El mecanismo capitalista de la maquinaria económica soviética


Hekuran Mara

(Noviembre de 1980)

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Cuando se plantea la cuestión de sacar a relucir la esencia de clase del mecanismo en funcionamiento de un sistema económico dado, debe analizarse en primer lugar su rasgo fundamental, porque esto es lo que distingue a un mecanismo de otro; luego sigue el análisis de las categorías económicas de este sistema, y finalmente de sus consecuencias socioeconómicas.

Siguiendo esta línea de análisis, resulta que el rasgo fundamental, sobre el cual el presente mecanismo en funcionamiento de la economía soviética se erige, es su desarrollo y dirección, no sobre la base de un plan estatal general unificado, sino sobre la base de las leyes del mercado. Este mecanismo de regulación es aplicado empleando categorías económicas tales como la mercancía, fuerza de trabajo, capital, ganancia, precio de producción, competencia, oferta y demanda, libre juego de precios en el mercado, porcentaje sobre el capital, etc. También se encuentra inevitablemente acompañado por fenómenos sociales y económicos tales como la anarquía, espontaneidad, paro, inflación, subidas de precios, aumento del costo de vida, crisis económicas, etc. Éstas son también las directrices más importantes que caracterizan actualmente el mecanismo en funcionamiento de la economía capitalista de cada país burgués.

En conformidad con el mecanismo capitalista en funcionamiento de la economía de la Unión Soviética, las empresas soviéticas han pasado a la llamada completa autosuficiencia financiera, es decir, a la completa independencia económica. Una consecuencia inevitable de esto es que su actividad económica y financiera ya no se encuentra sujeta a la planificación centralizada. Ahora son completamente libres para decidir producir aquellos bienes, en la cantidad y variedad que, en las condiciones del libre juego del mercado, les proporcionarán las ganancias más altas y les permitirán resistir la feroz competencia. La independencia de las empresas soviéticas ha alcanzado un grado tal que la especulación y el mercado negro se han convertido en fenómenos normales de su actividad económica y financiera. Si a este marco general, en el que las empresas soviéticas operan, añadimos la creación de ramas e inter-ramas combinadas de tipo monopolio que cuentan también con una completa independencia económica, podemos observar el mecanismo en funcionamiento de la economía soviética en su conjunto, que es un mecanismo típicamente capitalista que los revisionistas soviéticos tratan de disfrazar con frases socialistas.

Los revisionistas soviéticos todavía afirman que su economía es dirigida por un plan estatal, que existe la planificación y, por consiguiente, el centralismo en su economía. Pero el plan estatal, como lo conciben los revisionistas soviéticos, no es de ninguna manera un plan socialista; no contiene objetivos específicos para cada empresa económica, y por consiguiente, las empresas ya no están obligadas a aplicarlo. Como productoras mercantiles independientes, las empresas soviéticas reconocen y se sometan a un sólo un poder económico – el poder de la ganancia, del mercado y sus leyes espontáneas. Por lo tanto, incluso ese centralismo que existe en la economía soviética es un centralismo burocrático de tipo monopolio.

La ausencia de un plan auténticamente socialista en la economía soviética, sale a relucir y es confirmada también por otros hechos. El llamado plan de las empresas soviéticas contiene sólo índices de valor tales como la ganancia, la norma de rentabilidad, el porcentaje sobre el capital y la distribución de las ganancias entre el estado y los respectivos grupos de la burguesía revisionista. Este llamado plan no contiene ningún índice de la cantidad y variedad de productos concretos a ser producidos, sobre los fondos fundamentales o los fondos de circulación, ni ningún índice relacionado con el tamaño de la fuerza de trabajo y los salarios, la distribución de los productos, las inversiones fundamentales, etc. Es evidente que semejantes índices no pueden ser establecidos por las empresas soviéticas, puesto que el objetivo de su producción es la ganancia, puesto que la fuerza de trabajo y los medios de producción son mercancías, puesto que todo lo que estas empresas producen pasa por el “molino del diablo”, es decir, a través de la competencia y el mercado. En estas condiciones, hablar de centralismo, planes y planificación es igual que tratar de convencer a la gente de que, incluso cuando todos los ojos están puestos sobre la ganancia, el mercado y el mecanismo capitalista de funcionamiento de la economía, esta economía todavía puede ser llamada y ser realmente una economía socialista. Esta afirmación escandalosa es una clara prueba de la lógica antimarxista de los revisionistas soviéticos.

El pensamiento teórico marxista-leninista y nuestra experiencia en la edificación del socialismo han demostrado que una auténtica economía socialista debe ser una economía que funciona, es regulada y manejada de una manera planificada; es una economía en la cual los principales problemas –aquellos que representan las necesidades fundamentales de la sociedad y aquellos que representan las principales proporciones de la reproducción ampliada, se deciden y se salvaguardan de un modo consciente, centralizado, por un único centro –el estado socialista. Este es el único mecanismo de regulación de una auténtica economía socialista, un mecanismo basado en las leyes económicas del socialismo y la verdadera oposición al mecanismo de regulación del mercado y la ley del valor, característico de la economía capitalista. Incluso el mercado de bienes de consumo masivo en la economía socialista es regulado dentro del contexto del plan, se encuentra sujeto y sirve a este plan. En este mercado los trabajadores de la ciudad y el campo pueden gastar el dinero ganado por su trabajo, eligiendo entre los bienes que encuentran en el mercado según sus gustos y necesidades. Por otra parte, en la economía socialista no existen ni el mercado laboral ni el mercado para el capital y los medios de producción.

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A fin de dar a las prácticas capitalistas del funcionamiento de la economía que se han establecido en la Unión Soviética el aspecto teórico más atractivo, creíble y según se afirma marxista-leninista, los revisionistas soviéticos se aferran a la cuestión de la utilización de las relaciones mercantiles y monetarias en la economía socialista.

Es un hecho conocido que Marx y Engels no previeron la producción mercantil en el socialismo, por tanto no expusieron para la solución la cuestión de la producción mercantil, o la utilización de las relaciones mercantiles y monetarias en la economía socialista. Sobre esta base, antes del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre se generalizó la opinión de que el socialismo era incompatible con la producción mercantil, que eran mutuamente exclusivos. Entonces se aceptó como un axioma que la producción mercantil no existía en el socialismo. Es un hecho histórico también que en el período del comunismo de guerra en la Unión Soviética se hicieron tentativas para abolir las relaciones mercantiles y monetarias. tass_411319_type1

Sin embargo, el mecanismo en funcionamiento en la economía soviética de ese periodo, probó de forma convincente que era imposible construir el socialismo sin utilizar la producción mercantil y las categorías económicas que se derivan de ella. Basándose en la experiencia adquirida durante el período del comunismo de guerra, Lenin desechó resuelta y definitivamente el dogma de la incompatibilidad del socialismo y la economía socialista con la producción mercantil. Lenin unió la abolición de la producción mercantil y las relaciones monetarias con el triunfo del comunismo a escala mundial.

Mientras tanto, se ha probado, tanto en la teoría como en la práctica de la edificación socialista en nuestro país, que la producción mercantil y las relaciones mercantiles y monetarias no se presentan en la economía socialista con las mismas características y la misma naturaleza que en las condiciones donde prevalece la propiedad capitalista sobre los medios de producción, sino que son sometidas a una modificación. Reflejando esta diferencia, Stalin demostró que en el socialismo existe una producción mercantil de un tipo especial. Es precisamente esta tesis de Stalin la que los revisionistas soviéticos atacan y rechazan furiosamente, con el objetivo de lograr que se acepte su tesis burguesa de que la economía socialista también es, según se afirma, una economía de producción mercantil, una economía de mercado.

Escondiéndose detrás del “argumento” de que la economía socialista es también, según se afirma, una economía de producción mercantil, una economía de mercado, los revisionistas soviéticos amplían las relaciones mercantiles y monetarias a todo el producto social, incluidos los medios de producción y la fuerza de trabajo. Así, la combinación de los medios de producción con la fuerza de trabajo, como la relación económica fundamental de la que depende el objetivo de la producción, no se realiza directamente, a través del mecanismo de la planificación centralizada de la economía, sino a través del acto de compra y venta, en interés de la burguesía revisionista que, como la dueña de los medios de producción, se apropia de la plusvalía producida por los obreros y campesinos soviéticos. Es sobre esta base que el mecanismo en funcionamiento de la economía soviética opera en las esferas de la producción, distribución y cambio.

Puesto que el objetivo directo en el que se basa la producción social [soviética] es asegurar la ganancia y no la satisfacción de las necesidades de las masas trabajadoras, puesto que se basa en la producción mercantil y no en el producto social directo, el mecanismo en funcionamiento de esta producción no puede ser otro que el del mercado con sus leyes inherentes. Ningún sistema económico, incluido el sistema económico que actualmente opera en la economía soviética, puede escapar a esta combinación, este condicionamiento objetivo.

 

Fragmento de “Soviet revisionism and the struggle of the PLA to unmask it”.

Fuente: Tiempos Rojos

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