Sobre algunos aspectos de la restauración capitalista en la URSS


Sacado del blog de Tiempos Rojos (pinchad aquí)

El cambio de carácter del partido y del Estado, la transformación contrarrevolucionaria en el terreno de la superestructura política e ideológica no podía dejar de conducir al cambio de la base económica del socialismo. Las reformas económicas que han emprendido los jruschovistas, de acuerdo con sus conceptos ideológicos antimarxistas, han conducido a la transformación radical de las relaciones de producción.” | Enver Hoxha, Informe ante el VI Congreso del PTA (1971)

Con motivo de continuar aclarando el proceso contrarrevolucionario más o menos pacífico que ocurrió en la Unión Soviética de manera abierta a partir de la muerte de Stalin hasta la “reforma” de Kosygin y que resultó en la completa restauración del capitalismo y, por otro lado, para indicar cómo operaba el capitalismo de Estado en la URSS en las décadas de los ’60 y ’70 del siglo pasado -décadas que, según los brezhnevianos y demás revisionistas, todavía operaba el socialismo en la URSS- ofrecemos a continuación el resumen del capítulo III del interesante folleto How Capitalism Has been Restored in the Soviet Union, que no dejamos de recomendar a los que quieran leer más sobre el tema.

La economía soviética como una economía estatal-capitalista

Revolutionary Union

(Octubre de 1974)

[…]

La restauración del capitalismo en la Unión Soviética tuvo sus raíces en la lucha de clases desarrollada entre el proletariado y la burguesía bajo el socialismo. Con el ascenso al poder de Jruschov, la burguesía logró tomar el control del Partido Comunista, la vanguardia política de la clase obrera, y desde esa posición convertir el estado en un instrumento de la dictadura burguesa y comenzar la restauración del capitalismo. Este fue el punto decisivo en el proceso de restauración.

Bajo el liderazgo de Jruschov, la burguesía soviética procedió primero a negar los logros del socialismo rompiendo el mando centralizado de la clase obrera y desmantelando las instituciones socialistas. La dirección centralizada de la agricultura colectiva fue saboteada cuando Jruschov vendió las Estaciones de Máquinas y Tractores a las granjas colectivas. En el sector industrial la administración planificada se dividió en una serie de Consejos Económicos Regionales. La discusión centrada en torno a la reintroducción del afán de lucro y a la reorganización de la economía según la ley fundamental de la producción mercantil, la ley del valor, comenzó con el franco estímulo de la dirección del Partido Comunista. De esta misma manera se iniciaron también los experimentos.

Políticamente, Jruschov también trabajó para destruir el poder centralizado del estado proletario. Lanzó un ataque sistemático contra los principios más fundamentales del marxismo-leninismo y sus injurias contra Stalin sólo funcionaron como una cortina de humo para atacar la dictadura del proletariado. Bajo su liderazgo, en todos los campos de la vida social surgieron fuerzas burguesas-liberales.

Al expulsar a un gran número de probados combatientes proletarios del Partido Comunista, Jruschov debilitó aún más a la clase trabajadora. Estos combatientes fueron sustituidos por elementos burgueses y pequeñoburgueses en todos los niveles. Jruschov finalmente llegó al extremo de dividir al partido en “industrial” y “agrícola”, inmovilizando y desmoralizando a los cuadros honestos del Partido, limitando efectivamente su papel político ensillándolos con tareas administrativas.

El objetivo de Jruschov fue lanzar el ataque contra el proletariado, llevar a cabo la demolición del socialismo, y de ese modo dar rienda suelta a las fuerzas espontáneas del capitalismo.

Pero la negación del socialismo de Jruschov provocó su contraparte dialéctica —la negación de la negación. Esto se puede ver en el profundo reordenamiento de la economía a lo largo de líneas estatal-capitalistas realizado bajo la dirección de Brezhnev y Kosygin.

Esta dirección tuvo también sus características políticas y económicas. En la esfera política, Brezhnev y Kosygin se movieron para reafirmar el control estatal y el Partido centralizado —pero esta vez sobre una nueva base: sobre la base de la consolidación del poder político de una nueva burguesía estatal-financiera integrada por los altos funcionarios del Partido y el Estado. Aquí, el supuesto “retorno al leninismo” proporcionó una beneficiosa cubierta. El partido fue reconstruido e incluso se reforzó como el representante organizado de la nueva clase dominante.

Con respecto a la economía, la descentralización pareció continuar, ya que la “reforma” económica concedió una amplia libertad de acción para las empresas individuales. Sin embargo, el verdadero objetivo de la “reforma” fue sistematizar el control de la camarilla monopolista-estatal a lo largo de bien ordenadas líneas capitalistas. En la práctica, sólo fortaleció la mano de los capitalistas del estado central. Esto se puede ver muy claramente en el hecho de que después de permanecer en número esencialmente estable durante el período de Jruschov, el empleo en la administración estatal creció cada año durante 1964 a 1970, con un incremento total de 516.000, o 38,3 %. [97] La descentralización desde ese entonces se ha reforzado aún más con la introducción de las Asociaciones de Producción en 1973.

Donde la negación del socialismo de Jruschov trajo sólo el caos a la economía, Brezhnev y la “reforma” sistemática de Kosygin tuvieron éxito —tanto como es posible bajo el sistema capitalista— en la estabilización y reestructuración de la economía según los principios consecuentes del capitalismo monopolista.

Esta negación de la negación debe ser firmemente aferrada. Bajo el mando de Jruschov la burguesía ataca el marxismo-leninismo, comienza la demolición del socialismo. El caos reina en la economía y el liberalismo es dominante en la política. Pero entonces ocurre una segunda negación, en cierto modo simbolizada por el ascenso al poder de Brezhnev y Kosygin (aunque no existe una muralla que divide políticamente su régimen del de Jruschov). Jruschov y el jruschovismo son atacados. La “disciplina” y el “control” resurgen como consignas del día. La economía vuelve sistemáticamente a operar en el orden capitalista.

Pero todo esto ocurre completamente sobre una nueva base, en condiciones completamente transformadas. La negación de la negación del socialismo no nos devuelve al socialismo una vez más, sino que marca en cambio la reestructuración sistemática de una sociedad capitalista en funcionamiento, una sociedad capitalista basada en un fundamento histórico hasta el momento sin precedentes.

La combinación de “dos en uno” y el no reconocimiento de las dos etapas del proceso de restauración, el no ver este proceso no sólo como la negación del socialismo sino como la negación de la negación, puede conducir a al menos dos errores graves. Uno error sería confundir a Brezhnev y el espectáculo de Kosygin sobre el centralismo como un retorno a los principios socialistas. Esta línea se extendió entre los burgueses y los voceros de la pequeña burguesía que etiquetan a los actuales gobernantes soviéticos de “estalinistas”.

Un segundo error es ver al jruschovismo como todo lo que hay en el proceso de restauración capitalista. Desde este punto de vista, la restauración capitalista se ve tan sólo como una ruptura con la sociedad socialista y no también como la reconstrucción del capitalismo. Este análisis considera al mercado como el factor clave en la restauración capitalista y no reconoce que el capitalismo también puede existir junto con el centralismo (como se muestra en el pasado por el ejemplo de la Alemania nazi).

Esta concepción implica que un país como Yugoslavia es más capitalista que la Unión Soviética. También implica que bajo el “Socialismo de Mercado” de Dubcek, Checoslovaquia estaba tratando de desprenderse de la dominación soviética, a fin de avanzar más rápidamente por el camino capitalista. Llevado a su conclusión lógica, tal concepción considera el desarrollo del capitalismo en la Unión Soviética como una simple inversión del movimiento histórico. Uno podría sostener también que la Unión Soviética se ha volteado simplemente en la historia, dirigiéndose ahora desde el socialismo a través del capitalismo monopolista de regreso al capitalismo competitivo y de ahí, tal vez, al feudalismo. Si bien esto puede ser lo que desean ciertos “disidentes” intelectuales idealistas soviéticos, lo absurdo de tal razonamiento es ciertamente evidente.

¿Cómo vamos a explicar la restauración del capitalismo en la Unión Soviética?

Cualquier sociedad es básicamente un modo organizado en el que sus miembros producen y distribuyen los requisitos materiales de existencia. Para llevar a cabo esta tarea, en cada nivel de desarrollo social las personas contraen determinadas relaciones entre sí y con las fuerzas productivas.

En todas las sociedades un excedente, por encima y más allá de lo que las personas necesitan para vivir y reproducirse, debe ser y es producido, acumulado y utilizado para ampliar la producción futura, así como para atender las necesidades sociales, educativas, culturales y de otro tipo. Para que esto ocurra debe funcionar alguna especie de “palanca” en la sociedad, alguna fuerza o ley deben regular el proceso por el cual este excedente es apropiado, distribuido e invertido de nuevo en la sociedad.

Bajo la esclavitud esta “palanca” era el látigo que obligaba al esclavo a producir un excedente que luego era apropiado por el esclavista. Bajo el feudalismo el control del propietario sobre la tierra le permitía extraer un excedente del campesino, generalmente en forma de una parte de la cosecha. En ambas sociedades los verdaderos productores —los esclavos y los campesinos— no participaban en el intercambio de mercancías de ninguna manera. Sus necesidades mínimas eran suministradas principalmente a través de la producción natural.

Sin embargo, bajo el capitalismo la “palanca” que regula la apropiación y la distribución del excedente es el sistema de producción y circulación mercantil, regulado por la ley del valor. En este sistema los trabajadores deben enajenar su fuerza de trabajo Sin título-3—se la dan a otro, al capitalista, a cambio de otra mercancía, el salario— porque bajo el capitalismo la fuerza de trabajo es una mercancía y los medios de producción son monopolizados por la clase capitalista. Sólo vendiendo su fuerza de trabajo los trabajadores pueden ganar incluso los medios de subsistencia más elementales. En pocas palabras, en el capitalismo la forma en que el pueblo es movilizado para producir más es expresada sucintamente por el lema “trabaja para mí o muere de hambre”, que bien podría ser el lema de la burguesía.

Bajo el capitalismo la distribución de bienes y servicios sólo puede ocurrir de igual manera con la “palanca” del intercambio mercantil y la ley del valor. Los capitalistas, que apropian para sí los productos de la producción, sólo enajenarán estos productos si pueden recibir algo de igual valor a cambio. El excedente (en forma de plusvalía —valor extraído del trabajo no remunerado a otros) que se crea en el proceso de producción, es realizado por el capitalista en la venta de mercancías. Vendiendo mercancías producidas por los trabajadores, el capitalista termina con más dinero del que gastó en su inversión original, reflejando su control del excedente creado por los trabajadores y apropiado por él en el proceso de producción mercantil. De esta manera cada capitalista acumula el excedente y decide, sobre la base de cómo repetir el proceso en una escala ampliada, cómo reinvertir esta nueva suma de dinero para terminar con aún más —cómo y dónde se distribuirá y se utilizará el excedente.

Así, bajo el capitalismo, la suma total de los excedentes de la sociedad es acumulada “en piezas” por varios capitalistas, que no sólo se encuentran por encima de la clase obrera, sino que se aíslan de y compiten entre sí. Como consecuencia, es imposible para la sociedad capitalista en su conjunto apropiar y utilizar colectivamente el excedente, y es imposible para la sociedad emprender conscientemente la lucha para producir y distribuir los requisitos materiales de existencia. Como dijo Marx, bajo el capitalismo las relaciones entre hombre y hombre, y entre hombre y naturaleza, revisten la apariencia de las relaciones entre las cosas, entre las diversas mercancías que los diferentes individuos y grupos sociales poseen.

Más aún, no hay ninguna manera de que bajo el capitalismo los capitalistas se reúnan, se sientan y dividan racional y pacíficamente el botín. La lógica interna de este sistema obliga a cada capitalista a reinvertir su propia parte del excedente a fin de que esta parte aumente con relación a las partes de todos los otros capitalistas. Si el capitalista no hace esto perecerá como tal.

Todo el desarrollo de la producción mercantil se lleva a cabo de forma espontánea, independientemente de la conciencia y voluntad del hombre. Pero a medida que el sistema mercantil se desarrolla sus leyes se revelan. En la etapa superior de la producción mercantil —bajo el capitalismo— se pueden comprender plenamente las leyes que gobiernan el sistema. Con este conocimiento, el proletariado puede —por primera vez en la historia de la sociedad de clases— conscientemente modificar y transformar el mundo. Esto es precisamente lo que Marx quiso decir en su famosa tesis: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” [98]

La lucha por el socialismo debe ser y es una lucha por el control consciente de la sociedad por la clase obrera. Es por esto que el socialismo nunca puede crecer espontáneamente dentro del capitalismo como lo hizo el capitalismo en las entrañas de la sociedad feudal. Es por esto que la revolución socialista es radicalmente diferente de todas las insurrecciones previas, que simplemente establecieron un nuevo sistema de explotación.

Para construir el socialismo y avanzar al comunismo, la “palanca” que hace posible la producción, acumulación y utilización del excedente no puede ser la producción mercantil y la ley del valor; sólo puede ser la línea ideológica y política. Es decir, el socialismo, y más aún el comunismo pleno, sólo pueden construirse por los trabajadores en sociedad, determinando de manera consciente y colectiva un plan para producir y distribuir los requisitos materiales de existencia (en el socialismo la clase obrera lo hará a través de su poder estatal; bajo el comunismo, toda la población, ya no dividida en clases, cumpliendo el rol de trabajadores y administradores).

Esto, por su parte, sólo puede ser realizado basándose primero en la experiencia y sabiduría colectiva de las masas populares, y aplicando los principios científicos del marxismo-leninismo que las resume. Bajo el socialismo esta labor es llevada a cabo por el Partido, a través de la aplicación de la línea de masas. Bajo el comunismo es realizada por toda la sociedad, ya que para ese entonces todos habrán alcanzado una etapa en la que se esforzará conscientemente por aplicar los principios comunistas a todas las fases de la vida.

Incluso bajo el socialismo, bajo la dictadura del proletariado, la producción mercantil continúa y existe un cierto margen para la ley del valor. Como lo indicó Lenin, esto proporciona la base material para las relaciones capitalistas, incluso en el socialismo, y proporciona la base material para la restauración capitalista. La lucha de clases en el socialismo continúa entre los que quieren regular la producción con la ley del valor y las fuerzas ciegas del mercado, y los que quieren someter la producción al control consciente del proletariado. Aumentar el poder de la conciencia subjetiva de las fuerzas clasistas sobre la producción, limitar y finalmente eliminar la esfera de acción de la ley del valor, son tareas del socialismo como etapa de transición del capitalismo al comunismo.

Es por eso que no es idealista hacer hincapié en la importancia de la ideología proletaria como el golpe principal contra el capitalismo, y por eso fue esencial destruir primero la línea proletaria de Stalin y Lenin, para desarmar a la clase obrera y hacer posible la ampliación de la esfera de acción de la ley del valor en vez de su constricción. Es por eso que subrayamos que la lucha de la clase obrera debe basarse en la movilización de las masas y la educación de los trabajadores. Para arrebatarle el control de la sociedad a las fuerzas espontáneas de la producción mercantil, son necesarios los esfuerzos colectivos detoda la clase. Como dijo Marx “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera”. [99] Esta no es simplemente una consideración moral, sino que es una ley fundamental del socialismo. Sin la creciente participación y movilización de las masas trabajadoras no puede haber socialismo.

Una vez que la dirección de la lucha de la clase obrera abandona la línea de masas y no logra movilizar y apoyarse en ellas en la lucha consciente para consolidar la dictadura del proletariado y construir el socialismo; es decir, una vez que la dirección del Partido Comunista abandona el marxismo-leninismo y se consolida el revisionismo, no importa cuáles sean sus intenciones o deseos subjetivos, la restauración capitalista es entonces inevitable. Como lo indicaron los camaradas chinos: ‘‘El ascenso del revisionismo al poder significa el ascenso de la burguesía al poder”. [100]

Si bajo el socialismo el plan de producción no está basado en la experiencia y necesidades de las masas —en lo que colectiva y cada vez más conscientemente ven como necesario y posible producir, no en sus intereses individuales, sino en los intereses de la sociedad en su conjunto (y en última instancia la lucha del mundo por el comunismo)— y si, a su vez, este plan no es devuelto a las masas, como una expresión concentrada de su sabiduría colectiva (a través de la aplicación del marxismo-leninismo); y si ellas no son, sobre esta base, movilizadas para realizar este plan, tomando la iniciativa en sus propias manos, para cumplir y sobrecumplir este plan; entonces se debe encontrar otra manera de inducir, y en última instancia forzar, a las masas para que produzcan este excedente.

Es imposible que algún grupo de “burócratas’’ situado por encima de las clases gobierne la sociedad en nombre del proletariado, porque a fin de mantener tal dominio estos “burócratas’’ deben organizar la producción y distribución de los bienes y servicios. Si los métodos burocráticos de hacerlo prevalecen y caracterizan políticamente el proceso de planificación bajo el socialismo; y si un grupo de burócratas, divorciados y recelados de las masas, toma las decisiones sobre cómo realizar este proceso; entonces esto inevitablemente será realizado a lo largo de líneas capitalistas.

En última instancia, los revisionistas sólo pueden recurrir a la ley del valor como la “palanca’’ organizadora de la producción. Deben reducir a los trabajadores a proletarios sin propiedad, que compiten por la venta de su única mercancía —la fuerza de trabajo— para vivir. Deben apelar al mezquino interés del trabajador en esta competencia, respaldándose en el poder del estado, como una fuerza que se halla por encima de y que oprime a los trabajadores, un arma en las manos de los dueños de los medios de producción. Deben hacer esto porque tienen que encontrar alguna manera de organizar la producción. Como no lo pueden hacer de una manera consciente, planificada, por su propia cuenta, no tienen otra opción que convertirse en una nueva burguesía. (La ley del valor es modificada por el monopolio en el sentido que los monopolios pueden elevar los precios de sus mercancías por encima de su valor real. Pero esto no elimina el papel regulador de la ley del valor; de hecho, agudiza las contradicciones del capitalismo.)

Una vez que se toma este camino, la relación planificada entre los diferentes sectores de la economía, según el principio socialista de subordinar la rentabilidad —en el ámbito empresarial, y en la sociedad en general— al objetivo de completar y constantemente elevar el desarrollo también debe caer bajo la regulación de la ley del valor. Y esto significa que la ganancia debe ponerse al mando. La ganancia debe actuar como reguladora de las relaciones entre las diferentes empresas y ramas de la economía y determinar la base sobre la cual intercambiarán sus productos y mercancías, las unas con las otras. Además, la ganancia, para los diferentes capitalistas individuales o grupos de capitalistas, debe regular la manera en la que el excedente de la sociedad es apropiado y utilizado (reinvertido).

Una vez que la producción ya no es regulada por un auténtico plan socialista basado en la suma de las necesidades y deseos de las masas trabajadoras, determinado por un partido revolucionario marxista-leninista que posee estrechos vínculos con las masas, entonces sólo puede ser regulado por un mercado capitalista —por aquello que generará la mayor ganancia. Aún cuando exista un “plan” capitalista para el desarrollo, incluso un “plan” estatal diseñado para garantizar la rentabilidad de las industrias monopolizadas clave, las leyes de la producción y el cambio mercantil, sobre todo la ley de valor —la fuerza ciega del mercado—, seguirán siendo dominantes. Esto significa que, a su vez, se desarrollará inevitablemente la competencia entre los diferentes capitalistas, que controlan distintos sectores de la economía y distintas “piezas” del excedente.

Esto es lo que ocurre actualmente en la Unión Soviética. La competencia ocurre principalmente, no entre los capitalistas industriales —directores de empresas y de granjas, gerentes, etc. (aunque es probable que también ocurra a este nivel)—, sino sobre todo entre los diferentes altos funcionarios del Partido y el Estado, que controlan distintos ministerios, regiones, industrias, etc.

Como hemos señalado, la economía soviética se puede comparar en muchos aspectos con la de la Alemania nazi. Bajo el régimen nazi los distintos sectores de la economía —el del acero, carbón, etc.— estaban organizados en trusts o sindicatos bajo el control del Estado que utilizaba el crédito como un regulador clave. No obstante, existía una feroz competencia entre los capitalistas dentro de estos trusts y sindicatos, y entre los capitalistas cuya riqueza y poder se concentraban en uno o en varios de estos distintos trusts y sindicatos. También existía una feroz competencia dentro de los ministerios que controlaban el crédito entre los capitalistas estando más estrechamente involucrados o alineados con estos diferentes trusts, sindicatos, etc.

Algo básicamente parecido está ocurriendo en el interior de la Unión Soviética, aunque las formas particulares en las que esto ocurre, y los individuos específicos y empresas involucradas, no hayan sido aún debidamente expuestos. Pero una vez que la ganancia viene a regular la relación entre las diferentes ramas de la economía, y entre ellas y las instituciones estatales de crédito, es inevitable que, por ejemplo, aquellos cuya ganancia proviene principalmente de la producción de acero luchen contra aquellos que les suministran los medios de producción —carbón, petróleo, mineral de hierro— para la producción del acero; así como contra aquellos que compran productos de acero.

La creación de las Asociaciones de Producción a gran escala revela que esto se está desarrollando rápidamente en la Unión Soviética. Estas Asociaciones de Producción competirán inevitablemente las unas con las otras en busca de la ganancia. Una asociación centrada en la producción de acero, por ejemplo, intentará ramificarse en la explotación hullera. Pronto las Asociaciones de Producción no sólo se establecerán de acuerdo a la industria sino que —y hasta cierto punto, sin duda, ya lo hacen— representarán a grupos de capitalistas competidores cuyos intereses son muy variados; equivalentes, digamos, a los grupos de Rockefeller o Morgan en los Estados Unidos. Estos grupos competidores lucharán, a su vez, por la influencia política y el control en el Partido comunista.

Será imposible para estos capitalistas en competencia dividir pacíficamente la riqueza. Lo intentarán, pero su eterna búsqueda de mayores beneficios siempre creará nuevas contradicciones entre ellos. Cualquier alianza siempre se hará añicos independientemente de los acuerdos que logren establecer entre sí. Esto se debe directamente a la contradicción fundamental del capitalismo y el imperialismo que se observa en todas partes —la contradicción entre la apropiación privada y la producción social de la riqueza.

Es esta contradicción la que ya está causando estragos en la economía soviética. Con la ganancia al mando, la burguesía soviética, como la burguesía de todas partes, no es capaz de desarrollar la economía soviética con eficiencia, rapidez y de un modo equilibrado, completo. Un ejemplo de esto es revelador. En 1972, cuando la mala planificación y el mal tiempo se combinaron para crear uno de los peores desastres agrícolas en la historia soviética, la Unión Soviética necesitó con urgencia un gran número de cosechadoras, camiones y secadoras para una cosecha de emergencia. Sin embargo, muchas de ellas estaban fuera de servicio debido a la escasez de piezas de repuesto. Esto se debió a que la producción de piezas de repuesto no es tan rentable como la producción de máquinas.

El mismo problema reapareció en 1973 cuando las autoridades soviéticas se jactaron de una “excelente cosecha sin precedentes” que ascendió a 222,5 millones de toneladas del grano. En el pleno del Comité Central celebrado en diciembre de 1973 Brezhnev confesó que la escasez de maquinaria agrícola causó que grandes cantidades de esta “excelente cosecha” se pudriera en los campos. Algunos observadores Occidentales estiman que la cosecha utilizable ascendió solamente a cerca de 165 millones de toneladas. [101]

Debido a que en el capitalismo no hay manera de que se tengan plenamente en cuenta las necesidades globales de la economía, tal anarquía es inevitable. Por otra parte, el capitalismo no puede tener éxito —en particular ya que se desarrolla en la etapa de imperialismo— en el desarrollo de las fuerzas productivas al máximo. La anárquica, competitiva y desorganizada apropiación del excedente y su reinversión de acuerdo al afán de lucro, no sólo distorsionan lo que se produce, sino que afecta también cuánto se produce. Esto es lo que los marxistas quieren decir cuando decimos que el capital se convierte en una traba para el desarrollo de la producción.

Desde 1928, la Unión Soviética ha realizado nueve Planes Quinquenales para el desarrollo económico, incluido el actual Plan (1971-75). Hasta, el Quinto Plan Quinquenal (1951-55), el valor bruto de producción industrial creció a una tasa anual media de más del 13%, la tasa de crecimiento más alta en el mundo. [102] Sin embargo, en el período 1966-70, la producción creció en sólo 8,4%, lo que significó un ligero descenso del 8,6% de crecimiento en 1961-65. [103] Además, según estimaciones del gobierno estadounidense, hubo un descenso más pronunciado en el crecimiento de la producción no-militar —durante 1966-69 ésta creció en una tasa estimada de 6,2% en comparación con el 6,8% en 1961-65 y casi el 10% en la década de 1950. [104] Según estadísticas facilitadas por el Departamento Central de Estadística soviético, el crecimiento de la producción industrial total en los tres primeros años del Noveno Plan Quinquenal llego a sólo el 7,8% en 1971, 6,5% en 1972 y 7,4% en 1973. [105]

Como la Unión Soviética es una sociedad estatal-capitalista, los efectos de la anarquía capitalista pueden ser atenuados hasta cierto punto a través del funcionamiento del plan central estatal. Este plan está diseñado para equilibrar las necesidades de las diferentes industrias, garantizando una ganancia “justa” a cada una. Pero el plan no puede resolver las contradicciones del sistema, y de hecho estas contradicciones se expresan sin duda alguna en una feroz lucha cuando se prepara el plan. Como consecuencia, el propio plan se encuentra cada vez más divorciado de la realidad de la vida económica.

Mientras que bajo el socialismo, las previsiones del plan soviético casi siempre se cumplían y hasta se sobrecumplían, hoy éstos son a menudo revisados y rebajados a mediados del plan. Aún así, muchos departamentos económicos importantes ni siquiera cumplen las cuotas revisadas. Este lamentable estado de crisis de la actual economía soviética se ilustra más claramente en las siguientes estadísticas que describen los resultados del Octavo Plan Quinquenal que concluyó en 1970.

resultados-del-8vo-plan-quinquenal (se puede ver la imagen completa mediante click derecho y “abrir imagen en una pestaña nueva”)

Esta economía estancada refleja la naturaleza en descomposición, agonizante del socialimperialismo soviético y de todo el imperialismo. El imperialismo no puede desarrollar totalmente las fuerzas productivas porque cuánta más plusvalía se le arranca a la clase obrera y se transforma en capital, sojuzgando y oprimiendo a los trabajadores, más difícil se vuelve para los imperialistas asegurarse el beneficio máximo en su propio mercado. El beneficio se debe asegurar en la venta de las mercancías producidas, y el principal mercado para todas las mercancías es la clase obrera, que constituye la mayoría de la población. Por otra parte, el desarrollo anárquico de la producción bajo el capitalismo significa que determinados productos son siempre, en efecto, sobreproducidos mientras que otros no se producen suficientemente. Estos factores no sólo producen las crisis periódicas del capitalismo, también tienden a reducir permanentemente la tasa de ganancia, estancando el desarrollo económico. De esta manera, todos los países imperialistas son impulsados por la lógica interna —las leyes fundamentales de su sistema— a buscar nuevos mercados para sus mercancías y, lo que es más importante, para invertir su capital.

La unidad para la mayor ganancia obliga a los capitalistas soviéticos en competencia a invertir cantidades crecientes del excedente dondequiera que la mayor tasa de ganancia esté asegurada. En otras palabras, los socialimperialistas, al igual que los imperialistas de todo el mundo, deben exportar capital a otros países —y junto con esto deben colocar ejércitos en el extranjero y hacer otras cosas para “garantizar” el retorno provechoso de estas inversiones. Se ven obligados a entrar en competencia con sus rivales imperialistas, en la lucha por un nuevo reparto del mundo y de los mercados para el capital.

De esta manera, las contradicciones de imperialismo “se desbordan” y se vuelven contradicciones mundiales en un sentido muy real y profundo. Esto es por qué la Unión Soviética es efectivamente un país imperialista, que opera bajo la cobertura del socialismo, pero que está regida por las mismas leyes objetivas que el resto de los países imperialistas.

Notas

[97] Schroeder, “Soviet Economic Reform at an Impasse”.

[98] Karl Marx, “Tesis sobre Feuerbach”.

[99] Karl Marx, “Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores”.

[100] Una conversación del Presidente Mao en agosto de 1964.

[101] Wen Hsun, “Truth About Fast and Steady Development of Soviet Economy”, The Afro-Asian Journalist, July 1974.

[102] Wen Hsun.

[103] Schroeder. “Soviet Economic Reform at an Impasse”.

[104] Joint Economic Committee. Economic Performance and the Military Burden in the Soviet Union. U.S. Govt. Printing Office. 1970. p. 18.

[105] Schroeder.

La traducción es responsabilidad de Tiempos Rojos.

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