Las incógnitas no resueltas entre Diego Rivera y Trotsky.


Me peleé definitivamente con el viejo [Leon Trotsky] y puse mi renuncia a la cuarta [IV Internacional] para evitar pendejadas. Figúrate que se puso furioso porque leyó a escondidas una carta que le escribí a André [Bretón] (…) se puso loco de furia por unos chistes que hacía yo sobre él y escribió una ‘declaration forcée’ que ni contra Stalin habría escrito exigiendo que le escribiera yo a André retractándome de los chistes que ofendían ‘su honor político’ (…)”,

Las incógnitas sobre el distanciamiento entre el intelectual comunista y Rivera son todavía una cuestión controvertida que no llegan a esclarecer las líneas anteriores, contenidas en la carta inédita que Diego escribe a Frida el 10 de enero de 1939 y hoy publica EL PAIS.

“Se ha exagerado la cuestión de los amoríos de Trotsky y Frida, lo cual es irrelevante en la relación Frida-Diego-Trotski”, asegura Raquel Tibol, crítica de arte y ex secretaria de Rivera. “Ni siquiera hay documentos que lo prueben”, añade Carlos Ramírez Sandoval, director del Museo Leon Trotsky de México.

Una de las grandes obsesiones de Rivera sería su reingreso en las filas del Partido Comunista Mexicano -de donde había sido expulsado en 1929-, lo que no lograría hasta 1955, dos años antes de su muerte. Diego había viajado a la URSS entre 1927 y 1928, invitado por las autoridades soviéticas con motivo del décimo aniversario de la Revolución del 17 y fue allí donde entró en contacto con la oposición de izquierdas liderada por Leon Trotsky, ya exiliado en Alma Ata (Kazajistán) y enemigo número uno de Stalin, entonces dirigente de la URSS. Su mediación ante el general Cárdenas fue la clave del éxito para lograr el asilo de Leon Trotsky en México, donde desembarcó en enero de 1937, huyendo de la persecución mundial que Stalin había orquestado contra él.

En una carta que Kahlo escribe a Trotsky, durante la estancia de la pintora en París a principios de 1939, que forma parte de la muestra de Tesoros de la Casa Azul, expone:

“Diego ha trabajado para el movimiento de la mejor forma que ha podido -siempre muy honestamente. (…) Si no puede ser miembro de la IV Internacional por estúpidos motivos como ‘no responder cartas a tiempo’, él puede ser un simpatizante y una gran ayuda a los trabajadores del mundo que luchan en la línea de la revolución”.

Si fue la decisión de Trotsky de no permitir que Diego interviniera en la redacción de la IV Internacional o si fue el alineamiento del muralista con el stalinismo para obtener su readmisión en el PC lo que provocó su ruptura está aún por determinar.

En el primer intento de asesinato contra Trotsky, dirigido por el también muralista mexicano David Alfaro Siqueiros en mayo de 1940, los asaltantes utilizaron una camioneta que Ford había regalado a Diego, según confirma Coronel Rivera, con lo que “la deducción que se puede hacer es que ya estaba alineado con el stalinismo“. Trotsky murió el 21 de agosto de 1940 en México como consecuencia de las heridas que le produjo un día antes el atentado del español Ramón Mercader.

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