Sobre la reforma económica de Kosygin y sus consecuencias para la economía soviética


Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción.” | Enver Hoxha, Informe ante el VI Congreso del PTA, (1971)

El comienzo de la implementación de la llamada “reforma económica” de Liberman-Kosygin a mediados de 1965 conforma un momento crucial en la historia de la Unión Soviética. Gracias a ésta, la planificación centralizada dejó de existir en la economía soviética, se instituyó la propiedad privada de los directores (capitalistas) de las empresas independientes sobre los medios de producción, la ganancia (el mercado) se convirtió nuevamente en el regulador de la producción. En pocas palabras, cuando los revisionistas soviéticos terminaron de implementar la “reforma económica” -a comienzos de la década de 1970- la economía soviética se convirtió en una economía completa y definitivamente capitalista.

Para colaborar al estudio de esta “reforma” contrarrevolucionaria ofrecemos a continuación un fragmento de un folleto albanés escrito a fines de 1965 -meses después de que el CC del PCUS aprobara la implementación de la reforma- que trata sobre las formas y objetivos de ésta y que predica acertadamente cuáles serían sus consecuencias: la restauración del capitalismo.

Los revisionistas jruschovistas dan un paso peligroso hacia la degeneración capitalista de la economía socialista

Editorial de «Zëri i Popullit»

(Noviembre de 1965)

«La nueva reforma económica» — Un paso crucial hacia la descentralización de la economía soviética

Tratando de camuflar por todos los métodos y medios la verdadera naturaleza de su nueva reforma económica, los líderes revisionistas soviéticos tratan de describirla como una necesaria reforma supuestamente destinada a aumentar la eficiencia económica de la producción socialista. No hay nada nuevo u original en esto. Jruschov también afirmó que todas las medidas que tomó en el campo económico fueron dictadas por el mismo objetivo.

¿Qué entendemos por la eficiencia económica de la producción social? A primera vista esto podría parecer muy simple. Pero no vamos a saltar a las conclusiones. En realidad, es precisamente la deformación de este asunto la que los líderes revisionistas soviéticos utilizan para justificar su nueva reforma económica.

El problema de la eficiencia económica de la producción es un problema dominante para todos los órdenes sociales. Como tal, los clásicos de marxismo-leninismo y la práctica histórica han demostrado que sólo se puede resolver correctamente desde las posiciones y los requisitos de la ley económica básica de cada orden social dado, a través de una combinación justa del rendimiento de la economía del pueblo en su conjunto y el rendimiento de una rama individual o empresa.

En el orden socialista de las cosas en el que el objetivo de la producción es satisfacer las necesidades materiales y culturales de la sociedad en su conjunto, este propósito sirve también como criterio básico y universal para determinar la eficiencia económica de la producción en todas las fases de su desarrollo. Consecuentemente, el único motivo al cual la producción socialista debería servir y someterse es satisfacer las necesidades de los trabajadores, elevando su bienestar material y cultural. El principal índice con el que medir, en última instancia, la eficiencia económica de la producción es el grado en el cual ésta producción satisface y responde a las necesidades de la sociedad.

Por lo que al rendimiento, la expresión concreta de la eficiencia económica, se refiere, éste otra vez debe ser visto como estrechamente relacionado a las exigencias de la ley económica básica y al grado [de desarrollo.- TR] de la economía del pueblo en su conjunto. Esto significa que la capacidad de rendimiento de una rama individual o empresa debe ser evaluada, antes que nada, desde posiciones de las necesidades y perspectivas del desarrollo de la economía nacional, y luego, por supuesto, desde posiciones de la ventaja urgente. Cualquier otra estrecha interpretación de la rentabilidad de la economía socialista está en disconformidad con las enseñanzas del marxismo-leninismo y con la experiencia histórica de la edificación socialista. Poner la rentabilidad de una rama o empresa por encima de la rentabilidad de la economía del pueblo, poner la rentabilidad inmediata por encima de los intereses del futuro desarrollo de la economía nacional, significarían actuar de la misma manera que en el orden capitalista de las cosas. Finalmente, en materia de evaluación de la eficiencia económica y de la rentabilidad el marxismo-leninismo nos enseña que debemos tener en cuenta el factor político interno y el externo, las obligaciones políticas de la edificación del socialismo y el comunismo.

Los líderes revisionistas soviéticos, sin embargo, no se detuvieron mucho antes de revisar incluso este asunto vital del orden socialista y sustituirlo con concepciones capitalistas. Según ellos, la producción socialista no debería someterse a la ley económica fundamental, la cobertura de las necesidades materiales y culturales de las masas, sino a asegurar los máximos resultados con los mínimos esfuerzos. Declaran abiertamente que lograr los máximos resultados con los mínimos esfuerzos es la ley más universal del socialismo. Esta ley también debería servir como el único criterio con el cual se debe juzgar la eficiencia económica de la producción socialista y de cada empresa o rama individual.

¿Pero por qué los líderes revisionistas encontraron la necesidad de sustituir la ley fundamental del socialismo con la ley de la eficiencia económica? ¿Qué hay detrás de este «nuevo descubrimiento teórico»?

Por supuesto, no hay nada de malo en el objetivo de alcanzar los máximos resultados con los mínimos esfuerzos en la producción como tal. Tampoco se puede decir que este es un objetivo desconocido, extraño a la sociedad socialista. Lo malo y todas las estratagemas de los líderes revisionistas soviéticos se encuentran en el hecho de que deliberadamente distorsionan el sentido marxista-leninista de este objetivo, lo convibrezkosyerten en un objetivo similar al de la producción capitalista, y, como consecuencia, abogan por los mismos caminos, métodos y formas organizativas que son empleados en la economía capitalista para alcanzarlo. Según ellos, en la economía socialista como en la economía capitalista, la ganancia debería ser el único criterio que debe servir de incentivo y medida de la eficiencia económica de la producción social. «La orientación para aumentar la eficiencia en la producción», declaró Kosigin en su informe leído al pleno, «es mejor servida por el índice de ganancia, de rentabilidad». Así, los líderes revisionistas soviéticos cambiaron el justo principio socialista de producir tanto como sea posible con el menor gasto posible (es decir a los gastos más bajos) al principio capitalista: las mayores ganancias del menor capital.

Como se puede ver, los líderes revisionistas soviéticos encontraron la necesidad de distorsionar el asunto de la eficiencia económica a fin de allanar el terreno para la ganancia, para situarla como la fuerza motriz principal de la producción también en el orden socialista.

Siempre bajo el pretexto y la consigna de aumentar la eficiencia económica de la producción, los líderes soviéticos impulsaron la necesidad de cambiar radicalmente el método de la dirección económica. Según ellos, es hora de pasar de los métodos de dirección «administrativa» de la economía del pueblo a los llamados métodos de dirección económica. ¿Pero qué consideran por métodos «administrativos» de dirección de la economía los líderes revisionistas? Basta con plantear esta pregunta para ver que por esto entienden la dirección de la economía socialista de un modo planificado y centralizado por el estado. Según ellos, la dirección de la economía socialista de un modo planificado y centralizado por el estado no tiene nada en común con los métodos económicos de dirección; como si éstas no fueran dos cosas que se complementan, que se presuponen la una a la otra en la economía socialista, sino alternativas la una de la otra. En resumen cuando los líderes revisionistas alzan su voz contra la dirección «administrativa» de la economía que está basada en las leyes económicas del socialismo, levantan su voz contra la dirección planificada y centralizada de la economía por el estado, contra el principio leninista de la centralización democrática en la economía. Según ellos, la centralización planificada y la dirección de la economía por parte del estado son consecuencias del culto a la personalidad de J. V. Stalin por lo que, se deben abandonar cuanto antes y se debería discontinuar de una vez y para siempre el «culto a la planificación».

Para los líderes revisionistas soviéticos los únicos métodos económicos de dirección de la economía socialista están basados en el libre juego del mecanismo de la ley del valor y de los mercados y en la acción no obstaculizada de todas las categorías relacionadas con ellos, como la ganancia, los créditos, porcentajes, precios, etc. El lema francamente capitalista del renegado Jruschov era «debemos actuar de la misma manera que los capitalistas en este caso», esta es la esencia de esos métodos de dirección de la economía socialista que los líderes revisionistas inescrupulosamente proclaman como los únicos métodos económicos correctos. Es por esta razón que en la realización de sus propios métodos económicos los líderes revisionistas posan sus ojos sobre los métodos capitalistas, sobre la experiencia de los países capitalistas respecto al uso de los mecanismos del mercado.

Antes de que el orden socialista haya sido establecido los clásicos del marxismo-leninismo habían previsto la preservación y la existencia de bienes de producción, de la ley del valor, los mercados y de otras categorías relacionadas con ellos en el socialismo. Pero al mismo tiempo indicaron claramente que su papel económico y social cambiaría radicalmente. La experiencia histórica de la edificación socialista muestra que la sociedad socialista debería usar estas categorías de manera planificada y consciente en beneficio de la sociedad, en beneficio del socialismo, reduciendo y limitando la esfera de su acción espontánea, sus consecuencias devastadoras. En este sentido y sólo en este sentido estas categorías sirven en el socialismo tanto como palancas económicas en la dirección de la economía, en la regulación de la producción social, distribución, cambio y consumo, así como en la dirección de la actividad económica de las empresas y en la organización de las relaciones entre ellas. Sólo de esta manera puede establecerse una conexión justa entre los planes y la ley del valor y la mercadotecnia y la ley de valor y los mercados pueden ser despojados de su función como reguladores espontáneos de la producción.

A juzgar por las masas previstas en la reforma económica resulta que, según los líderes revisionistas soviéticos, cuanto más desarrollada esté la producción socialista, mayor es la necesidad de regular la producción sobre la base de la ley del valor y el mercado, más necesario es limitar el papel de la planificación centralizada. En estas condiciones la actividad económica de las empresas y las relaciones entre ellas también debería ser liberada de cualquier intervención del estado y sólo deberían ser reguladas por la acción de la ley del valor y el mercado. Tal interpretación de la acción de la ley de valor y el mercado tiene por objeto el abandono de la economía socialista a merced de la espontaneidad. Defender el libre juego del mercado en la economía socialista significa minar la planificación socialista, minar la dirección centralizada de la economía y preparar el terreno para el desarrollo espontáneo y descentralizado. Esto significa poner el signo de igualdad entre la producción mercantil capitalista y la producción mercantil socialista. Procediendo de esta manera, los líderes revisionistas de la actualidad no hacen más que revivir las viejas opiniones de Bujarin y de otros oportunistas que el Partido Comunista de la Unión Soviética bajo el liderazgo de J. V. Stalin expuso y desechó en su tiempo.

Como se puede ver, «los métodos de la dirección económica» sobre los cuales los líderes revisionistas soviéticos hablan con tanto celo, y que constituyen una de las directrices principales de la nueva reforma económica, no son más que métodos prestados de la práctica de la dirección de la economía capitalista. Los líderes revisionistas necesitan de estos llamados métodos económicos a fin de pasar de la dirección centralizada y planificada de la economía a su dirección descentralizada y a su regulación espontánea, a fin de preparar el terreno para el libre juego, no obstaculizado de las leyes económicas capitalistas en la economía soviética. Detrás de las habladurías pseudomarxistas de pasar a los «métodos económicos de la dirección» se encuentra la inserción de la economía soviética en el camino de su degeneración.

Introducción de métodos y formas de organización capitalistas en la economía soviética

Las medidas previstas en la nueva reforma económica afectan y transforman todos los aspectos más importantes del sistema de la dirección planificada y centralizada de la economía socialista. Sobre la base de la reforma económica, se establecen relaciones de acuerdo al modelo de la economía capitalista entre las empresas individuales y la economía del pueblo en su conjunto, entre las propias empresas, así como entre las empresas y el mercado. Todas estas relaciones están impregnadas con un espíritu de liberalismo y descentralización, con la idea de que la ganancia debería ser la fuerza motriz de la producción socialista y el mercado el regulador principal. En cuanto a la planificación integrada, universal para gobernar toda la economía del pueblo, mientras los líderes revisionistas mantienen ’pro forma’ y hablan mucho sobre ella, es realmente desmantelada y sustituida por la planificación pronostico.

Tratemos ahora algunas de las principales medidas de esta reforma, en su verdadero significado y propósito.

La primera medida prevista por la reforma es la de la ampliación de la libre actividad de las empresas económicas, eximiendo a esta actividad de la dirección centralizada y planificada, de dar plena libertad a las empresas para que sigan la iniciativa de y actúen de acuerdo con las demandas del mercado a fin de obtener las máximas ganancias posibles.

Para lograr esto la empresa está autorizada a fijar de una manera completamente libre el volumen de producción, su nomenclatura, el rendimiento del trabajo, el tamaño de la fuerza de trabajo, los salarios, el coste de la producción, las inversiones de capital, etc. La empresa debería centrar toda su atención sólo a dos índices: a las ganancias y a las ventas (la cantidad realizada). La ganancia representará todo el objetivo de la actividad económica de la empresa, mientras que las ventas (el mercado) servirán como un medio en el cual la empresa inspirará su actividad para conseguir este objetivo. En resumen, la empresa producirá no para satisfacer de una mejor manera las demandas materiales y culturales de las masas trabajadoras, sino para vender en el mercado y así asegurarse una ganancia lo más alta posible. De ahí la pregunta: ¿Qué distingue la producción de esta empresa «socialista» de la de una capitalista? Nada. Esta es una producción de una categoría capitalista.

La reforma económica prevé una amplia descentralización en la política de acumulación e inversiones de capital. Autoriza a las empresas a utilizar una gran parte de sus ganancias para ampliar su producción, fijando las inversiones de capital independientemente. Las inversiones descentralizadas aumentarán considerablemente. Basta indicar aquí que en 1967 las inversiones de esta naturaleza aumentarán un 33% sobre las de 1964 llegando a casi 4 mil millones de rublos. Además, los créditos presupuestarios centralizados para las inversiones de capital serán sustituidos por créditos descentralizados, que es una clara copia de los patrones de las prácticas capitalistas. Los créditos y los porcentajes serán usados como un medio para someter a las inversiones de capital a la carrera por las ganancias y la demanda del mercado. La descentralización de las inversiones apunta a regular de un modo espontáneo también las proporciones de las diversas ramas de la industria por las ganancias de cada empresa y por las demandas del mercado.

Las relaciones entre las empresas de producción y las organizaciones comerciales al por menor también se organizan conforme al espíritu de la dirección descentralizada de la producción y se planifican con criterios completamente capitalistas. A partir de ahora las empresas de producción son libres de mantener relaciones directas con las empresas comerciales, venderles bienes y producir en función de sus órdenes de compra. Esta reorganización apunta a someter a la producción al libre juego de las fuerzas del mercado, a las ventas, a través de las cuales las ganancias después de todo están aseguradas. Existe una tendencia a substituir el suministro centralizado y planificado de materiales y técnica a las empresas por las ventas libres de los medios de producción entre las empresas de producción y consumo. En este caso, la producción de los medios de producción (su cantidad y estructura) también será regulada de manera directa por la coyuntura del mercado.

La nueva reforma económica también cambia tanto en forma como en sustancia la naturaleza de las relaciones financieras entre una empresa y el presupuesto estatal. Se prevé abolir los impuestos sobre el volumen de ventas, como una de las formas de los ingresos netos de la sociedad, y sustituirlos por un nuevo impuesto, como lo han hecho recientemente los revisionistas yugoslavos. Los nuevos impuestos que las empresas pagarán serán un porcentaje de los fondos productivos (básico del volumen de ventas), que son idénticos a la familiar categoría capitalista — porcentaje sobre el capital. Como consecuencia, se ha introducido otra categoría de la economía capitalista para que actúe libremente en la economía soviética. Implementando los porcentajes de fondos productivos, los impuestos sobre el volumen de ventas se reducirán en última instancia a impuestos indirectos sobre los bienes de amplio consumo, que serán idénticos a los impuestos especiales que son gravados en los países capitalistas y que recaen enteramente sobre los hombros de las masas trabajadoras.

En el marco de las medidas arriba mencionadas y en conexión orgánica con ellas, se llevarán cambios radicales también en el sistema de precios. Se prevé para el próximo año, por ello, una reforma relacionada con los precios. urlSin tener en cuenta las medidas concretas que se adoptarán en este sentido, está claro que los líderes revisionistas soviéticos se convencen de que en este asunto también es necesario seguir el ejemplo de la economía capitalista, tomando el esquema capitalista de producción de precios como la base para fijar los precios. Se estima, además, que los precios de la mayor parte de los bienes deben ser fijados directamente por las empresas, de una manera descentralizada, cumpliendo con la ley de la oferta y la demanda. Al principio habrá ‘pro forma’, se fijarán los precios de manera centralizada, pero con el tiempo, éstos también serán fijados libremente por las propias empresas de producción.

Las medidas establecidas en la nueva reforma económica en la Unión Soviética son, en esencia, como dos gotas de agua con las medidas hace mucho tiempo implementadas en la economía yugoslava. Todos estamos familiarizados con los resultados que estas medidas han producido en la economía yugoslava. La economía yugoslava se caracteriza actualmente por el caos, la espontaneidad y la competencia, por un ascenso de los elementos capitalistas y de los especuladores, por un desarrollo desproporcionado de las ramas de la economía, por la subida constante de los precios y por el declive del nivel de vida de las masas trabajadoras y por otras manifestaciones típicas de la economía capitalista. Ante la caótica situación en la que la política revisionista ha sumergido a Yugoslavia, el propio Tito se vio obligado a afirmar nuevamente en su reciente discurso en Varashdin: «Al principio pareció como si la nueva reforma no afectaría nuestro nivel, ya que era imposible evaluar todos los elementos. Las nuevas medidas que hemos adoptado han afectado hasta cierto punto a nuestros trabajadores, sobre todo a los empleados de empresas de bajo rendimiento». Las reformas titoistas han conducido y están constantemente conduciendo a la economía yugoslava al desarrollo capitalista. A través de la nueva reforma económica la economía soviética también sufrirá, más tarde o más temprano, el mismo destino. Los llamados métodos económicos de la dirección de empresas que los líderes revisionistas practican causarán en la economía soviética los mismos fenómenos y consecuencias que prevalecen hoy en la economía yugoslava.

En su nueva reforma económica los líderes revisionistas soviéticos han dejado de lado el principio socialista de la distribución según el trabajo y lo han sustituido por los métodos capitalistas de remuneración por el trabajo realizado [for work done]. Tratan de ocultar este giro directo hacia los métodos capitalistas de distribución especulando de un modo demagógico con el principio socialista de los intereses materiales de los trabajadores.

El marxismo-leninismo nos enseña que el uso de los intereses materiales de los trabajadores como un factor estimulante en el desarrollo de la eficiencia productiva y el aumento de la productividad del trabajo, es correcto y fundamental. Por otra parte, se ha probado, tanto en la teoría como en la práctica, que el principio del interés material puede ser utilizado con eficiencia en beneficio del socialismo y de las propias masas trabajadoras sólo cuando se combina correctamente con la actitud comunista de los trabajadores hacia el trabajo y sus resultados, con la formación y el fortalecimiento de su conciencia socialista, con la utilización de los estímulos morales, con la educación de los trabajadores en el espíritu de situar los intereses sociales por encima de los intereses personales.

En fragrante contradicción con esto, la nueva reforma económica proclama el interés material como el único factor para el cual los trabajadores de las empresas socialistas deberían trabajar y producir y sobre la base del que su trabajo debe ser remunerado. La empresa por esta razón está autorizada a establecer de sus ganancias un fondo para la remuneración cuyo tamaño es ilimitado. De aquí en adelante los trabajadores serán remunerados según el sistema de «su participación en las pérdidas y ganancias de la empresa». Este es un sistema típicamente capitalista que es ampliamente empleado en las empresas de los países capitalistas. Este sistema crea innumerables oportunidades para que los gerentes de empresas especulen arbitrariamente en perjuicio de los trabajadores, se apropien una parte considerable del trabajo de los trabajadores y, de esta manera, aumenten sus ingresos y se enriquezcan más fácilmente. Esto ya ha sido probado a gran escala en las empresas yugoslavas donde también se les paga a los trabajadores sobre la base de las ganancias que realizan.

¿Qué traerá este sistema de remuneración a las masas trabajadoras? Su primer resultado será la diferente remuneración por la misma cantidad de trabajo realizado en empresas de la misma rama. El tamaño de la diferencia de ingresos dependerá de la eficiencia comercial de la empresa, del tamaño de sus ganancias, de las especulaciones y combinaciones que hacen para aumentar por todos los medios su «rentabilidad» y sus ganancias. Esto causará en los trabajadores una necesidad incontrolable por pasar de las empresas de ingresos inferiores a aquellas de ingresos superiores. Finalmente, los gerentes de empresas, desde el punto de vista del tamaño de sus ingresos, se convertirán en verdaderos capitalistas, como en Yugoslavia, donde reciben «ingresos» decenas de veces más grandes que los trabajadores, o reciben recompensas por un valor de hasta o casi tanto como la totalidad del fondo de pago de los trabajadores de la empresa.

A través de su nueva manera de remunerar el trabajo los líderes revisionistas soviéticos nos dan otro ejemplo del «uso creativo» de las leyes del socialismo. En este caso la pregunta surge automáticamente: ¿Se puede decir que este modo de distribuir los ingresos entre los trabajadores está en concordancia con la ley socialista de distribución según la cantidad de trabajo realizado [to the amount of work done]? No hay siquiera una sombra de la distribución según el trabajo realizado [to work done] en tal distribución. Una distribución de esta clase sólo se ajusta al principio capitalista de «hacerse rico a costa del trabajo de otros».

El nuevo método de remunerar el trabajo crea condiciones y educa a los trabajadores en el espíritu de mirar todos sus esfuerzos en la producción bajo la luz de sus intereses materiales y monetarios, en el espíritu de perseguir el dinero y convertirse en su esclavo. Propaga y cultiva las concepciones burguesas de enriquecerse, de colocar el interés personal por encima del social; reprime la ideología socialista de las masas trabajadoras y envenena su conciencia.

La política perseguida por los líderes revisionistas soviéticos de crear privilegios y enriquecer a ciertas clases de la población a expensas de las masas trabajadoras tiene un objetivo específico en mente. Este objetivo es: incrementar el número de personas que sirven como base social para llevar a cabo la línea política y las concepciones revisionistas de los traidores líderes del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Fragmento de “Khrushchevite Revisionists Take One Further Dangerous Step Towards Capitalist Degeneration of Socialist Economy“, November 18, 1965. págs. 18-31

Fuente: El más que recomendable Tiempos Rojos

One Response to Sobre la reforma económica de Kosygin y sus consecuencias para la economía soviética

  1. rd dice:

    muy bueno el blog de Tiempos rojos, tomo nota

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