Clásicos: Acerca de las medidas de lucha contra el fascismo y los sindicatos amarillos (G.Dimitrov)


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Hemos de darnos perfectamente cuenta de que el fascismo no es un fenómeno local, temporal o transitorio, sino que representa un sistema de dominación de clase de la burguesía capitalista y de su dictadura en la época del imperialismo y de la revolución social. Después de la guerra imperialista y de la victoriosa Revolución de Octubre, después de la existencia de diez años de la Unión Soviética y en las condiciones de la enorme influencia revolucionaria de dichos factores sobre el proletariado, las masas campesinas, las nacionalidades oprimidas y los pueblos coloniales, la burguesía no puede mantener por mucho tiempo bajo su hegemonía de clase a las masas populares y afrontar las tareas de la estabilización y racionalización del capitalismo mediante las viejas formas y métodos de la democracia parlamentaria. La salida para la burguesía es someter a las masas por medio del fascismo. El fascismo es la última fase de la dominación de clase de la burguesía. Todos los países burgueses pasan uno tras otro, tarde o temprano, al fascismo -por medio de golpes de Estado o de manera “pacífica”; de manera máa brutal o “más suave”- los métodos de transición pueden ser diversos y dependen de las particularidades, de las circunstancias, de la estructura social y de la correlación de las fuerzas de clase y políticas en un país determinado.

El peligro del fascismo para el proletariado y para el movimiento sindical clasista es un peligro permanente y creciente. La eliminación definitiva de dicho peligro sólo es posible mediante el derrocamiento de la dominación de la burguesía, mediante la sustitución de la dictadura burguesa por la dictadura del proletariado en alianza con los trabajadores del campo. Considerar el fascismo como un fenómeno temporal y transitorio, que, dentro de los marcos del capitalismo, podría ser reemplazado por el restablecimiento del viejo régimen democr&acte;tico-burgués, así como negar el peligro del establecimiento del fascismo en los grandes países capitalista es hacerse vanas ilusiones, que sólo pueden debilitar la vigilancia y la resistencia del proletariado, servir al fascismo y coadyuvar al fortalecimiento temporal de la dictadura fascista. Estas ilusiones deben ser rechazadas de la manera más resuelta; los partidarios de la Internacional Sindical están obligados a llevar a cabo una lucha sin cuartel contra ellas. […]

La guerra imperialista y sus consecuencias desprestigiaron fuertemente a la burguesía ante las masas. El abismo entra la burguesía dominante y las masas explotadas y oprimidas se hizo aún más profundo. En dichos países, la burguesía, defendiéndose contra la competencia extranjera, explotaba sin límites al proletariado y saqueaba sin miramientos a las masas campesinas. Después de la guerra imperialista todo eso se practicaba en escala aun mayor. Incluso mediante una tenaz y prolongada lucha. Con esto se explica la intransigencia del proletariado hacia la burguesía y el espíritu revolucionario relativamente alto de las masas. De ahí proviene también la debilidad de la aristocracia obrera y del reformismo, a diferencia de los países imperialistas, en los cuales la burguesía, valiéndose de sus superganancias realizadas en las colonias, logró crear capas privilegiadas del proletariado corromperlas, dándoles ciertas limosnas, y convertirlas en sus servidores directos o indirectos. La burguesía del Sudeste de Europa no está en condiciones, en este momento preciso, de hacer ninguna clase de concesiones económicas serias a los obreros y a las masas trabajadoras, para tender un puente sobre el hondo abismo abierto entre ambas clases.

Debido a la gran semejanza entre la estructura social de la vieja Rusia y la de la Europa de Sudeste, aquí precisamente la influencia de la Revolución de Octubre fue y es la más fuerte y la simpatía de las masas hacia la Unión Soviética muy profunda.

En tal situación aparece evidente que la dictadura de la burguesía no puede ser sostenida por medio de formas de democracia parlamentaria, y menos aún, cuando para la burguesía se hace inevitable e imprescindible tomar medidas extraordinarias para la estabilización del capitalismo, haciendo recaer el peso sobre la clase obrera y las masas campesinas.

Sólo valiéndose de la dictadura fascista la burguesía puede esperar mantener temporalmente su dominación, quebrantar la resistencia de las masas y conseguir la máxima estabilización y racionalización capitalista a expensas de dichas masas.

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