiento obrero, de frase vacía se convierte, en manos de los obreros, en una fuerza grandiosa. Entonces el movimiento espontáneo, convertido en movimiento socialdemócrata, marchará a pasos acelerados y por una senda segura hacia el régimen socialista.

Así, pues, ¿cuál es la misión de la socialdemocracia de Rusia? ¿Qué debemos hacer?

Nuestra obligación, la obligación de la socialdemocracia, es hacer que el movimiento espontáneo de los obreros abandone el camino tradeunionista y tome el camino socialdemócrata. Nuestra obligación es introducir en este movimiento la conciencia socialista21 y agrupar a las fuerzas de vanguardia de la clase obrera en un partido centralizado. Nuestro deber es ir siempre a la vanguardia del movimiento y luchar infatigablemente contra todos los que estorben la realización de estas tareas, sean enemigos o “amigos”.

Tal es, en líneas generales, la posición de la “mayoría”.

A nuestra “minoría” no le gusta la posición de la “mayoría”: ¡“no es marxista”, “está en contradicción radical” con el marxismo! ¿Es así, respetabilísimos señores? ¿Dónde, cuándo, en qué planeta es esto así? Leed nuestros artículos, dicen, y os convenceréis de que tenernos razón. Bien, vamos a leerlos.

Tenemos ante nosotros el artículo titulado “¿Qué es el Partido?” (v. “Mogzauri”, núm. 6). ¿De qué  acusa el “crítico” An a la “mayoría” del Partido?”Esta (la “mayoría”)… se proclama cabeza del Partido… y exige la subordinación de los demás… y para justificar su conducta, a menudo inventa hasta nuevas teorías, como por ejemplo: los obreros no pueden asimilar (subrayado por mí) con sus propias fuerzas “los altos ideales”, etc.”22.

Cabe ahora preguntar: ¿expone y ha expuesto alguna vez la “mayoría” semejantes “teorías”? ¡En ninguna parte, nunca! Por el contrario, el representante ideológico de la “mayoría”, el camarada Lenin, dice con absoluta precisión que la clase obrera asimila muy fácilmente los “altos ideales”, asimila muy fácilmente el socialismo. Escuchad:

“Con frecuencia se oye decir: la clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo. Esto es por entero justo en el sentido de que la teoría socialista determina, con más profundidad y exactitud que ninguna otra, las causas de las calamidades que padece la clase obrera, y precisamente por ello los obreros la asimilan con tanta facilidad23.

Como veis, en opinión de la “mayoría”, los obreros asimilan fácilmente los “altos ideales” que llamamos socialismo.

Entonces, ¿por qué sutiliza de esa manera An, de dónde ha exhumado su extraño “descubrimiento”? El asunto, lectores, estriba en que el “crítico” An se refería a otra cosa completamente distinta. Se refería al lugar del libro “¿Qué hacer?” en el que Lenin habla de la elaboración del socialismo, en el que Lenin afirma que la clase obrera no puede elaborar con sus propias fuerzas el socialismo científico24. Pero ¿cómo es esto? -diréis-. Una cosa es la elaboración del socialismo y otra su asimilación. ¿Por qué ha olvidado An las palabras de Lenin que tan claramente hablan de la asimilación de los “altos ideales”? Tenéis razón, lectores, pero ¿qué puede hacer An, si le gusta tanto ser “crítico”? Ved qué heroicidad: idear su propia “teoría”, atribuírsela al adversario y después bombardear él mismo el fruto de su fantasía. ¡Así se hace la crítica! En todo caso es indudable que An “no ha podido asimilar con sus propias fuerzas” el libro de Lenin “¿Qué hacer?”

Abramos ahora el llamado “Sotsial-Demokrat”. ¿Qué dice el autor del artículo titulado “¿Mayoría o minoría?”? (v. “Sotsial-Demokrat”, núm. 1).

Muy envalentonado, arremete con gran alboroto contra Lenin porque, en su opinión, “el desarrollo natural (debería decir: “espontáneo”) del movimiento obrero no tiende al socialismo, solo a la ideología burguesa”25. El autor, por lo visto, no comprende que el movimiento obrero espontáneo es un movimiento sin socialismo (que el autor demuestre que no es así), y tal movimiento se somete indefectiblemente a la ideología burguesa tradeunionista, tiende a ella, pues en nuestro tiempo pueden existir tan sólo dos ideologías: la socialista y la burguesa, y donde no está la primera, indefectiblemente aparece la segunda y ocupa el lugar de aquélla (¡demostrad lo contrario!). Sí, Lenin dice eso precisamente. Pero al propio tiempo no olvida la otra tendencia inherente al movimiento obrero: la tendencia al socialismo, que solamente hasta cierto momento es velada por la tendencia a la ideología burguesa. Lenin dice explícitamente que “la clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo”26, y señala con toda justicia que la obligación de la socialdemocracia es acelerar la victoria de esta tendencia, entre otras cosas también mediante la lucha contra los “economistas”. ¿Por qué, pues, usted, respetable “crítico”, no ha trascrito en su artículo estas palabras de Lenin? ¿Es que no pertenecen al mismo Lenin? No le convenía a usted, ¿verdad?

“A juicio de Lenin… -continúa el autor-, el obrero por su situación (subrayado por mí) es más bien burgués que socialista…”27. ¡Vaya una necedad, que yo no esperaba ni siquiera de este autor! ¿Acaso Lenin habla de la situación del obrero, acaso afirma que el obrero por su situación es burgués? ¿Qué necio puede decir que el obrero es burgués por su situación, el obrero, que está privado de los instrumentos de producción y vive de la venta de su fuerza trabajo? ¡No! Lenin dice algo completamente distinto. El asunto estriba en que yo puedo ser proletario, y no burgués por mi situación, pero al mismo tiempo no tener conciencia de mi situación y, en vista de ello, someterme a la ideología burguesa. Precisamente así ocurre, en el caso presente, con la clase obrera. Y esto es algo muy distinto.

En general, el autor gusta de emplear palabras vacías, ¡de pronto las lanza sin pensarlo más! Por ejemplo, el autor repite obstinadamente que “el leninismo está en contradicción radical con el marxismo”28, y lo repite sin comprender a dónde le conduce esa “idea”. Convengamos con él por un instante en que el leninismo, en efecto, “está en contradicción radical con el marxismo”. ¿Y qué más? ¿Qué se desprende de ello? Helo aquí. “El leninismo arrastró consigo” a “Iskra” (a la vieja “Iskra”) –esto no lo niega tampoco el autor-; por consiguiente, también “Iskra” “está en contradicción radical con el marxismo”. El II Congreso del Partido, por 35 votos, reconoció a “Iskra” como órgano central del Partido y dedicó grandes elogios a sus méritos29; por consiguiente, tanto este Congreso, como su programa, como su táctica “están en contradicción radical con el marxismo”… Es ridículo, ¿verdad, lectores?

El autor, no obstante, continúa: “En opinión de Lenin, el movimiento obrero espontáneo va hacia la unión con la burguesía…” Sí, sí, el autor indudablemente va hacia la unión con la necedad, y estaría bien que se apartara de ese camino.

Mas dejemos al “crítico”. Volvamos al marxismo.

El respetable “crítico” repite obstinadamente que la posición de la “mayoría” y de su representante, Lenin, está en contradicción radical con el marxismo, pues tanto Kautsky como Marx y Engels dicen, según él, ¡lo contrario de lo que sostiene Lenin!, ¿Es así? ¡Veamos!

“C. Kautsky -nos informa el autor- escribe en su “Programa de Erfurt”: “Los intereses del proletariado y de la burguesía son hasta tal punto opuestos, que las aspiraciones de estas dos clases no pueden coincidir durante un tiempo más o menos prolongado. En todo país con modo capitalista de producción, la participación de la clase obrera en la política tiene que llevarla tarde o temprano a separarse de los partidos burgueses y formar un partido independiente, el partido obrero”.

Pero, ¿qué se desprende de esto? Tan sólo que los intereses de la burguesía y del proletariado están en mutua contradicción, que “tarde o temprano” el proletariado se separará de la burguesía formando un partido obrero independiente (tenedlo en cuenta:partido obrero y no partido obrero socialdemócrata). ¡El autor supone que Kautsky discrepa aquí de Lenin! Pero Lenin dice que el proletariado, tarde o temprano, no sólo se separará de la burguesía, sino que llevará a cabo la revolución social, es decir, derrocará a la burguesía30. La tarea de la socialdemocracia -añade- es procurar que esto se lleve a cabo cuanto antes y se lleve a cabo conscientemente. Sí, conscientemente, y no de una manera espontánea, ya que Lenin trata precisamente de esta conciencia.

“…Allí donde las cosas han llegado hasta la formación de un partido obrero independiente -continúa el “crítico”, citando el libro de Kautsky-, este partido, tarde o temprano, debe por necesidad natural asimilar  las tendencias socialistas, si no está inspirado en ellas desde el comienzo mismo; debe, en fin de cuentas, convertirse en partido obrero socialista, es decir, en socialdemocracia31

¿Qué significa esto? Exclusivamente que el partido obrero asimilará las tendencias socialistas. ¿Pero es que Lenin lo niega? ¡De ningún modo! Lenin dice terminantemente que no sólo el partido obrero, sino también toda la clase obrera asimila el socialismo32. Entonces ¿qué tontería se le ocurre a este “Sotsial-Demokrat” y a su mentiroso héroe? ¿A qué vienen con absurdos de todo género? Como se dice, han oído campanas y no saben dónde. Precisamente esto es lo que ha ocurrido con nuestro embrollado autor.

Según veis, Kautsky no disiente aquí ni en un ápice de Lenin. Pero, en cambio, todo ello demuestra, con excepcional claridad, la insensatez del autor.

¿Dice Kautsky algo a favor de la posición de la “mayoría”? He aquí lo que escribe en uno de sus notables artículos, en el que analiza el proyecto de programa de la socialdemocracia austriaca:

“Muchos de nuestros críticos revisionistas (seguidores de Bernstein) entienden que Marx ha afirmado que el desarrollo económico y la lucha de clases, además de crear las premisas para la producción socialista, también engendran directamente la conciencia (subrayado por C.Kautsky) de su necesidad. Y he aquí que esos críticos replican que Inglaterra, el país de mayor desarrollo capitalista, es más ajeno que ningún otro país a esta conciencia. A juzgar por el nuevo proyecto (austriaco), se podría creer que esta…concepción… es compartida también por la comisión que redactó el programa austriaco. El proyecto dice: “Cuanto más aumenta el proletariado con el desarrollo del capitalismo, tanto más obligado se ve a emprender la lucha contra el capitalismo y tanto más capacitado está para emprenderla. El proletariado llega a adquirir la conciencia” de la posibilidad y de la necesidad del socialismo. En este orden de ideas, la conciencia socialista aparece como el resultado necesario y directo de la lucha de clase del proletariado. Pero esto es falso… La conciencia socialista moderna puede surgirúnicamente sobre la base de profundos conocimientos científicos…Pero el portador de la ciencia no es el proletariado, sino la intelectualidad burguesa (subrayado por C. Kautsky). Es del cerebro de algunos miembros de esta capa de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo han transmitido (el socialismo científico) a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, los cuales lo introducen luego en la lucha de clase del proletariado… De modo que la conciencia socialista es algo introducidodesde fuera en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente dentro de ella. De acuerdo con esto ya el viejo programa de Heinfeld decía con todo fundamento que es tarea de la socialdemocracia llevar al proletariado la conciencia de su situación y de su misión…”33.

¿No recordáis, lectores, análogas ideas de Lenin sobre esta cuestión, no recordáis la conocida posición de la “mayoría”? ¿Por qué el “Comité de Tiflis” y su “Sotsial-Demokrat” han ocultado la verdad, por qué el respetable “crítico”, al hablar de Kautsky, no reprodujo en su artículo estas palabras de Kautsky? ¿A quién engañan esos honorabilísimos señores, porqué “mantienen una actitud tan despectiva” hacia el lector? ¿No será porque… temen la verdad, se esconden de la verdad y piensan que también la verdad puede ser escondida? ¡Se parecen al ave que esconde la cabeza bajo el ala y se imagina que nadie la ve! Pero se equivocan, como se equivoca el ave.

Si la conciencia socialista fue elaborada sobre una base científica, si esta conciencia es introducida gracias a los esfuerzos de la socialdemocracia34 en el movimiento obrero desde fuera, es evidente que todo esto ocurre porque la clase obrera, mientras sigue siendo clase obrera, no puede ponerse a la vanguardia de la ciencia y elaborar con sus propias fuerzas el socialismo científico: carece de tiempo y de medios para ello.

He aquí lo que dice C. Kautsky en su “Programa de Erfurt”:

“…El proletario puede, en el mejor de los casos, asimilar parte de los conocimientos elaborados por la erudición burguesa y adaptarlos a sus fines y necesidades, pero mientras siga siendo proletario, carece de tiempo libre y de medios para elaborar independientemente la ciencia más allá de los límites alcanzados por los pensadores burgueses. Por eso precisamente, el socialismo obrero original debía llevar todos los rasgos esenciales del utopismo”35 (utopismo: teoría falsa, no científica).

El socialismo utópico de este género adquiere con frecuencia un carácter anárquico, continúa Kautsky, pero “…como es sabido, en todas partes donde el movimiento anarquista (comprendiendo por tal el utopismo proletario. C. Kautsky) ha calado verdaderamente en las masas y se ha convertido en un movimiento de clase, siempre, tarde o temprano, a pesar de su aparente radicalismo, ha terminado transformándose en el movimiento puramente gremial más estrecho”36.

En otros términos, si el movimiento obrero no está unido al socialismo científico, se empequeñece inevitablemente, adquiere un carácter “estrechamente gremial” y, por lo tanto, se somete a la ideología tradeunionista.

“¡Esto es humillar a los obreros, esto es encumbrar a los intelectuales!”, claman nuestro “crítico” y su “Sotsial-Demokrat”… ¡Pobre “crítico”, lamentable “Sotsial-Demokrat”! ¡Ellos consideran al proletariado como a una damisela caprichosa a la que no se puede decir la verdad y a la que siempre hay que dirigir cumplidos para que no salga corriendo!¡ No, honorabilísimos señores! Nosotros tenemos fe en que el proletariado manifestará más firmeza de lo que vosotros pensáis. ¡Nosotros tenemos fe en que no se asustará de la verdad! Pero vosotros… ¿Qué podemos deciros? También en este caso os habéis asustado de la verdad y en vuestro artículo no habéis transmitido al lector las auténticas ideas de Kautsky…

Por lo tanto, el socialismo científico sin movimiento obrero son palabras vacías, siempre fáciles de echar al viento.

Por otra parte, el movimiento obrero sin socialismo es un errar tradeunionista, que algún día, naturalmente, conducirá a la revolución social, pero acosta de largos sufrimientos y dolores.

¿Conclusión?

“El movimiento obrero debe unirse con el socialismo”: “la socialdemocracia es la fusión del movimiento obrero con el socialismo”37.

Así habla Kautsky, teórico del marxismo.

Hemos visto que lo mismo dicen “Iskra” (la vieja) y la “mayoría”.

Hemos visto que en la misma posición se mantiene el camarada Lenin.

Así, pues, la “mayoría” se mantiene firmemente en las posiciones marxistas.

Está claro que “la actitud despectiva hacia los obreros”, “el encumbramiento de los intelectuales”, “la posición no marxista de la mayoría” y demás perlas parecidas tan profusas en los “críticos” mencheviques, no son otra cosa que palabras altisonantes, pura fantasía de los “mencheviques” de Tiflis.

Por el contrario, veremos que en realidad la propia “minoría” de Tiflis, el “Comité de Tiflis” y su “Sotsial-Demokrat” están “en contradicción radical con el marxismo”. Pero de esto hablaremos después. Por ahora dirijamos nuestra atención a lo siguiente.

En confirmación de sus juicios, el autor del artículo “¿Mayoría o minoría?” aduce unas palabras de Marx (?): “el teórico de una u otra clase llega teóricamente a la conclusiónhacia la que la propia clase ha llegado ya en la práctica38.

Una de dos. O el autor no sabe el georgiano o es una errata del cajista. Ni una sola persona letrada dirá “hacia la que ha llegado ya”. Lo correcto sería decir: “a la que ha llegado ya” o “hacia la que se dirige ya”. Si el autor tiene en cuenta lo último (hacia la quese dirige ya), debo advertir que transmite erróneamente las palabras de Marx; Marx no dijo nada parecido. Y si el autor se refiere a la primera formulación, la frase transcrita por él adquirirá este giro: “el teórico de una u otra clase llega teóricamente a la conclusión a la que ha llegado ya  en la practica la propia clase”. Dicho de otra forma, si Marx y Engels llegaron teóricamente a la conclusión de que el hundimiento del capitalismo y la edificación del socialismo son inevitables, esto significa que el proletariado ¡ha rechazado ya el capitalismo prácticamente, ha hundido al capitalismo y ha edificado en su lugar la vida socialista!

¡Pobre Marx! ¡Quién sabe cuántos disparates le atribuirán aún nuestros marxistas de pacotilla!

¿Dice realmente eso Marx? He aquí lo que en verdad dice: los representantes teóricos de la pequeña burguesía “se ven teóricamente impulsados a los mismos problemas y a las mismas soluciones a que impulsan prácticamente a los pequeños burgueses el interés material y la situación social. Tal es, en general, la relación que existe entre los representantes políticos y literarios de una clase y la clase por ellos representada”39.

Como veis, Marx de ningún modo dice “ha llegado ya”. Estas palabras “filosóficas” han sido inventadas por el respetable “crítico”.

En este caso, las palabras de Marx adquieren un sentido completamente distinto.

¿Qué idea desarrolla Marx en la tesis que hemos transcrito? Sólo que el teórico de una u otra clase no puede crear el ideal cuyos elementos no existen en la realidad, que no puede más que captar los elementos del porvenir y sobre esta base crear teóricamente el ideal al que una u otra clase llega en la práctica. La diferencia está en que el teórico se adelanta a la clase y capta antes que ella los gérmenes del futuro. Esto es, precisamente, lo que se llama “llegar a algo teóricamente”.

He aquí lo que dicen Marx y Engels en su “Manifiesto”:

“Prácticamente, los comunistas (es decir, los socialdemócratas) son, pues, el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visiónde las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario”.

Sí, los ideólogos “impulsan adelante”, ven mucho más allá que “el resto del proletariado”, y en ello está todo el quid. Los ideólogos impulsan adelante, y precisamente por ello la idea, la conciencia socialista, tiene gran importancia para el movimiento.

¿Por eso precisamente ataca usted a la “mayoría”, honorable “crítico”? Entonces despídase del marxismo y sepa que la “mayoría” está orgullosa de su posición marxista.

La situación de la “mayoría” en el caso presente recuerda mucho la situación de Engels en los años del 90.

La idea es la fuente de la vida social, afirmaban os idealistas. A su juicio, la conciencia social es el fundamento sobre el que se construye la vida de la sociedad. Por eso se les llamaba idealistas.

Era preciso demostrar que las ideas no caen del cielo, que son originadas por la vida misma.

En la palestra de la historia aparecieron Marx y Engels, que cumplieron a maravilla este papel. Demostraron que la vida social es la fuente de las ideas, por lo que la vida de la sociedad es el fundamento sobre el que está edificada la conciencia social. Así cavaron la fosa al idealismo y desbrozaron el camino al materialismo.

Algunos semimarxistas lo comprendieron en el sentido de que la conciencia, las ideas tienen en la vida una importancia insignificante.

Era preciso demostrar la gran importancia de las ideas.

Entonces intervino Engels y en sus cartas (1891-1894) subrayó que las ideas, ciertamente, no caen del cielo, sino que son engendradas por la propia vida, pero, una vez surgidas, adquieren gran importancia, unen a los hombres, los organizan e imponen su sello a la vida social que las ha engendrado: las ideas tienen gran importancia en el movimiento histórico.

“Eso no es marxismo, eso es una traición al marxismo”, alborotaron Bernstein y sus semejantes. Los marxistas se burlaron de estos gritos…

En Rusia ha habido semimarxistas: los “economistas”. Afirmaban que como las ideas son engendradas por la vida social, la conciencia socialista tiene una importancia insignificante para el movimiento obrero.

Era preciso demostrar que la conciencia socialista tiene gran importancia para el movimiento obrero, que sin ella el movimiento no es sino un errar tradeunionista, del que no se sabe cuándo se librará el proletariado y cuándo llegará a la revolución social.

Y entonces apareció “Iskra”, que cumplió magníficamente tal papel. Salió a la luz el libro “¿Qué hacer?”, en el que Lenin subraya la gran importancia de la conciencia socialista. Se formó la “mayoría” en el seno del Partido, que emprendió con firmeza este camino.

Mas entonces intervienen los pequeños Bernsteines y comienzan a alborotar: ¡eso “está en contradicción radical con el marxismo”!

¿Pero sabéis vosotros, pequeños “economistas”, qué es el marxismo?

J. V. Stalin, 1905

Notas:

1. La socialdemocracia es el destacamento de vanguardia del proletariado. En este destacamento entra todo luchador socialdemócrata, sea obrero o intelectual.

2. Nuestro “Sotsial-Demokrat” se ha inflamado de pasión  por la “crítica” (v. el núm. 1, “¿Mayoría o minoría?”), pero yo debo señalar que dicho periódico define erróneamente a los “economistas” y a los partidarios de “Rabócheie Dielo” (se diferencian muy poco los unos de los otros). La cuestión no reside en que “despreciaban las cuestiones políticas”, sino en que iban a la zaga del movimiento y repetían lo que el movimiento les sugería. Hubo un tiempo en que sólo se producían huelgas. Entonces ellos propugnaban la lucha económica. Llegó el tiempo de las manifestaciones (1901), se vertió sangre, soplaron vientos de decepción, y los obreros recurrieron al terror, suponiendo que el terror les salvaría de los tiranos. Entonces los “economistas” y los partidarios de “Rabócheie Dielo” se sumaron también al coro general y declararon, dándose aires de gran importancia: es hora de recurrir al terror, de asaltar las cárceles, de liberar a los camaradas, etc. (v. “Un viraje histórico”, “RabócheieDielo”). Como veis, eso no significa en manera alguna “despreciar las cuestiones políticas”. El autor ha tomado su “crítica” de Martínov, pero sería más útil que conociese la historia.

3. La redacción de “Iskra” se componía entonces de seis miembros: Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Martóv, Starovier y Lenin.

4. Lenin, “¿Qué hacer?”, pág. 28.

5. Kautsky, “El programa de Erfurt”, edición del Comité Central, pág. 94.

6. Lenin, “¿Qué hacer?”, pág. 26.

7. Ídem, pág. 28.

8. Ídem, pág. 29.

9. Ídem, pág. 28.

10. Ídem, pág. 29.

11. C. Marx, “Manifiesto”, pág. 15.

12. Lenin, “¿Qué hacer?”, pág. 28.

13. Lenin, “¿Qué hacer?”, pág. 27, donde están reproducidas estas líneas de Kautsky de su conocido artículo publicado en “Neue Zeit”, 1901-1902, núm. 3, pág. 79.

14. Ídem, pág. 26.

15. Ídem, págs. 20-21.

16. Ídem, pág. 27.

17. Ídem, pág. 29.

18. Lenin, “Un paso adelante, dos pasos atrás”, pág. 53.

19. Actas del II Congreso del Partido.

20. “El programa de Erfurt”, ed. del C.C., pág. 94.

21. que elaboraron Marx y Engels.

22. “Mogzauri”, núm. 6, pág. 71.

23. Lenin, “¿Qué hacer?”, pág. 29.

24. Ídem, págs. 20-21.

25. “Sotsial-Demokrat”, núm. 1, pág 14.

26. Lenin, “¿Qué hacer?”, pág. 29.

27. “Sotsial-Demokrat”, núm. 1, pág 14.

28. Ídem, pág. 15.

29. Véase las Actas del II Congreso del Partido, pág. 147. En ese mismo lugar aparece la resolución en que “Iskra” es llamada auténtica defensora de los principios de la socialdemocracia.

30. Lenin, “Un paso adelante, dos pasos atrás”, pág. 53.

31. Sotsial-Demokrat”, núm. 1, pág 15.

32. Lenin, “¿Qué hacer?”, pág. 29.

33. “Neue Zeit”, 1901-1902, XX, núm. 3, pág. 79. Este notable artículo de Kautsky ha sido transcrito por Lenin en “¿Qué hacer?”, v. pág. 27.

34. Y no sólo de los intelectuales socialdemócratas.

35. “El programa de Erfurt”, ed. del C.C., pág. 93.

36. “El programa de Erfurt”,  pág. 94.

37. Ídem.

38. “Sotsial-Demokrat”, núm. 1, pág 15.

39. Si no tenéis “El Dieciocho Brumario”, ved las Actas del II Congreso del Partido, pág. 111, donde se reproducen estas palabras de Marx.

http://revolucionobarbarie.wordpress.com/teoria-revolucionaria/stalin/brevemente-sobre-las-discrepancias-en-el-partido/

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